Formación del docente: reforma que no debe olvidarse

Se afirma, y con razón, que los avances de las tecnologías emergentes y de la inteligencia artificial, no reducen la importancia del docente como factor esencial de las experiencias de aprendizaje y marcador de huellas marcan el futuro de sus estudiantes. En un mundo como el que se vive, convulso, de cambio acelerado y de incertidumbre, los docentes requieren reunir un conjunto de habilidades personales, sociales, emocionales, tecnológicas y pedagógicas para poder cumplir con la delicada tarea de enseñar y formar, cada vez más compleja y desafiante. Las mutaciones del conocimiento y la tecnología, así como el aumento de los problemas de convivencia social les obligan a su permanente actualización y seguir adquiriendo nuevas capacidades pues su tarea no se limita a que el estudiante aprenda y se desarrolle como persona y ciudadano de valor, sino que además enfrenten un futuro social y laboral de cambios poco predecibles y contribuyan a construir un conveniente clima de confianza, seguridad e inclusión. Ello demanda que la formación de quienes ejercen la profesión docente vaya más allá de lo pedagógico, que posean una mayor cultura general y psicológica. El complejo ambiente socioemocional les obliga a saber controlar sus emociones, mantener equilibrio y aplomo, establecer buenas relaciones con los demás, ser empáticos, actuar con ética y justicia en la evaluación y administración de la disciplina, motivar y fomentar el aprendizaje reflexivo y significativo. Eso y más para lograr que sus estudiantes adquieran actitudes, comportamientos y aprendan lo planificado.

Tecnológicamente un buen porcentaje de los docentes enfrentan la desventaja de la edad. El informe de INIDEN de octubre 2025, alertaba que únicamente entre el tres y seis por ciento de los docentes que trabajaban en educación básica regular tenían menos de 30 años; es decir, pertenecían en términos generacionales a los grupos de “Milenians” y de la “Generación Z”. En cambio, casi el 40% de los docentes de educación inicial y secundaria y el 54% de los de primaria tenían 50 o más años de edad, es decir, pertenecían principalmente al grupo “Generación X” y parte a los “Baby Boomers”; estas últimas generaciones que no nacieron con la evolución del desarrollo tecnológico que hoy se vive, que presentan más dificultades para acompañar sus adelantos y que generalmente son más reticentes para adaptarse a un nuevo escenario formativo que supone el uso de las herramientas digitales en las prácticas de trabajo. Frente a la velocidad con que se desarrollan las tecnologías emergentes el factor edad puede convertirse en una limitación importante para modernizar y aprovechar nuevas herramientas que lleven a caminos para enseñar y aprender que resulten más eficaces.

Pedagógicamente la realidad que enfrentan los docentes es que sus estudiantes, al estar rodeados de entornos bastante digitalizados, no sienten la motivación e interés por aprender con métodos de enseñanza tradicional. Crecientemente exigen cambios en la dinámica de organizar las clases, en el tratamiento de los contenidos y en la relación de éstos con situaciones de la vida real. Para la mayoría de los docentes, la brecha entre lo que recibieron durante su formación profesional y lo que requieren ahora para trabajar en las aulas es amplia y no ha podido ser superada con las capacitaciones que han recibido a lo largo de su carrera. Las brechas son mayores cuando se constata que más del 70% de los docentes de la educación básica alternativa y la educación técnico productiva tienen 50 años o más y han sido formados para atender a niños y adolescentes.

¿Llegan los docentes con dominio suficiente de las áreas de formación en las que trabajarán? Otra dificultad de los docentes para adaptarse al nuevo escenario de enseñanza se relaciona con la solvencia de los aprendizajes que adquirieron durante la educación básica. Una referencia se desprende de evaluaciones aplicadas por la Oficina de Medición de la Calidad de los Aprendizajes (UMC) desde el año 2007. Se dan mejoras significativas en el porcentaje de estudiantes con rendimiento satisfactorio en el 2º grado de la educación primaria, pero bastante menores y estadísticamente poco significativas cuando se analizan los resultados en 4º de primaria, 2º de secundaria y los obtenidos por las mujeres en matemáticas y en ciencia y tecnología. Como se aprecia en la Tabla adjunta, en ninguna de las cuatro áreas evaluadas el rendimiento satisfactorio de los estudiantes supera el 20%.

