Competencias de los Adultos en el Perú

Hace pocas semanas el Ministerio de Trabajo y Promoción Social difundió a través de su página web, el informe sobre los “Resultados de la Evaluación de Competencias de Adultos – PIAAC”. En la evaluación participaron 7 289 personas entre 16-65 años y comprendió tres dominios de habilidades: comprensión lectora, matemáticas y resolución de problemas en contextos informáticos. Adicionalmente, recolectó data sobre las características, antecedentes sociodemográficos y uso de habilidades en la vida diaria y laboral de los participantes.

El Informe cobra relevancia si se tiene en cuenta que las habilidades de jóvenes y adultos son un factor fundamental para el desarrollo de un país y que individualmente, quienes tienen mayor nivel de competencias en el manejo de dichas habilidades alcanzan mejores resultados laborales y una mayor productividad que aporta a un mejor desempeño y éxito económico de un país. Los adultos ubicados en los más altos niveles de competencia son más propensos que aquellos que se encontraban en los niveles más bajos a reportar excelentes resultados de salud y percibir que pueden influir con mayor eficacia en el proceso político.

El análisis de los resultados revela grandes brechas de dominio de habilidades de los adultos peruanos comparadas con las registradas en otros países. Pero, por otro lado, ofrece referencias en cuanto a lo preparada que está la población para hacer frente al imparable desarrollo del conocimiento y la tecnología. Finalmente, ayuda a identificar las estrategias que el sistema educativo requiere adoptar para superar los déficits de formación identificados.

Sorprende que los resultados del estudio no sean objeto de suficiente atención por parte de los decisores de la política de gobierno y la sociedad en general. El informe se encuentra desde fines de diciembre pasado en la página web del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo con retraso y las medidas que se han adoptado para difundirlo poco están sirviendo para que se tome conciencia de la inmensa tarea que se tiene por delante. Sin adultos mejor preparados no habrá una buena perspectiva de desarrollo sostenido y de bienestar para la población en el mediano y largo plazo. Es cierto, la

prioridad es la educación de los niños y jóvenes, pero si no hay preocupación por calificar a la población adulta no hay posibilidades de incrementos sustantivos de la productividad y competitividad.

Y no es que una buena parte de los adultos no quiera calificarse. Una de las conclusiones del Informe es que la proporción de adultos que quisieran participar del aprendizaje continuo, pero que no lo hacen, es mayor en Perú que en los otros países de la región, e incluso mayor que en el promedio OCDE, en especial para los adultos que tienen 29 años o menos y los que cuentan con educación superior. Lamentablemente los que tienen acceso a ese aprendizaje continuo son una minoría: además de los que cuentan con educación superior pertenecen a los grupos poblacionales más jóvenes, están los que pertenecen a un estrato socioeconómico alto y trabajan en empresas con más 250 trabajadores. Esta característica deja espacio para idear y aplicar políticas que fomenten este tipo de habilidades.

La advertencia que hizo Marta Encinas-Martin, una de las autoras del Informe Internacional PIAAC, es por demás contundente: “si Perú quiere subir como economía, no tiene capital humano para ello… Si no forman capital humano o lo traen de fuera, la economía volverá a caer”. Añade que para tener capital humano se necesita igualdad, porque si no forman a todos será difícil crecer, debido a que la falta de habilidades arrastra el desarrollo para abajo.

Y es que el Perú queda muy mal parado en la evaluación del PIAAC, inclusive, comparado en varios indicadores con los tres países latinoamericanos que participaron

-Chile, Ecuador y México-. Para establecer los resultados se fijó una escala de 0 a 500, divididos en niveles que resumen lo que una persona con una puntuación en particular puede hacer. Para las competencias lectora y numérica, se definieron los Niveles de 1 a 5 más y otro denominado Por debajo del Nivel 1. Para la resolución de problemas en contextos informáticos se establecieron tres Niveles 1, más uno adicional denominado Por debajo del Nivel 1.

Los adultos peruanos que alcanzaron los niveles de competencia 4 y 5 en comprensión lectora y matemática fueron el 0,5 por ciento y 0,7 por ciento en comparación con el promedio de 10 por ciento en los países de la OCDE. En cuanto a la resolución de problemas en entornos informáticos, el 6,6 por ciento logró los niveles 2 y 3 comparado con el 29,7 por ciento de promedio en la OCDE.

Una aproximación del nivel de pobreza en cuanto a lectura la da la tenencia de libros en el hogar, considerado un fuerte predictor del puntaje de la prueba y otros resultados. Mientras los adultos de los países de la OCDE el 33,1 por ciento de los adultos tiene más de 100 libros en casa, en el Perú lo tienen solo el 4,4 por ciento. Más bien el 59,8 por ciento cuenta con 10 libros o menos. El tipo de lectura es también importante. La actividad de lectura más realizada en Perú es leer periódicos o revistas con 48,2 por ciento de encuestados que lo hace al menos semanalmente, le sigue la lectura de memos o correos, actividades que también son frecuentes entre los adultos de la OCDE, aunque en proporciones mayores. En cuanto a la escritura, la actividad más frecuente es escribir

cartas y correos, con un 25,3 por ciento de adultos en Perú que los hace diaria o semanalmente, cifra que aumenta a 56,2 por ciento para el promedio OCDE.

