Educación presencial: aceleración y complejidad del retorno

Al igual que el pasado año escolar, la mayoría de los estudiantes de todos los niveles y modalidades del sistema educativo sigue sus clases remotamente; unos usando plataformas virtuales, otros aprovechando programas emitidos sea por televisión o por radio y los que estaban en peores condiciones, sin tener acceso a ninguna de esas herramientas. 

Con el inicio del actual año escolar se abrió la posibilidad de que las instituciones educativas localizadas en zonas rurales seleccionadas, donde la COVID-19 no presentaba mayor incidencia, comiencen la educación presencial o semipresencial. Ello dependía de cumplir con ciertos protocolos sanitarios, de la autorización de las Direcciones Regionales de Educación o las Unidades de Gestión Educativa Local y la opinión favorable de las comunidades escolares en cada institución educativa. Hasta mediados de mayo pocas instituciones habían asumido el reto de alguna forma de educación presencial, pero a mediados de julio se estimaba que más de 1 500 ya participaban de esta iniciativa.    

La decisión de retornar a la educación presencial en la educación básica no tiene que ser necesariamente por consenso total. Puede darse la situación, en algunas escuelas, que haya un sector de padres que decidan enviar sus hijos a clases, mientras otros prefieran que sus hijos sigan estudiando en casa. Por su parte, los directores y profesores tendrán que organizarse para atender esas dos opciones. Además, y generalmente, por ahora el regreso a la educación presencial no significa que los estudiantes vayan todos los días a la escuela. En algunas, los niños van una vez por semana, en otras interdiario. La jornada de permanencia diaria en la escuela tampoco es necesariamente rígida. Lo deciden también los docentes en coordinación con los padres de familia.

Hasta hace muy poco se pensaba que durante el 2021 la educación en áreas urbanas y buena parte de las escuelas rurales sería solo remota. No obstante, la situación ha cambiado, principalmente debido a la aceleración que ha tenido la vacunación de la población. En julio se empezó con la población entre 40 y 49 años y, según las proyecciones del plan de inmunización del Ministerio de Salud, durante este año será posible que a fines del segundo semestre de este año se empiece con los menores de 12 a 17 años sean vacunados. Implica entonces que, hasta el fin del año o inicios del nuevo año escolar 2022, prácticamente el 100% de los profesores y estudiantes de secundaria y educación superior esté vacunado.   

El saliente ministro Ricardo Cuenca, antes de culminar su gestión declaró que no se descarta la posibilidad de autorizar el retorno a la educación presencial en áreas urbanas durante el segundo semestre. Hay regiones y localidades donde los bajos niveles de contagio abren esa posibilidad. Igualmente, antes de concluir su gestión se habían aprobado normas para dicho retorno. Entre otras medidas se considera una que varios docentes que viven en las ciudades venían reclamando: la posibilidad de organizar clases aprovechando los espacios comunales libres, como los parques, campos deportivos y otros. En las localidades donde el plan de inmunización avanza rápidamente el retorno a la educación presencial se supeditará principalmente a las condiciones de los locales escolares y las decisiones de iniciar ese retorno.     

Retorno a clases presenciales en un escenario incierto de pandemia 

Hay que tener en cuenta que la pandemia sigue aún presente y las posibilidades de una tercera ola no se descartan, al igual que el surgimiento de nuevas variantes de la COVID más agresivas y contagiosas que las que inicialmente se tuvo que enfrentar, como han sido el caso de las variantes inglesa y más recientemente, la variante hindú conocida como Delta. Mientras no termine el combate de la pandemia cualquier medida que se dicte debe considerarse transitoria. Es lo que enseña la experiencia internacional: muchos países que avanzaron en la vacunación y autorizaron no usar mascarillas o a realizar eventos de concentración masivos de población han tenido que dar marcha atrás. El gran desafío que tendrá el nuevo gobierno es decidir cómo liderar el retorno sobre la perspectiva de un escenario incierto, en donde no se sabe cómo evolucionará la pandemia y qué impactos puede tener en la población.

Mejor retorno, pero con un trabajo coordinado con las familias

Un segundo aspecto a tener en cuenta es que muchas familias son conscientes que el retorno a la educación presencial es una necesidad que favorece a los hijos y a ellos mismos que empiezan a estar más ausentes del hogar ante la necesidad de trabajar y porque empiezan a percatarse que el apoyo que pueden brindar a sus hijos presenta limitaciones en buena parte de los hogares. Es evidente que el lazo entre la escuela y los hogares tiene que fortalecerse, que la familia tiene mucho que aportar en la formación de actitudes y valores y que la función docente es insustituible, que los padres pueden apoyarlo, pero no reemplazarlo en el aprendizaje de las áreas básicas del currículo. En unos casos, debido a que no entienden mucho cómo es el aprendizaje bajo el enfoque de competencias; en otros casos, porque su nivel educativo no les ayuda a comprender y asistir a sus hijos en tareas que requieren un nivel de educación y conocimientos más complejos que el que poseen. Asimismo, hay casos, y no pocos, en donde hay una manifiesta poca preocupación de los padres o algún miembro de la familia por la educación de los niños.

