Docentes y enfrentamiento de la pandemia

En el artículo anterior sobre los resultados de la ENDO 2020 se destacaban algunos rasgos del proceso educativo el 2020, indicando que habían aumentado notoriamente los problemas socioemocionales; que eran notorias las dificultades de comunicación del docente con sus estudiantes y sus padres para el desarrollo y retroalimentación de las clases. Además, un impacto mayor de la pandemia ha sido la caída de la matrícula privada en 172 mil estudiantes, lo que ha derivado en fuertes presiones a la matrícula pública que, de haber tenido una tendencia negativa en la mayor parte de este siglo, pasó a crecer en 323 mil estudiantes entre el 2019 y 2020. Mientras se emplee la educación no presencial el impacto de esta migración de estudiantes se sentirá poco; el problema vendrá cuando se ingrese a la educación semipresencial y presencial.

Impactos en la salud de estudiantes y docentes. La pandemia ha contribuido a que el estrés haya afectado a seis de cada diez docentes. Son parte generadora de ese estrés la tensión que provoca desarrollar prácticas docentes en una modalidad remita para la que no fue capacitado, la inexistencia o mala conectividad en muchos lugares del país, así como la necesidad de ponerse al día en el uso pedagógico de las tecnologías.

Cuatro de cada diez docentes manifiestan haber sido diagnosticados con COVID-19. Es un porcentaje alto y que aumenta los temores de retorno a la enseñanza presencial. Se suma que casi 30% de los encuestados declara tener una enfermedad preexistente que lo condiciona para el COVID-19. Grave es que 12% dice que si se contagiara no tendría los recursos para la curación. Ciertamente que los maestros tienen el seguro médico de ESSALUD a disposición, pero son conscientes que hay muchos períodos en los que la capacidad de los hospitales para atender a los infectados no ha alcanzado para cubrir la demanda. Es otro temor que no les gustaría experimentar.

Impactos en la economía personal Desde el punto de vista laboral, un tercio de los docentes declara haber perdido su trabajo adicional, lo que fue causa de una reducción de ingresos personales o del hogar. Otra razón que ni se identifica en la encuesta pero que se ha dado en la práctica es que un sector de docentes que no perdió su segundo empleo vio reducidos sus ingresos porque su remuneración fue reducida en una escuela privada o en otra actividad realizada. Inclusive, uno de cada cinco ha estado en la lista de los que recibieron algún bono de parte del Estado. Otra consecuencia de la pérdida de su empleo fue que una proporción similar de docentes tuvo que dejar de estudiar o seguirse calificando por cuenta propia por falta de recursos. Una tercera consecuencia se dio en la imposibilidad de seguir pagando el monto del alquiler de la casa en donde habita: uno de cada ocho docentes tuvo que mudarse de la vivienda que ocupaba. Sus ingresos además de disminuidos tuvieron que invertirse en algunos casos en la salud propia o de algún familiar.

Retorno a las clases presenciales. El retorno a las aulas es uno de los temas más polémicos en el actual debate educativo. Las opiniones están polarizadas. Los que defienden el regreso a las escuelas argumentan que es una necesidad para el desarrollo de los niños y que la escuela es irremplazable como factor de aprendizajes. Los esfuerzos de desarrollo de la educación a distancia, si bien meritorios, no fueron suficientes para asegurar que los estudiantes adquirieran lo que necesitaban durante el año escolar. Un informe de la Contraloría General de la República a febrero del 2021 en base a datos del Ministerio de Educación, revela que el porcentaje de estudiantes aprobados llegó al 42%, que los que tuvieron promoción guiada sumaban el 32%, los pendientes de aprobación 25% y los retirados el 1%. Cifras muy bajas, que adicionalmente no expresan algunas características en las que se dio el proceso educativo: menos horas de clase y precariedad de condiciones en muchos hogares para estudiar.

Desean seguir con clases a distancia. Los docentes que están a favor de continuar con las clases a distancia tienen como principal argumento los altos niveles de contagio que todavía se dan en buena parte del país. El temor, especialmente del profesorado, es uno de los principales factores de esa resistencia al retorno que solo disminuirá en la medida en que la vacunación de un porcentaje significativo de la población se acelere, así como se invierta en condiciones que aseguren el cumplimiento de estándares básicos de funcionamiento, tanto educativo como sanitario. 

Mantener las clases a distancia plantea el desafío de mejorar su eficacia. El Ministerio de Educación ha hecho esfuerzos para que el año escolar 2021 sea mejor que el anterior, pero debemos advertir que la educación a distancia, para lograr ser altamente efectiva requiere de inversiones iniciales grandes, que no se han realizado en suficiencia, sobre todo en la producción de materiales y capacitación adecuadas a esta estrategia en el caso de los estudiantes que estudian a través de la web, así como de mejora significativa de las emisiones de programas educativos por radio y televisión. 

