Nuevos roles de las universidades

Tradicionalmente a las universidades se les ha asignado tres funciones fundamentales: enseñanza, investigación y extensión. Son múltiples los diagnósticos que destacan que pocas de las universidades peruanas cumplen a plenitud esas funciones. La mayoría se centra en la función formativa ante las presiones del mercado laboral por atender la demanda de graduados; otras avanzan tímidamente en investigación y actividades de extensión. Ciertamente hay excepciones pero son la minoría.

El problema está en que no solo se desatienden alguno(s) de los roles, sino lo que llegan a hacer se puede calificar como mediocre. No es un problema exclusivamente peruano. Una encuesta del Wall Street Journal (Marzo 2023) entre estudiantes norteamericanos reveló que formarse en la universidad no vale la pena para el costo que tiene. En otra encuesta aplicada por ADDECO (2021) el 61% de los estudiantes españoles estaba en desacuerdo con la idea de que las facultades preparan adecuadamente para dar el salto profesional, un 30% aseguraba que los prepara muy poco y únicamente un 8,8% creía que la formación que reciben hasta obtener su título es suficiente para desempeñarse bien en un futuro trabajo. En cualquier escenario, para la mayoría de jóvenes, buscar empleo es una verdadera pesadilla porque el mercado laboral les exige perfiles más especializados que la universidad no les brinda: una formación más práctica y en las empresas, conocimientos teóricos más ajustados a las necesidades reales del aparato productivo, desarrollo de habilidades blandas (El Economista, Madrid, 21-10-21). La opinión de los empleadores va en ruta similar: los egresados no están listos para incorporarse al mercado ocupacional.

A la insatisfacción por la formación que dan la mayoría de las universidades, se les reclama otras demandas producto del actual contexto de acelerado crecimiento del conocimiento y la tecnología. Ellas se relacionan con una mayor contribución a:

  • Mayor capacidad de innovación y transferencia tecnológica en colaboración con la industria, la cooperación internacional y otras instituciones.
  • Apoyo al desarrollo sostenible, sobre todo en aspectos relativos al cambio climático, la conservación del medio ambiente, la sostenibilidad energética, la seguridad alimentaria.
  • La inclusión de grupos poco o no atendidos: adultos de cualquier edad, inmigrantes, discapacitados, los que por razones geográficas u otras necesitan renovadas ofertas para continuar estudiando.
  • La internacionalización, promoviendo la diversidad cultural, la movilidad de estudiantes y académicos y la colaboración horizontal.
  • La responsabilidad social y el compromiso cívico para una ciudadanía responsable y justicia social.
  • La exploración y adopción de nuevas herramientas y enfoques pedagógicos, incluyendo el uso de plataformas en línea, aprendizaje adaptativo, realidad virtual y otros recursos digitales.

Las universidades necesitan transformarse

La transformación pasa por encontrar mejores maneras de elevar la calidad de la contribución social y que ella sea percibida y valorada. Las universidades deben convertirse en instituciones conectadas a la ciudad en vez de ser una de las tantas instituciones que funcionan en la ciudad (Byrne y Clark). Hacerlo implica mucha comunicación con el entorno para priorizar esfuerzos, apostar por una formación del capital humano e investigación que sea representativa de lo que se necesita y participar activamente en generar actividades que impulsen el desarrollo a toda instancia.

La experiencia enseña que un mayor involucramiento de las universidades en los territorios y campos sectoriales donde actúan les brinda múltiples beneficios. Aumenta la capacidad de captar más estudiantes y de recursos para financiar los costos de la modernización y calidad. Les impone el reto de disponer de modernos laboratorios, bibliotecas actualizadas, acceso a tecnología de punta; contar con investigadores y profesores altamente calificados y con medios para difundir el conocimiento que van produciendo. Deben invertir en facilitar becas, pasantías y otras formas de acceso al conocimiento especializado. Igualmente, controlar el crecimiento burocrático, otorgar suficiente significado a la dimensión cívica y social, la libertad para proponer y ejecutar líneas de innovación y ser proclives al cambio antes que a la continuidad.