Esta data debe llevarnos a reflexionar sobre cuán habilitados para enseñar están quienes optaron por seguir la carrera docente; asimismo, si durante su formación profesional fue posible superar esas limitaciones. Evidencia de que ello suceda no hay, por el contrario, los bajos porcentajes de docentes que aprueban las pruebas de competencia lectora y matemática en las evaluaciones para nombramiento y promoción de escala magisterial dirían lo contrario tratándose de los que las desaprueban. Aunque realizada el 2007, la encuesta que evaluó a los docentes reveló que un tercio tenía graves problemas de comprensión lectora y que solo la cuarta parte alcanzaba el nivel más alto de desempeño.

Estaría dándose, entonces, que parte de los estudiantes no tenga delante a un profesor con el dominio suficiente de los conocimientos que debe trasmitir y que allí esté una de las razones que expliquen los pobres resultados de las evaluaciones de aprendizaje. A ello se añade que la mayoría de los programas de formación de profesores no consigue prepararlos para enfrentar las variadas situaciones que se presentan en las aulas. El informe de la UMC del Ministerio de Educación, sobre factores asociados al aprendizaje derivado de la evaluación PISA 2022, al referirse a la opinión de los estudiantes sobre sus profesores es revelador acerca de las dificultades que enfrenta el aprendizaje de las matemáticas: sólo el 6,5% dicen que el profesor les enseña a resolver problemas matemáticos sin hacer cálculos, entre el 20% y 30% les ilustra cómo identificar situaciones de la vida real que pueden resolverse empleando las matemáticas o explican el razonamiento seguido para resolver un problema. Ocho de cada diez estudiantes manifestaron su tensión durante las clases de matemáticas y el miedo de reprobarla.

¿Qué podríamos hacer?

Los esfuerzos para mejorar las remuneraciones del magisterio estatal son meritorios, pero de poco servirán para elevar logros de aprendizaje si no se dan esfuerzos paralelos en la mejora de la formación inicial y continua y en condiciones que faciliten el ejercicio favorable de su exigente y sacrificada misión. Sarramona, analizando la educación española sugiere tres medidas que podrían adaptarse a la realidad peruana para que los profesores ejerzan mejor su profesión: (i) establecer suficientes controles externos de calidad de la formación, (ii) preparar específicamente para los territorios y poblaciones donde más tarde trabajarán, y (iii) que previo al ingreso a la docencia activa realicen un máster teórico-práctico, superen un examen estatal de competencias y se inscriban en el Colegio de Profesores. Se pregunta ¿qué es más importante o difícil: hacer de abogado, al que se exigen estos requisitos, o hacer de maestro?. Añade que una condición para prestigiar y mejorar las profesiones es aumentar la exigencia en la preparación y posterior ejercicio de estas. La docencia debe ser rigurosa en el acceso y en la actuación profesional para que haya una enseñanza de calidad. No podremos lograrlo si únicamente aplicamos medidas que reduzcan la relación alumnos por profesor en las aulas o se aumente el presupuesto para mejorar las remuneraciones (Sarramona, J. Reflexiones sobre los estudios de magisterio. Belladiari, Catalunya, Abril 2026).

Los cambios tecnológicos y del conocimiento hacen que los plazos entre una actualización profesional y la necesidad de realizar otra se estrechen. Por ello, el docente tiene la necesidad imperiosa de ingresar a procesos de formación permanente si quiere seguir de cerca los cambios y tener mejores resultados con generaciones de estudiantes que quieren aprender de forma diferente a las convencionales. Hoy las sesiones de clase que dan mejores resultados recomiendan reducir las exposiciones magistrales para dar paso al uso de metodologías de estudio efectivas e interactiva, que aprovechen el uso de las herramientas digitales y la Inteligencia Artificial las cuales no hay que prohibirlas sino asegurar que sean bien utilizadas. ¿Estamos formando y actualizando para ello?.

El docente debe aprovechar lo bueno que pueden aportar las tecnologías emergentes pero sin descartar lo igualmente bueno de la enseñanza convencional. Es importante que sus estudiantes se sientan siempre desafiados pero no abrumados, convencidos que siendo las tecnologías digitales y la Inteligencia Artificial herramientas del mayor interés y utilidad, no son suficientes para una formación integral que sirva para el futuro educativo y laboral de sus estudiantes. Otras herramientas y formas de aprender son también formas en que los estudiantes pueden lograr muchas satisfacciones y aprendizajes significativos. Es el caso de promover la lectura en textos impresos, la elaboración de resúmenes, mapas conceptuales, resolver problemas, organizar trabajos colaborativos en grupo, analizar con juicio crítico el valor y veracidad de la información que reciben, promover la realización de investigaciones adaptadas a los diferentes niveles de habilidad de los estudiantes y crecientemente complejas.