Opiniones divididas en cuanto al retorno a las aulas. En la ENDO 2020, cinco de cada diez docentes del área rural y tres de cada diez del área urbana respondieron que el servicio educativo el 2021 debería ser presencial. El 35% de los que trabajan en el área rural y 38% en la urbana opinaron que habría que instaurar la semipresencialidad. Sólo uno de cada 10 docentes del área rural y poco más de uno de cada cinco del área urbana estaba de acuerdo en que la enseñanza debería continuar a distancia. 

Otro indicador asociado a esta respuesta es que 86% de los maestros expresó que estaría dispuesto a retornar a las aulas. Es una opinión que no va en total sintonía con lo que declaran dirigentes del sindicato magisterial quienes son más proclives a seguir en la educación a distancia mientras no se den las seguridades sanitarias indispensables. Hay que anotar que estas opiniones se recogieron entre el 24 de noviembre y 1 de diciembre, cuando no se preveía la presencia de una segunda ola de desarrollo de la pandemia que vino con índices de contagio más graves.   

Razones para el no retorno a la educación presencial. Son varios los argumentos dan los docentes para no retornar aún a las aulas. Un 40% dice que en el hogar en que viven tienen familiares que están en situación de riesgo de contagio; un 35% señala que sus escuelas no tienen las condiciones para el regreso, además de que un 22% señala que las escuelas no reúnen los protocolos de higiene y seguridad sanitaria y que en 15% de los casos no hay centros de salud cercanos que ayuden en esta tarea. 

En conclusión: El retorno a las aulas seguirá siendo un tema polémico por varias razones: la pandemia no está controlada, los servicios de salud muestran escasa capacidad de respuesta, la mayoría de las escuelas no está suficientemente preparada para el retorno y el temor sigue siendo una variable a tener en cuenta. No obstante, la urgencia del retorno a las aulas es innegable por las consecuencias muy desfavorables que se tiene en cuanto a aprendizajes y estados socioemocionales de la población escolar. La gradualidad es una opción, pero con planes bien diseñados.   

Docentes y enfrentamiento de la pandemia

Autor: Hugo Diaz Publicado: septiembre 6, 2021

En el artículo anterior sobre los resultados de la ENDO 2020 se destacaban algunos rasgos del proceso educativo el 2020, indicando que habían aumentado notoriamente los problemas socioemocionales; que eran notorias las dificultades de comunicación del docente con sus estudiantes y sus padres para el desarrollo y retroalimentación de las clases. Además, un impacto mayor de la pandemia ha sido la caída de la matrícula privada en 172 mil estudiantes, lo que ha derivado en fuertes presiones a la matrícula pública que, de haber tenido una tendencia negativa en la mayor parte de este siglo, pasó a crecer en 323 mil estudiantes entre el 2019 y 2020. Mientras se emplee la educación no presencial el impacto de esta migración de estudiantes se sentirá poco; el problema vendrá cuando se ingrese a la educación semipresencial y presencial.

Impactos en la salud de estudiantes y docentes. La pandemia ha contribuido a que el estrés haya afectado a seis de cada diez docentes. Son parte generadora de ese estrés la tensión que provoca desarrollar prácticas docentes en una modalidad remita para la que no fue capacitado, la inexistencia o mala conectividad en muchos lugares del país, así como la necesidad de ponerse al día en el uso pedagógico de las tecnologías.

Cuatro de cada diez docentes manifiestan haber sido diagnosticados con COVID-19. Es un porcentaje alto y que aumenta los temores de retorno a la enseñanza presencial. Se suma que casi 30% de los encuestados declara tener una enfermedad preexistente que lo condiciona para el COVID-19. Grave es que 12% dice que si se contagiara no tendría los recursos para la curación. Ciertamente que los maestros tienen el seguro médico de ESSALUD a disposición, pero son conscientes que hay muchos períodos en los que la capacidad de los hospitales para atender a los infectados no ha alcanzado para cubrir la demanda. Es otro temor que no les gustaría experimentar.