Innovaciones disruptivas relevantes en el mundo. Entre las que se vienen emprendiendo hay varias que tratan de replantear los cimientos de la universidad clásica. Veamos:

  • Los modelos totalmente on line y sin fronteras avanzan con fuerza. Jeff Maggioncalda, Director Ejecutivo de Cousera, señala que en diez años su organización registró 136 millones de personas demandantes de alguno de los 6 mil cursos ofrecidos 100% on line. La entidad actúa como canal de difusión de los programas de sus 300 socios entre grandes universidades y compañías. La demanda de formación tendrá una tendencia al aumento luego del anuncio de que en un año el idioma no será un impedimento profesional para formarse: 4 mil cursos se han traducido en 17 idiomas gracias a la inteligencia artificial y el empleo del machine learning.
  • Nexford University trabaja con estudiantes de 85 países también con una modalidad 100% virtual. Diferente es el caso de Minerva University que no tiene un campus fijo pero sus estudiantes viajan y viven en siete países durante su formación. Estas y otras experiencias están obligando a reconceptualizar lo que se concibe como campus universitario.
  • Metodologías para el desarrollo competencial y práctico. La preocupación de las universidades más disruptivas es asegurar que los planes de estudios adopten un enfoque pragmático, que articule las competencias empresariales y tecnológicas más demandadas, que opere un sistema de certificaciones progresivas de microcredenciales y que cuando sea necesario se opte por formaciones más cortas. En la African Leadership University el currículum depende de la misión que los estudiantes se propongan. La condición es responder a los 15 retos estratégicos a los que se enfrenta Africa. En Singapur, Reactor ha entrenado a más de 9 mil estudiantes para ser fundadores de start-ups o inversores de capital de riesgo. En Dinamarca, la escuela de liderazgo Kaospilot deja de lado el pasado para centrarse en crear proyectos reales, dentro de un escenario real que la ubican como entre las diez mejores escuelas de negocio y de star-ups.
  • En el modelo de Nexford University, la data que las empresas comparten sobre su personal y las competencias deficitarias, es la base para diseñar programas académicos a la medida. Hay empresas que patrocinan los trabajos de estudiantes individuales o de equipos. La London Interdisciplinary Schools opta por un modelo con entre 10% y 30% de aprendizaje en línea. Se realizan actividades síncronas y asíncronas donde se analizan problemas complejos y reales utilizando métodos cuantitativos y cualitativos de abordaje. La formación interdisciplinar incluye un módulo sobre conceptos transversales y modelos mentales y proyectos de aplicación de lo aprendido. Las clases magistrales y eventos especiales se reservan para invitados externos. La admisión, no selectiva, está abierta a estudiantes sobresalientes y los que no lo son. Los vínculos con entidades externas ayudan a conectar el aprendizaje académico con las inquietudes de personas ajenas a la universidad.
  • Evaluaciones formativas y permanentes. Aumentan las universidades donde los exámenes son reemplazados por evaluaciones individuales y grupales a través de trabajos de curso e incentivos por presentarlos antes de la fecha. Frente a la Inteligencia Artificial, en Harvard los profesores generalmente evalúan oralmente, con preguntas que obliguen a pensar respuestas que no pueden encontrarse en el móvil. Un aspecto con incidencia en la evaluación es el agrupamiento de los estudiantes en pequeños grupos de 5, con una media de 25 presentaciones cada semestre por grupo y de 5 exposiciones de cada miembro. Todos tienen que estar preparados, pues la decisión de quien expone sucede al momento de la presentación del trabajo (Diario El País, 21-04-2024).
  • Uso de las herramientas digitales. Plataformas potentes, bibliotecas digitales, tutoría virtual, un modelo de couching de apoyo en cuestiones aprendizaje, metas y otros asuntos de interés, así como profesores entrenados en la enseñanza de competencias directamente vinculadas al mercado laboral, con grupos culturalmente diversos y con las tecnologías digitales más modernas, forman parte de las corrientes actuales. Para Eric Mazur, decano de Harvard, el problema no es la pantalla del computador sino el uso que se le dé; los estudiantes pueden usar cualquier fuente que quieran, como luego lo harán en sus carreras profesionales. Prohibir ChatGPT en clase es “lo más estúpido que se puede hacer”.
  • Iniciativas empresariales competidoras de la universidad. El acelerado cambio de las demandas del mercado laboral, con competencias que se renuevan con mayor rapidez pone en aprietos a las empresas que no encuentran en los centros de formación profesional y en las universidades respuestas satisfactorias a las necesidades de encontrar el talento que necesitan. Es la razón por la que surgen instituciones formadoras que se distancian de las rigideces de los modelos tradicionales teniendo como objetivo generar una cantera de profesionales preparados para satisfacer la demanda de talento en nuevas tecnologías a través de fórmulas alternativas a la universidad. Un ejemplo es el modelo de mayor impulso en la actualidad: la formación de aprendices de las nuevas tecnologías. La Nueva Revista Nº 188 de UNIR describe las experiencias más relevantes entre las que se incluyen las norteamericanas Oppenclassrooms, Multiverse, Franklin Apprenticeships y Portal Learning. Algunas de ellas operando en otros países. También Qualentum en España y  AI Apprenticeships en Singapur (Sanmartín, A.). Una estadística a tener en cuenta es que en países como España, los cursos de formación profesional o universitaria de mayor demanda no son ofertados por las universidades sino por Google.