Sería útil que en el país destinen tiempos suficientes para pensar en las maneras de ir redefiniendo la nueva presencialidad en los niveles de enseñanza en función de los diversos contextos de la realidad peruana y sus implicancias en la formación y capacitación de los docentes y en el financiamiento de la educación. Los tiempos que se vienen podrían ser muy difíciles presupuestalmente para la Educación. En los recientes años se han elevado los requerimientos para la partida Personal y Obligaciones Sociales, por lo que porcentajes elevados de participación del gasto en personal pone en riesgo la inversión en otros indispensables factores de calidad. Hoy quienes ingresan a la docencia pública lo hacen con una remuneración muy superior a la que logran profesionales de muchas otras carreras. Contar con docentes de calidad demostrable y acreditada es indispensable, como también lo es asegurar los recursos para otros componentes de la calidad del servicio.

La revisión de las políticas docentes deberá ser integral, desde la forma como se seleccionan a los futuros docentes hasta su permanencia, desarrollo profesional y evaluación a lo largo de su trayectoria, pasando por definir la cantidad de docentes que se necesitan en el futuro y para qué áreas de formación, al igual que certificar la solidez de la vocación y compromiso con la docencia. Una buena selección es crucial y demanda fortalecer las herramientas que ayudan a evaluar las decisiones que adoptan los postulantes sobre la carrera que eligen y la solidez de su vocación. Investigaciones recientes en los Estados Unidos señalan que los temores sobre el impacto sustantivo que puede tener la Inteligencia Artificial en el mercado laboral están produciendo dudas y aumentan la cantidad de estudiantes del pregrado que deciden cambiar de carrera. Por otro lado, un tema a estudiar debería ser el de la relación entre las mejoras remunerativas que han tenido los docentes en los años recientes y lo que encontró la ENDO 2018 con relación a que solo un tercio de los docentes quiere seguir siendo docente de aula dentro de cinco años. Finalmente, hay que tomar conciencia que no aumentar la calidad de los egresados de la educación básica reducirá las posibilidades de contar con mejores candidatos para el ejercicio de la docencia y de otras carreras.

Los desafíos son inmensos pero no imposibles de lograr. Voluntad, continuidad de los esfuerzos, hacer inversiones inteligentes y poner en el primer plano de prioridades al estudiante es la condición. Ojalá persistamos en ello.

Formación del docente: reforma que no debe olvidarse

Autor: Hugo Diaz Publicado: abril 29, 2026

Se afirma, y con razón, que los avances de las tecnologías emergentes y de la inteligencia artificial, no reducen la importancia del docente como factor esencial de las experiencias de aprendizaje y marcador de huellas marcan el futuro de sus estudiantes. En un mundo como el que se vive, convulso, de cambio acelerado y de incertidumbre, los docentes requieren reunir un conjunto de habilidades personales, sociales, emocionales, tecnológicas y pedagógicas para poder cumplir con la delicada tarea de enseñar y formar, cada vez más compleja y desafiante. Las mutaciones del conocimiento y la tecnología, así como el aumento de los problemas de convivencia social les obligan a su permanente actualización y seguir adquiriendo nuevas capacidades pues su tarea no se limita a que el estudiante aprenda y se desarrolle como persona y ciudadano de valor, sino que además enfrenten un futuro social y laboral de cambios poco predecibles y contribuyan a construir un conveniente clima de confianza, seguridad e inclusión. Ello demanda que la formación de quienes ejercen la profesión docente vaya más allá de lo pedagógico, que posean una mayor cultura general y psicológica. El complejo ambiente socioemocional les obliga a saber controlar sus emociones, mantener equilibrio y aplomo, establecer buenas relaciones con los demás, ser empáticos, actuar con ética y justicia en la evaluación y administración de la disciplina, motivar y fomentar el aprendizaje reflexivo y significativo. Eso y más para lograr que sus estudiantes adquieran actitudes, comportamientos y aprendan lo planificado.

Tecnológicamente un buen porcentaje de los docentes enfrentan la desventaja de la edad. El informe de INIDEN de octubre 2025, alertaba que únicamente entre el tres y seis por ciento de los docentes que trabajaban en educación básica regular tenían menos de 30 años; es decir, pertenecían en términos generacionales a los grupos de “Milenians” y de la “Generación Z”. En cambio, casi el 40% de los docentes de educación inicial y secundaria y el 54% de los de primaria tenían 50 o más años de edad, es decir, pertenecían principalmente al grupo “Generación X” y parte a los “Baby Boomers”; estas últimas generaciones que no nacieron con la evolución del desarrollo tecnológico que hoy se vive, que presentan más dificultades para acompañar sus adelantos y que generalmente son más reticentes para adaptarse a un nuevo escenario formativo que supone el uso de las herramientas digitales en las prácticas de trabajo. Frente a la velocidad con que se desarrollan las tecnologías emergentes el factor edad puede convertirse en una limitación importante para modernizar y aprovechar nuevas herramientas que lleven a caminos para enseñar y aprender que resulten más eficaces.