Impactos en la economía personal Desde el punto de vista laboral, un tercio de los docentes declara haber perdido su trabajo adicional, lo que fue causa de una reducción de ingresos personales o del hogar. Otra razón que ni se identifica en la encuesta pero que se ha dado en la práctica es que un sector de docentes que no perdió su segundo empleo vio reducidos sus ingresos porque su remuneración fue reducida en una escuela privada o en otra actividad realizada. Inclusive, uno de cada cinco ha estado en la lista de los que recibieron algún bono de parte del Estado. Otra consecuencia de la pérdida de su empleo fue que una proporción similar de docentes tuvo que dejar de estudiar o seguirse calificando por cuenta propia por falta de recursos. Una tercera consecuencia se dio en la imposibilidad de seguir pagando el monto del alquiler de la casa en donde habita: uno de cada ocho docentes tuvo que mudarse de la vivienda que ocupaba. Sus ingresos además de disminuidos tuvieron que invertirse en algunos casos en la salud propia o de algún familiar.

Retorno a las clases presenciales. El retorno a las aulas es uno de los temas más polémicos en el actual debate educativo. Las opiniones están polarizadas. Los que defienden el regreso a las escuelas argumentan que es una necesidad para el desarrollo de los niños y que la escuela es irremplazable como factor de aprendizajes. Los esfuerzos de desarrollo de la educación a distancia, si bien meritorios, no fueron suficientes para asegurar que los estudiantes adquirieran lo que necesitaban durante el año escolar. Un informe de la Contraloría General de la República a febrero del 2021 en base a datos del Ministerio de Educación, revela que el porcentaje de estudiantes aprobados llegó al 42%, que los que tuvieron promoción guiada sumaban el 32%, los pendientes de aprobación 25% y los retirados el 1%. Cifras muy bajas, que adicionalmente no expresan algunas características en las que se dio el proceso educativo: menos horas de clase y precariedad de condiciones en muchos hogares para estudiar.

Desean seguir con clases a distancia. Los docentes que están a favor de continuar con las clases a distancia tienen como principal argumento los altos niveles de contagio que todavía se dan en buena parte del país. El temor, especialmente del profesorado, es uno de los principales factores de esa resistencia al retorno que solo disminuirá en la medida en que la vacunación de un porcentaje significativo de la población se acelere, así como se invierta en condiciones que aseguren el cumplimiento de estándares básicos de funcionamiento, tanto educativo como sanitario. 

Mantener las clases a distancia plantea el desafío de mejorar su eficacia. El Ministerio de Educación ha hecho esfuerzos para que el año escolar 2021 sea mejor que el anterior, pero debemos advertir que la educación a distancia, para lograr ser altamente efectiva requiere de inversiones iniciales grandes, que no se han realizado en suficiencia, sobre todo en la producción de materiales y capacitación adecuadas a esta estrategia en el caso de los estudiantes que estudian a través de la web, así como de mejora significativa de las emisiones de programas educativos por radio y televisión. 

Opiniones divididas en cuanto al retorno a las aulas. En la ENDO 2020, cinco de cada diez docentes del área rural y tres de cada diez del área urbana respondieron que el servicio educativo el 2021 debería ser presencial. El 35% de los que trabajan en el área rural y 38% en la urbana opinaron que habría que instaurar la semipresencialidad. Sólo uno de cada 10 docentes del área rural y poco más de uno de cada cinco del área urbana estaba de acuerdo en que la enseñanza debería continuar a distancia. 

Otro indicador asociado a esta respuesta es que 86% de los maestros expresó que estaría dispuesto a retornar a las aulas. Es una opinión que no va en total sintonía con lo que declaran dirigentes del sindicato magisterial quienes son más proclives a seguir en la educación a distancia mientras no se den las seguridades sanitarias indispensables. Hay que anotar que estas opiniones se recogieron entre el 24 de noviembre y 1 de diciembre, cuando no se preveía la presencia de una segunda ola de desarrollo de la pandemia que vino con índices de contagio más graves.   

Razones para el no retorno a la educación presencial. Son varios los argumentos dan los docentes para no retornar aún a las aulas. Un 40% dice que en el hogar en que viven tienen familiares que están en situación de riesgo de contagio; un 35% señala que sus escuelas no tienen las condiciones para el regreso, además de que un 22% señala que las escuelas no reúnen los protocolos de higiene y seguridad sanitaria y que en 15% de los casos no hay centros de salud cercanos que ayuden en esta tarea. 

En conclusión: El retorno a las aulas seguirá siendo un tema polémico por varias razones: la pandemia no está controlada, los servicios de salud muestran escasa capacidad de respuesta, la mayoría de las escuelas no está suficientemente preparada para el retorno y el temor sigue siendo una variable a tener en cuenta. No obstante, la urgencia del retorno a las aulas es innegable por las consecuencias muy desfavorables que se tiene en cuanto a aprendizajes y estados socioemocionales de la población escolar. La gradualidad es una opción, pero con planes bien diseñados.   

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