Reflexiones para el Perú

La contribución de las universidades con su entorno debería ser significativamente mayor; para ello, aprovechar y monitorear de cerca la innovación que se produce en otros contextos y asimilar lo que más convenga. Asimismo, replantear algunas medidas que se han adoptado; por ejemplo, el retroceso en la rigurosidad con la que se crean o se permite el funcionamiento de universidades: unas respondiendo a intereses políticos nacen con presupuestos precarios y sin condiciones básicas de calidad. Otras con proyectos de formación carentes de sustento académico sólido y de proyección a futuro. La cantidad de universidades y filiales que funcionan en el país debería permitir que estén muy presentes en el desarrollo territorial y en la provisión del talento necesario para la ejecución de los proyectos estratégicos nacionales y regionales. Sin embargo, no sucede así. Para el funcionamiento de proyectos como el Megapuerto de Chancay, Majes Siguas II, Ampliación del Aeropuerto Jorge Chávez, Línea 2 del Metro Lima y Callao, por citar algunos de ellos, las inversiones destinadas a educación están casi siempre en un segundo plano. Para una actividad portuaria que se proyecta entre las más grandes del mundo no hay una sola universidad que forme en la carrera profesional de Administración Portuaria, solo San Marcos tiene previsto ofrecerla.

Mientras eso sucede en el país, las universidades líderes en el mundo desarrollado y en desarrollo avanzan. Algunas de sus innovaciones no son un descubrimiento reciente sino prácticas que se vienen aconsejando desde hace muchos años o décadas en ciertos casos, pero que empiezan a tener éxito producto de una cuidadosa planificación e implementación. 

La preocupación de quienes toman decisiones sobre las universidades está centrada en cuestiones poco trascendentes para su futuro y el futuro del país. Cabría preguntarse si experiencias como las descritas en este informe habrían sido posibles con niveles de fiscalización e intervención en la autonomía como las que se dan y sin mayor sustento en la evidencia comparada. Tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo deberían evaluar la conveniencia de cambiar el rumbo y finalidad de las normas y decisiones que se adoptan. A las universidades que trabajan con honestidad y profesionalismo para lograr una mayor democratización y relevancia de su oferta les están cortando una indispensable dosis de creatividad y de innovación, además de restarles competitividad en un mundo en el que el servicio de formación dejó de ser local. Más bien deberían ser objeto de permanente estímulo y apoyo. En el reverso, a las universidades que no cumplen con las condiciones básicas de calidad no se les debería permitir la creación de nueva matrícula hasta que logren los estándares establecidos. Era una situación ya contemplada en la Ley Universitaria pero ahora con retrocesos inexplicables.