En el Nivel 1 o debajo del Nivel 1 se encontró el 70% de adultos en comprensión lectora y 75% en matemáticas. El Informe es claro en sostener que la existencia de una gran proporción de personas con bajo rendimiento puede dificultar que Perú se adapte rápidamente a la demanda emergente de habilidades cognitivas de alto nivel y que es urgente una inversión significativa para que los adultos peruanos prosperen en el cambiante mercado laboral. También sería urgente dar un mayor espacio en la formación al desarrollo del aprender a aprender, fundamental para el aprendizaje a lo largo de la vida. Los adultos peruanos que ya salieron del sistema presentan mayoritariamente esa desventaja, al no haber sido formados en e esa competencia. De no corregir esta situación, únicamente una pequeña proporción de adultos tendrá acceso a participar y aprovechar actividades de aprendizaje continuo y tener un mayor acceso y empleo de computadoras en su centro laboral. Para el resto, es decir, la gran mayoría, su futuro estará en la informalidad, el trabajo precario e inestable y seguir sumando el conglomerado de la pobreza.

En cuanto a la resolución de problemas en entornos informáticos, el 44 por ciento no pudo rendir la prueba porque no tenía experiencia en el uso de computadoras o no aprobó la prueba básica de manejo del mouse y navegación en internet. La evaluación se había diseñado para aplicarse en computadora por lo cual se entregó una portátil a cada evaluado. Hubo la posibilidad de realizar la prueba con lápiz y papel en los casos en que el evaluado no contaba con experiencia en el uso de computadoras, no pasaba la prueba básica o, teniendo experiencia con computadora, rechazaba hacer la evaluación con ella. Los que se ubicaron en el Nivel 1 o debajo de éste en resolución de problemas solo podían utilizar aplicaciones tecnológicas ampliamente disponibles y familiares, como software de correo electrónico o un navegador web, insuficientes en la gran mayoría de actividades que se van transformando tecnológicamente.

El alto porcentaje de población que no pudo rendir la prueba con computadora se asocia con el escaso desarrollo que tiene el país en cuanto a conectividad e inclusión digital, incluso con respecto a Latinoamérica. Esta falta de conectividad afecta principalmente a los de hogares de menores ingresos y a las zonas rurales, donde según la CEPAL, más del 90% carece de conexión a internet.

La evaluación ratifica muchas de las percepciones que se tenían en cuanto a las desigualdades de desarrollo de habilidades. Lo que no se conocía era la magnitud de las mismas en el sistema educativo peruano y que además ellas se arrastran posiblemente desde siempre. Las brechas son más grandes que en la mayoría de los países cuando se analizan por nivel educativo, antecedentes socioeconómicos, entre los más y menos educados, por género, por edad, según condición y tipo de actividad -ocupados y activos, calificados y con calificación básica, con contrato a plazo indefinido y temporal, con trabajo en grandes y pequeñas empresas-.

Otro aspecto que revela el Informe es que no solo los adultos registran muy bajo nivel de habilidades, sino que además, al egresar de la escuela o de la universidad, no tienen

muchos espacios en la vida cotidiana o en el mundo de laboral para aplicarlas. Esto es particularmente importante para poder seguirlas desarrollando. Un ejemplo es el de los egresados con educación superior -técnica o universitaria- que están en el mercado laboral desempeñando ocupaciones de menor calificación que la que poseen. Según la OCDE, el 47 por ciento de los trabajadores peruanos están sobrecalificados en comparación con sólo 11 por ciento en el promedio OCDE y 38 por ciento trabaja en un empleo para el cual no estudió.

El uso de las habilidades en el mercado laboral está también condicionado por la estructura empresarial existente en donde lo que prevalecen son las micro y pequeñas empresas que desarrollan actividades primarias, con bajo potencial de automatización y con procesos de producción caracterizados por el desarrollo de actividades rutinarias y poca exigencia cognitiva y competencial. Por ahora, muchas de esas empresas tienen escaso interés de incorporar las tecnologías, pues el costo de la planilla le seguirá siendo igualmente bajo. Mientras esta estructura no cambie, será un factor que favorezca la sobrevivencia en el mercado laboral formal e informal de muchos trabajadores con baja calificación y de la baja productividad.

El desajuste entre las habilidades poseídas, las utilizadas y lo que demandan las ocupaciones en el mercado laboral puede tener también como otro factor protagonista la forma cómo el sistema educativo responde a esas demandas. Si bien en unos casos la desconexión puede ser temporal, lo que preocupa es la lenta capacidad de respuesta de las instituciones educativas para responder a las necesidades cambiantes de cualificaciones en el mercado de trabajo en cuanto a planes y metodologías de formación y la casi inexistente coordinación entre el mundo educativo y el empresarial. Asimismo, si son evidentes los desajustes mencionados, sería de esperar que gradualmente la estructura de la oferta educativa vaya cambiando; que se revierta la tendencia decreciente de las oportunidades en la educación básica alternativa y formación técnico- productiva, que se modifique la estructura de oferta de la educación superior donde la educación universitaria representa los dos tercios de la matrícula y que en su composición es eminentemente de pregrado. Solo el 5 por ciento de la matrícula universitaria es para maestrías y uno por ciento para doctorados. Las dos terceras partes de los posgrados atienden ciencias sociales y educación y sólo 12 por ciento ingenierías.

El desafío que se plantea para el país en cuanto a calificación de la población adulta es monumental y requiere la presencia del sistema educativo, pero también de los hogares y las empresas, pues es en estos lugares donde se pueden adquirir y aprovechar muchas de esas habilidades que demanda la sociedad actual. Es un desafío que involucra, además de las modalidades relacionadas con la educación de adultos, a la educación básica regular, pues en la medida que esta no mejore su calidad y resultados en cuanto a la adquisición de competencias, sus egresados, cuando sean adultos, arrastrarán tales limitaciones. Aprovechando que la crisis sanitaria obliga a preguntarnos qué tipo de sistema es el que necesitamos, deberíamos igualmente reflexionar respecto de cómo tender hacia un tipo de educación que estreche más las relaciones con las familias y la producción y que aproveche en mayor medida las inmensas posibilidades que ofrecen las herramientas tecnológicas digitales en la formación de las personas.

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