El objetivo del retorno: aprender, pero mucho más

La complejidad del retorno a clases se ve también afectada por las condiciones en las que los estudiantes regresan a las escuelas. Año y medio, o hasta dos años si regresan el 2022, terminó afectado el desarrollo de los aprendizajes, el emocional y el de las ricas y necesarias experiencias que a su edad deben vivir los escolares. Por lo tanto, no se trata de recibir a los estudiantes en clase y empezar las sesiones de clase. Cada escolar llega en condiciones distintas; unos pueden haber sufrido la pérdida de un familiar cercano producto de la COVID-19, otros la separación de sus padres, otros el desempleo y caída significativa de los ingresos de la familia, otros llegarán con la motivación y la autoestima en niveles muy por debajo de lo deseable. Recuperar aprendizajes será muy difícil en medio de condiciones emocionales y anímicas tan adversas como las que los grupos de estudiantes pueden presentar. ¿Cómo aprende un niño que enfrenta problemas muy serios al interior de sus hogares? La tutoría, el apoyo psicológico, el apoyo a las familias, en los casos necesarios, son claves. 

La escuela sola no podrá atender esas demandas. Es indispensable que la educación presencial tenga un fuerte componente de intersectorial; en especial, el apoyo de psicólogos, asistentes sociales y de municipios y diversas organizaciones que en las comunidades trabajan en temas asociados al equilibrio emocional. Para que ello sea posible, las normas de retorno a la educación presencial deberán prever la organización de estos servicios y dejar, en los casos que se requiera, que las propias instituciones educativas los organicen. Se requieren normas muy flexibles y mayor capacidad de decisión para los directores y docentes.    

Ser acertado en las estrategias pedagógicas

Un tercer componente de la estrategia del retorno a clases se relaciona con lo pedagógico. Hasta ahora se ha trabajado mucho en el establecimiento de protocolos que velen por la seguridad sanitaria y la preparación de las instituciones educativas para el regreso a clases, pero temas que tienen que ver con la priorización y diversificación de aprendizajes en el currículo, la capacitación en metodologías híbridas de enseñanza, producción de materiales y el aprovechamiento pedagógico de las tecnologías, todavía no están suficientemente definidos. 

Es otro aspecto clave, pues de la manera cómo estos factores se combinen integral y armónicamente, dependerá el éxito de la estrategia de educación presencial. Hay que asumir que dos de los aspectos que los profesores deberán enfrentar son los de motivación y nivel de concentración de los estudiantes. Con la educación remota se han vuelto factores críticos. Muchos estudiantes pueden estar formalmente matriculados, tener el televisor o el computador prendido y no registrar niveles mínimos de concentración. Hay sesiones de clase en las que el nivel de concentración de una parte importante de los estudiantes puede ser cero o una cifra muy cercana a ella. Es un problema que se ha agudizado el 2021.

Conocer los factores que atentan en contra del interés y motivación de los estudiantes por aprender es fundamental. De ellos podría depender no tener tasas tal elevadas de abandono temporal o definitivo de la escuela o repetición de grado. Generalmente se atribuyen que los aspectos económicos son una causa de primer orden; sin embargo, también lo son los factores socioemocionales y las estrategias que el docente utiliza para que sus alumnos trabajen en casa. La educación remota, que seguirá estando presente en la jornada escolar, no debe descuidarse en su desarrollo e implementación. Lo que se ha hecho por mejorarla ha resultado insuficiente y en ocasiones usando procedimientos equivocados, como el querer hacer educación remota usando las mismas metodologías de la educación presencial.

A manera de conclusión

En lo que va de la pandemia, los estudiantes han perdido mucho de lo que normalmente hubiesen aprendido y experimentado en una época normal. Lo no adquirido difícilmente se recuperará plenamente y los antecedentes que existen en el país y en otros países para esa recuperación no son alentadores. Parecería que lo más aconsejable es proceder a la implementación de escenarios de estudio que optimicen el tiempo y resultados de aprendizaje a partir de una intensa motivación e interés de los estudiantes por aprender lo que realmente importa que aprendan. 

Es preferible programar menos aprendizajes, pero ofrecidos de manera mas profunda, integral, asociados a situaciones de la vida real y con contenidos que conduzcan a la buena práctica de los valores morales y éticos. Será posible solo si se procede a una revolución de las didácticas y a una redefinición de roles de quienes intervienen en el proceso de enseñanza aprendizaje. La responsabilidad de los estudiantes por el logro de más y mejores resultados debe incrementarse al igual que la función de liderazgo del docente para movilizar a sus estudiantes en función de ese objetivo. Asimismo, es muy importante que en el país se retome el desarrollo de una industria de materiales educativos que acompañe a esa revolución de las didácticas que requiere el sistema. 

Lo que se ganó con una mayor presencia de la familia en la educación de sus hijos no debe perderse, pero para que la misma tenga el valor esperado es preciso prestar atención no solo al entrenamiento de los estudiantes en lo que son técnicas de autoaprendizaje, sino también a de los padres que necesitan saber más de los sistemas de educación híbrida y cómo pueden contribuir en su implementación.  

Ante tremendos desafíos que tendrán como escenario un presupuesto más austero que generoso, solo queda desear suerte a las nuevas autoridades educativas que asumirán la educación el 28 de julio.

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