Nuevos roles de las universidades

Autor: Hugo Diaz Publicado: abril 1, 2024

Tradicionalmente a las universidades se les ha asignado tres funciones fundamentales: enseñanza, investigación y extensión. Son múltiples los diagnósticos que destacan que pocas de las universidades peruanas cumplen a plenitud esas funciones. La mayoría se centra en la función formativa ante las presiones del mercado laboral por atender la demanda de graduados; otras avanzan tímidamente en investigación y actividades de extensión. Ciertamente hay excepciones pero son la minoría.

El problema está en que no solo se desatienden alguno(s) de los roles, sino lo que llegan a hacer se puede calificar como mediocre. No es un problema exclusivamente peruano. Una encuesta del Wall Street Journal (Marzo 2023) entre estudiantes norteamericanos reveló que formarse en la universidad no vale la pena para el costo que tiene. En otra encuesta aplicada por ADDECO (2021) el 61% de los estudiantes españoles estaba en desacuerdo con la idea de que las facultades preparan adecuadamente para dar el salto profesional, un 30% aseguraba que los prepara muy poco y únicamente un 8,8% creía que la formación que reciben hasta obtener su título es suficiente para desempeñarse bien en un futuro trabajo. En cualquier escenario, para la mayoría de jóvenes, buscar empleo es una verdadera pesadilla porque el mercado laboral les exige perfiles más especializados que la universidad no les brinda: una formación más práctica y en las empresas, conocimientos teóricos más ajustados a las necesidades reales del aparato productivo, desarrollo de habilidades blandas (El Economista, Madrid, 21-10-21). La opinión de los empleadores va en ruta similar: los egresados no están listos para incorporarse al mercado ocupacional.

A la insatisfacción por la formación que dan la mayoría de las universidades, se les reclama otras demandas producto del actual contexto de acelerado crecimiento del conocimiento y la tecnología. Ellas se relacionan con una mayor contribución a:

  • Mayor capacidad de innovación y transferencia tecnológica en colaboración con la industria, la cooperación internacional y otras instituciones.
  • Apoyo al desarrollo sostenible, sobre todo en aspectos relativos al cambio climático, la conservación del medio ambiente, la sostenibilidad energética, la seguridad alimentaria.
  • La inclusión de grupos poco o no atendidos: adultos de cualquier edad, inmigrantes, discapacitados, los que por razones geográficas u otras necesitan renovadas ofertas para continuar estudiando.
  • La internacionalización, promoviendo la diversidad cultural, la movilidad de estudiantes y académicos y la colaboración horizontal.
  • La responsabilidad social y el compromiso cívico para una ciudadanía responsable y justicia social.
  • La exploración y adopción de nuevas herramientas y enfoques pedagógicos, incluyendo el uso de plataformas en línea, aprendizaje adaptativo, realidad virtual y otros recursos digitales.

Las universidades necesitan transformarse

La transformación pasa por encontrar mejores maneras de elevar la calidad de la contribución social y que ella sea percibida y valorada. Las universidades deben convertirse en instituciones conectadas a la ciudad en vez de ser una de las tantas instituciones que funcionan en la ciudad (Byrne y Clark). Hacerlo implica mucha comunicación con el entorno para priorizar esfuerzos, apostar por una formación del capital humano e investigación que sea representativa de lo que se necesita y participar activamente en generar actividades que impulsen el desarrollo a toda instancia.

La experiencia enseña que un mayor involucramiento de las universidades en los territorios y campos sectoriales donde actúan les brinda múltiples beneficios. Aumenta la capacidad de captar más estudiantes y de recursos para financiar los costos de la modernización y calidad. Les impone el reto de disponer de modernos laboratorios, bibliotecas actualizadas, acceso a tecnología de punta; contar con investigadores y profesores altamente calificados y con medios para difundir el conocimiento que van produciendo. Deben invertir en facilitar becas, pasantías y otras formas de acceso al conocimiento especializado. Igualmente, controlar el crecimiento burocrático, otorgar suficiente significado a la dimensión cívica y social, la libertad para proponer y ejecutar líneas de innovación y ser proclives al cambio antes que a la continuidad.

