Currículum de la Educación Básica: ¿Se necesita un cambio?

Autor: Hugo Diaz

A no dudarlo, la llegada de la pandemia llevó a reflexionar sobre muchos aspectos del funcionamiento y los resultados que iba obteniendo la educación peruana. A lo largo del siglo, los indicadores mostraban mejoras en logros de aprendizaje que tuvieron los estudiantes en las áreas evaluadas, aunque se reconoce que aún se estaba distante de logros que contribuyan a reducir las desigualdades de aprendizaje; sobre todo aquellas de carácter territorial, de género y de oferta de servicio público y privado. Las brechas en unos casos resultan exageradamente amplias, con el agravante de no haber encontrado las recetas que ayuden a reducirlas.

Cuando la pandemia estaba en su apogeo y las escuelas estaban cerradas, una pregunta que muchos se hacían era si el sistema estaba formando para una sociedad donde el conocimiento crece exponencialmente, la tecnología avasalla y los cambios en la sociedad son cada vez más acelerados. La pandemia demostró la poca prioridad que las políticas educativas habían otorgado al desarrollo de las tecnologías en el sistema; en especial, transferir capacidades a toda la población para su aprovechamiento y adecuado uso. El descuido de la política tecnológica condujo a improvisaciones y a un resultado más o menos predecible: una educación a distancia que no pudo sustituir a la educación presencial mientras las escuelas estaban cerradas.

Es verdad que el esfuerzo realizado para organizar el año escolar 2020 y que los estudiantes no pierdan el año fue meritorio, pero limitado frente a los estándares mínimos que requiere una educación a distancia para ser exitosa. Además, había que plantearse si en la educación básica los niños deberían recibir ese tipo de enseñanza o realizar los esfuerzos necesarios para que regresen lo más pronto a las escuelas, como si lo hicieron varios de los otros países del mundo. Lamentablemente no sucedió: estuvimos entre los últimos en disponer el retorno a la presencialidad.

Retomando la pregunta acerca de si se estaba formando para lo que las personas necesitan aparece la preocupación sobre el currículum: sus objetivos, contenidos y didácticas de formación. El Currículum vigente fue aprobado el 2016 y a pesar de tener ya varios años de vigencia, ha tenido poco tiempo de aplicación pues casi al ponerlo en marcha su aplicación se suspendió durante dos años debido a un recurso que objetaba el tratamiento de los temas de género. Luego vino la pandemia y se tuvo que priorizar qué enseñar ante las limitaciones que planteaba hacer educación remota.

El reciente anuncio del Ministro de Educación de elaborar un nuevo diseño curricular ha generado preocupación en un amplio sector de la comunidad educativa. Por un lado, porque ha sido tan corto el tiempo de aplicación del documento aprobado el 2016 que no se han podido evaluar sus bondades y limitaciones; en segundo lugar, porque la elaboración de un diseño curricular es un proceso complejo que demanda no solo tiempo, sino también especialización, más aún cuando se trata de un documento que debe responder a unos modos de enseñanza híbrida; es decir, que debe involucrar roles en el proceso de aprendizaje de la escuela y del hogar. También porque si se avanza a una revisión del currículum, habría que responder a una concepción que asegure un recorrido en su adquisición y actualización que vaya más allá de la educación básica. Por último, si bien es importante tener en cuenta la adecuación a los contenidos locales, no hay que olvidar que nos encontramos sumidos en una globalización en donde muchos de los objetivos de la formación tienen que responder a esa irada. Existen áreas curriculares en donde la influencia de la globalización es cada vez mayor; es el caso de las matemáticas y las ciencias naturales.  

Una pregunta adicional que se tiene es si para este tipo de demandas de concepción del currículo se cuenta actualmente con la disponibilidad de especialistas que puedan diseñarlo, y si el procedimiento que el Ministerio de Educación ha elegido para realizar tal revisión es el que más conviene. Parecería que no.

No se niega que en un momento hay que empezar esa revisión pues hay igualmente necesidad de simplificarlo; es decir, reducir la cantidad de contenidos y de competencias que exceden la capacidad de las escuelas de implementarlo en el calendario escolar anual disponible. De otro lado, habría que cambiar énfasis en los objetivos de formación, que si bien se reconoce que los conocimientos son importantes y deben tener un espacio en los tiempos de aprendizaje, se necesitaría dar más cabida al desarrollo de aquellas competencias que atiendan las necesidades de una sociedad como la que se vive y la que se viene. Las mismas maneras de que los estudiantes consigan los aprendizajes que se aspiran tiene que ser objeto de una revisión de las didácticas y de las formas de trabajo en las aulas. Temas como el aprendizaje compartido y colaborativo, el desarrollo de la curiosidad y pensamiento crítico, el autoaprendizaje, entre otros, son claves para el logro de dichos aprendizajes.

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