Pedagógicamente la realidad que enfrentan los docentes es que sus estudiantes, al estar rodeados de entornos bastante digitalizados, no sienten la motivación e interés por aprender con métodos de enseñanza tradicional. Crecientemente exigen cambios en la dinámica de organizar las clases, en el tratamiento de los contenidos y en la relación de éstos con situaciones de la vida real. Para la mayoría de los docentes, la brecha entre lo que recibieron durante su formación profesional y lo que requieren ahora para trabajar en las aulas es amplia y no ha podido ser superada con las capacitaciones que han recibido a lo largo de su carrera. Las brechas son mayores cuando se constata que más del 70% de los docentes de la educación básica alternativa y la educación técnico productiva tienen 50 años o más y han sido formados para atender a niños y adolescentes.

¿Llegan los docentes con dominio suficiente de las áreas de formación en las que trabajarán? Otra dificultad de los docentes para adaptarse al nuevo escenario de enseñanza se relaciona con la solvencia de los aprendizajes que adquirieron durante la educación básica. Una referencia se desprende de evaluaciones aplicadas por la Oficina de Medición de la Calidad de los Aprendizajes (UMC) desde el año 2007. Se dan mejoras significativas en el porcentaje de estudiantes con rendimiento satisfactorio en el 2º grado de la educación primaria, pero bastante menores y estadísticamente poco significativas cuando se analizan los resultados en 4º de primaria, 2º de secundaria y los obtenidos por las mujeres en matemáticas y en ciencia y tecnología. Como se aprecia en la Tabla adjunta, en ninguna de las cuatro áreas evaluadas el rendimiento satisfactorio de los estudiantes supera el 20%.

Esta data debe llevarnos a reflexionar sobre cuán habilitados para enseñar están quienes optaron por seguir la carrera docente; asimismo, si durante su formación profesional fue posible superar esas limitaciones. Evidencia de que ello suceda no hay, por el contrario, los bajos porcentajes de docentes que aprueban las pruebas de competencia lectora y matemática en las evaluaciones para nombramiento y promoción de escala magisterial dirían lo contrario tratándose de los que las desaprueban. Aunque realizada el 2007, la encuesta que evaluó a los docentes reveló que un tercio tenía graves problemas de comprensión lectora y que solo la cuarta parte alcanzaba el nivel más alto de desempeño.

Estaría dándose, entonces, que parte de los estudiantes no tenga delante a un profesor con el dominio suficiente de los conocimientos que debe trasmitir y que allí esté una de las razones que expliquen los pobres resultados de las evaluaciones de aprendizaje. A ello se añade que la mayoría de los programas de formación de profesores no consigue prepararlos para enfrentar las variadas situaciones que se presentan en las aulas. El informe de la UMC del Ministerio de Educación, sobre factores asociados al aprendizaje derivado de la evaluación PISA 2022, al referirse a la opinión de los estudiantes sobre sus profesores es revelador acerca de las dificultades que enfrenta el aprendizaje de las matemáticas: sólo el 6,5% dicen que el profesor les enseña a resolver problemas matemáticos sin hacer cálculos, entre el 20% y 30% les ilustra cómo identificar situaciones de la vida real que pueden resolverse empleando las matemáticas o explican el razonamiento seguido para resolver un problema. Ocho de cada diez estudiantes manifestaron su tensión durante las clases de matemáticas y el miedo de reprobarla.

¿Qué podríamos hacer?

Los esfuerzos para mejorar las remuneraciones del magisterio estatal son meritorios, pero de poco servirán para elevar logros de aprendizaje si no se dan esfuerzos paralelos en la mejora de la formación inicial y continua y en condiciones que faciliten el ejercicio favorable de su exigente y sacrificada misión. Sarramona, analizando la educación española sugiere tres medidas que podrían adaptarse a la realidad peruana para que los profesores ejerzan mejor su profesión: (i) establecer suficientes controles externos de calidad de la formación, (ii) preparar específicamente para los territorios y poblaciones donde más tarde trabajarán, y (iii) que previo al ingreso a la docencia activa realicen un máster teórico-práctico, superen un examen estatal de competencias y se inscriban en el Colegio de Profesores. Se pregunta ¿qué es más importante o difícil: hacer de abogado, al que se exigen estos requisitos, o hacer de maestro?. Añade que una condición para prestigiar y mejorar las profesiones es aumentar la exigencia en la preparación y posterior ejercicio de estas. La docencia debe ser rigurosa en el acceso y en la actuación profesional para que haya una enseñanza de calidad. No podremos lograrlo si únicamente aplicamos medidas que reduzcan la relación alumnos por profesor en las aulas o se aumente el presupuesto para mejorar las remuneraciones (Sarramona, J. Reflexiones sobre los estudios de magisterio. Belladiari, Catalunya, Abril 2026).