Innovaciones disruptivas relevantes en el mundo. Entre las que se vienen emprendiendo hay varias que tratan de replantear los cimientos de la universidad clásica. Veamos:

  • Los modelos totalmente on line y sin fronteras avanzan con fuerza. Jeff Maggioncalda, Director Ejecutivo de Cousera, señala que en diez años su organización registró 136 millones de personas demandantes de alguno de los 6 mil cursos ofrecidos 100% on line. La entidad actúa como canal de difusión de los programas de sus 300 socios entre grandes universidades y compañías. La demanda de formación tendrá una tendencia al aumento luego del anuncio de que en un año el idioma no será un impedimento profesional para formarse: 4 mil cursos se han traducido en 17 idiomas gracias a la inteligencia artificial y el empleo del machine learning.
  • Nexford University trabaja con estudiantes de 85 países también con una modalidad 100% virtual. Diferente es el caso de Minerva University que no tiene un campus fijo pero sus estudiantes viajan y viven en siete países durante su formación. Estas y otras experiencias están obligando a reconceptualizar lo que se concibe como campus universitario.
  • Metodologías para el desarrollo competencial y práctico. La preocupación de las universidades más disruptivas es asegurar que los planes de estudios adopten un enfoque pragmático, que articule las competencias empresariales y tecnológicas más demandadas, que opere un sistema de certificaciones progresivas de microcredenciales y que cuando sea necesario se opte por formaciones más cortas. En la African Leadership University el currículum depende de la misión que los estudiantes se propongan. La condición es responder a los 15 retos estratégicos a los que se enfrenta Africa. En Singapur, Reactor ha entrenado a más de 9 mil estudiantes para ser fundadores de start-ups o inversores de capital de riesgo. En Dinamarca, la escuela de liderazgo Kaospilot deja de lado el pasado para centrarse en crear proyectos reales, dentro de un escenario real que la ubican como entre las diez mejores escuelas de negocio y de star-ups.
  • En el modelo de Nexford University, la data que las empresas comparten sobre su personal y las competencias deficitarias, es la base para diseñar programas académicos a la medida. Hay empresas que patrocinan los trabajos de estudiantes individuales o de equipos. La London Interdisciplinary Schools opta por un modelo con entre 10% y 30% de aprendizaje en línea. Se realizan actividades síncronas y asíncronas donde se analizan problemas complejos y reales utilizando métodos cuantitativos y cualitativos de abordaje. La formación interdisciplinar incluye un módulo sobre conceptos transversales y modelos mentales y proyectos de aplicación de lo aprendido. Las clases magistrales y eventos especiales se reservan para invitados externos. La admisión, no selectiva, está abierta a estudiantes sobresalientes y los que no lo son. Los vínculos con entidades externas ayudan a conectar el aprendizaje académico con las inquietudes de personas ajenas a la universidad.
  • Evaluaciones formativas y permanentes. Aumentan las universidades donde los exámenes son reemplazados por evaluaciones individuales y grupales a través de trabajos de curso e incentivos por presentarlos antes de la fecha. Frente a la Inteligencia Artificial, en Harvard los profesores generalmente evalúan oralmente, con preguntas que obliguen a pensar respuestas que no pueden encontrarse en el móvil. Un aspecto con incidencia en la evaluación es el agrupamiento de los estudiantes en pequeños grupos de 5, con una media de 25 presentaciones cada semestre por grupo y de 5 exposiciones de cada miembro. Todos tienen que estar preparados, pues la decisión de quien expone sucede al momento de la presentación del trabajo (Diario El País, 21-04-2024).
  • Uso de las herramientas digitales. Plataformas potentes, bibliotecas digitales, tutoría virtual, un modelo de couching de apoyo en cuestiones aprendizaje, metas y otros asuntos de interés, así como profesores entrenados en la enseñanza de competencias directamente vinculadas al mercado laboral, con grupos culturalmente diversos y con las tecnologías digitales más modernas, forman parte de las corrientes actuales. Para Eric Mazur, decano de Harvard, el problema no es la pantalla del computador sino el uso que se le dé; los estudiantes pueden usar cualquier fuente que quieran, como luego lo harán en sus carreras profesionales. Prohibir ChatGPT en clase es “lo más estúpido que se puede hacer”.
  • Iniciativas empresariales competidoras de la universidad. El acelerado cambio de las demandas del mercado laboral, con competencias que se renuevan con mayor rapidez pone en aprietos a las empresas que no encuentran en los centros de formación profesional y en las universidades respuestas satisfactorias a las necesidades de encontrar el talento que necesitan. Es la razón por la que surgen instituciones formadoras que se distancian de las rigideces de los modelos tradicionales teniendo como objetivo generar una cantera de profesionales preparados para satisfacer la demanda de talento en nuevas tecnologías a través de fórmulas alternativas a la universidad. Un ejemplo es el modelo de mayor impulso en la actualidad: la formación de aprendices de las nuevas tecnologías. La Nueva Revista Nº 188 de UNIR describe las experiencias más relevantes entre las que se incluyen las norteamericanas Oppenclassrooms, Multiverse, Franklin Apprenticeships y Portal Learning. Algunas de ellas operando en otros países. También Qualentum en España y  AI Apprenticeships en Singapur (Sanmartín, A.). Una estadística a tener en cuenta es que en países como España, los cursos de formación profesional o universitaria de mayor demanda no son ofertados por las universidades sino por Google.

Reflexiones para el Perú

La contribución de las universidades con su entorno debería ser significativamente mayor; para ello, aprovechar y monitorear de cerca la innovación que se produce en otros contextos y asimilar lo que más convenga. Asimismo, replantear algunas medidas que se han adoptado; por ejemplo, el retroceso en la rigurosidad con la que se crean o se permite el funcionamiento de universidades: unas respondiendo a intereses políticos nacen con presupuestos precarios y sin condiciones básicas de calidad. Otras con proyectos de formación carentes de sustento académico sólido y de proyección a futuro. La cantidad de universidades y filiales que funcionan en el país debería permitir que estén muy presentes en el desarrollo territorial y en la provisión del talento necesario para la ejecución de los proyectos estratégicos nacionales y regionales. Sin embargo, no sucede así. Para el funcionamiento de proyectos como el Megapuerto de Chancay, Majes Siguas II, Ampliación del Aeropuerto Jorge Chávez, Línea 2 del Metro Lima y Callao, por citar algunos de ellos, las inversiones destinadas a educación están casi siempre en un segundo plano. Para una actividad portuaria que se proyecta entre las más grandes del mundo no hay una sola universidad que forme en la carrera profesional de Administración Portuaria, solo San Marcos tiene previsto ofrecerla.

Mientras eso sucede en el país, las universidades líderes en el mundo desarrollado y en desarrollo avanzan. Algunas de sus innovaciones no son un descubrimiento reciente sino prácticas que se vienen aconsejando desde hace muchos años o décadas en ciertos casos, pero que empiezan a tener éxito producto de una cuidadosa planificación e implementación. 

La preocupación de quienes toman decisiones sobre las universidades está centrada en cuestiones poco trascendentes para su futuro y el futuro del país. Cabría preguntarse si experiencias como las descritas en este informe habrían sido posibles con niveles de fiscalización e intervención en la autonomía como las que se dan y sin mayor sustento en la evidencia comparada. Tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo deberían evaluar la conveniencia de cambiar el rumbo y finalidad de las normas y decisiones que se adoptan. A las universidades que trabajan con honestidad y profesionalismo para lograr una mayor democratización y relevancia de su oferta les están cortando una indispensable dosis de creatividad y de innovación, además de restarles competitividad en un mundo en el que el servicio de formación dejó de ser local. Más bien deberían ser objeto de permanente estímulo y apoyo. En el reverso, a las universidades que no cumplen con las condiciones básicas de calidad no se les debería permitir la creación de nueva matrícula hasta que logren los estándares establecidos. Era una situación ya contemplada en la Ley Universitaria pero ahora con retrocesos inexplicables.

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