Los cambios tecnológicos y del conocimiento hacen que los plazos entre una actualización profesional y la necesidad de realizar otra se estrechen. Por ello, el docente tiene la necesidad imperiosa de ingresar a procesos de formación permanente si quiere seguir de cerca los cambios y tener mejores resultados con generaciones de estudiantes que quieren aprender de forma diferente a las convencionales. Hoy las sesiones de clase que dan mejores resultados recomiendan reducir las exposiciones magistrales para dar paso al uso de metodologías de estudio efectivas e interactiva, que aprovechen el uso de las herramientas digitales y la Inteligencia Artificial las cuales no hay que prohibirlas sino asegurar que sean bien utilizadas. ¿Estamos formando y actualizando para ello?.

El docente debe aprovechar lo bueno que pueden aportar las tecnologías emergentes pero sin descartar lo igualmente bueno de la enseñanza convencional. Es importante que sus estudiantes se sientan siempre desafiados pero no abrumados, convencidos que siendo las tecnologías digitales y la Inteligencia Artificial herramientas del mayor interés y utilidad, no son suficientes para una formación integral que sirva para el futuro educativo y laboral de sus estudiantes. Otras herramientas y formas de aprender son también formas en que los estudiantes pueden lograr muchas satisfacciones y aprendizajes significativos. Es el caso de promover la lectura en textos impresos, la elaboración de resúmenes, mapas conceptuales, resolver problemas, organizar trabajos colaborativos en grupo, analizar con juicio crítico el valor y veracidad de la información que reciben, promover la realización de investigaciones adaptadas a los diferentes niveles de habilidad de los estudiantes y crecientemente complejas.

Sería útil que en el país destinen tiempos suficientes para pensar en las maneras de ir redefiniendo la nueva presencialidad en los niveles de enseñanza en función de los diversos contextos de la realidad peruana y sus implicancias en la formación y capacitación de los docentes y en el financiamiento de la educación. Los tiempos que se vienen podrían ser muy difíciles presupuestalmente para la Educación. En los recientes años se han elevado los requerimientos para la partida Personal y Obligaciones Sociales, por lo que porcentajes elevados de participación del gasto en personal pone en riesgo la inversión en otros indispensables factores de calidad. Hoy quienes ingresan a la docencia pública lo hacen con una remuneración muy superior a la que logran profesionales de muchas otras carreras. Contar con docentes de calidad demostrable y acreditada es indispensable, como también lo es asegurar los recursos para otros componentes de la calidad del servicio.

La revisión de las políticas docentes deberá ser integral, desde la forma como se seleccionan a los futuros docentes hasta su permanencia, desarrollo profesional y evaluación a lo largo de su trayectoria, pasando por definir la cantidad de docentes que se necesitan en el futuro y para qué áreas de formación, al igual que certificar la solidez de la vocación y compromiso con la docencia. Una buena selección es crucial y demanda fortalecer las herramientas que ayudan a evaluar las decisiones que adoptan los postulantes sobre la carrera que eligen y la solidez de su vocación. Investigaciones recientes en los Estados Unidos señalan que los temores sobre el impacto sustantivo que puede tener la Inteligencia Artificial en el mercado laboral están produciendo dudas y aumentan la cantidad de estudiantes del pregrado que deciden cambiar de carrera. Por otro lado, un tema a estudiar debería ser el de la relación entre las mejoras remunerativas que han tenido los docentes en los años recientes y lo que encontró la ENDO 2018 con relación a que solo un tercio de los docentes quiere seguir siendo docente de aula dentro de cinco años. Finalmente, hay que tomar conciencia que no aumentar la calidad de los egresados de la educación básica reducirá las posibilidades de contar con mejores candidatos para el ejercicio de la docencia y de otras carreras.

Los desafíos son inmensos pero no imposibles de lograr. Voluntad, continuidad de los esfuerzos, hacer inversiones inteligentes y poner en el primer plano de prioridades al estudiante es la condición. Ojalá persistamos en ello.

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