2022: ¿Oportunidad perdida?

El retorno a la enseñanza presencial se ha convertido en la mayor aspiración de la mayoría de sectores de la sociedad peruana luego de un cierto desencanto por los resultados obtenidos en dos años de educación remota. No se trata de descartar este tipo de enseñanza, pues la debilidad de su eficacia radicó en una implementación pobre e imprevista, lo que dio lugar a que los aprendizajes no mejoren luego de un progreso evidenciado en la última evaluación del Estudio Regional Comparativo y Explicativo -ERCE- (Unesco, 2019). Aumentaron las diferencias según estratos sociales y una preocupación de primer orden es el deterioro del desarrollo socio-afectivo de muchos estudiantes. Un problema no menor es cómo las indefiniciones, dudas y temores de las administraciones que enfrentaron la pandemia llevaron a dos años de cierre de los locales escolares y a poner en riesgo el futuro de toda una generación. ¿Qué llevó a las autoridades a tomar esas decisiones mientras que otros países, viviendo situaciones similares decidían el retorno a clases de sus estudiantes? Difícil encontrar una respuesta.

No todo fueron malas noticias. Hay tres campos en donde la pandemia está contribuyendo a repensar el sistema educativo. Ellos son:

1º Las tecnologías digitales son una apuesta indispensable en el sistema educativo, pero no hay que reposar solo en ellas. Allí donde existen capacidades hay que aprovecharlas y donde no se dan las condiciones es mejor buscar otras que más convengan. Al respecto, hay que interrogarse si la compra de un millón de tabletas para estudiantes más pobres el 2020 fue una medida acertada para escolares y padres que no contaban con las capacidades y apoyo suficiente para sacarles el mejor beneficio. El ejemplo descrito en el recuadro sobre la experiencia del Reino Unido lleva a pensar si el error no es el mismo. No quiere decir dejar de avanzar en dotar a todo ciudadano del nivel suficiente de empleo instrumental de las herramientas digitales y, en el sistema educativo, transferir capacidades para utilizarlas en la formación de todas las áreas curriculares y no solo de las competencias tecnológicas. En la educación básica el currículo nacional asume la Competencia 28 como transversal; no obstante, no se la evalúa con criterio transversal sino como competencia independiente del resto de áreas de formación, que tampoco consideran la competencia digital en sus evaluaciones. Es un aspecto que convendría revisar. 

Insuficiente optimismo sobre la transformación del sistema educativo luego de la pandemia

Wayne Holmes, experto en inteligencia artificial y profesor del University College de Londres, cree que cuando pase la pandemia se volverá a estar donde estábamos antes. Si bien hay mucho entusiasmo y expectativa, en realidad no está pasando nada. Es cierto que la digitalización es y será importante, pero no es una solución en sí misma, como tampoco su impacto será el esperado si no se hacen bien las cosas. Por ejemplo, se necesita contar con la infraestructura, para que los niños puedan trabajar en casa y conectarse. No cometer el error del Reino Unido, en donde durante la pandemia el Gobierno dio ordenadores portátiles a los alumnos que no los tenían, pero fue una iniciativa inútil, porque ni ellos ni sus padres accedieron a formación ni apoyo; no se les aseguró de que los portátiles tuvieran instalados los materiales adecuados, ni se les ofreció soporte informático. Es todo un ecosistema el que tiene que estar preparado. Y la formación de los docentes es la clave, como el que la parte dedicada a la compra de tecnologías no suponga más de la mitad de todo el presupuesto, pues la otra mitad debe ayudar a la gente a especializarse, a comunicarse entre sí. Si se coloca la tecnología en ese escenario, tal vez haya oportunidad de que funcione. Pero si simplemente se la coloca en la escuela, se conseguirá que solo algunos profesores realmente hábiles hagan algo asombroso, mientras el 98% restante no lo hará. Esa es la tragedia que ya hemos visto antes (Diario El País, 05-11-2021)

2º Las prioridades de formación de los educandos deben revisarse. La preocupación en la educación básica ha estado siempre centrada en la comprensión lectora, matemática y, en menor medida ciencias. Sin embargo, la pandemia ha mostrado que existen capacidades a las que hay que prestar especial dedicación y sobre todo monitorear sus logros; es el caso del pensamiento crítico, el aprendizaje autónomo, la ciudadanía y los valores, las digitales, el aprender a aprender y otras indispensables para actuar en una sociedad globalizada y en permanente cambio.

3º En la educación básica, la institución educativa y el docente son irremplazables pero es la ocasión para fortalecer sus roles, tanto en esa etapa educativa como en la educación superior. Hay consenso en que la tecnología y la educación remota pueden ser un valioso complemento, pero no sustitutos en la educación básica. En la educación superior y la formación profesional debería cobrar mayor importancia en algunas áreas y momentos de la formación. En tanto, urge solucionar los problemas que afectan su eficacia e impactos; es el caso de la falta de conectividad, la insuficiencia de buenas plataformas y materiales, la resistencia al cambio y la edad promedio de los docentes. 

El retorno a las escuelas en marzo 2022

El retorno masivo a la educación presencial a partir de marzo del 2022 se aguarda con expectativa a la vez que con cierto desconcierto. No se cuenta con un planteamiento explícito de lo que será la política educativa a seguir. Solo se ha abierto la posibilidad de que en marzo los estudiantes regresen a clases, aunque no está muy claro si, como hasta ahora, se insistirá en que la asistencia de escolares se limitará a dos días en la semana y cuatro horas por día o si habrían otras opciones.

La alternativa de retorno bajo un modelo cien por ciento presencial es crecientemente adoptada por la mayoría de países y se aguarda que el Perú siga esa tendencia. Además de aumentar los niveles de logro de aprendizajes y frenar el aumento de problemas socioemocionales, hay razones poderosas que justifican esta recomendación; entre las más importantes están las siguientes:

  1. La semipresencialidad implica esfuerzos enormes de implementación para los que el sistema educativo no está suficientemente preparado. Para que sea efectiva hay que implementarla bien, lo que implica superar problemas de financiamiento y de gestión para tener a tiempo lo que se requiere para su funcionamiento adecuado en un sistema educativo que descuidó mucho su desarrollo digital. Además, varias de las condiciones que aseguran su implementación no están definidas faltando un mes para acabar el año escolar y tres meses para iniciar el nuevo año escolar. Las orientaciones pedagógicas para el 2022 han debido aprobarse en octubre o noviembre, los procesos de adecuación de los locales escolares van lentos y los concursos para contrato y nombramiento de docentes se han suspendido.
  2. Es iluso esperar que todas los locales escolares estén en las mejores condiciones para empezar. Lo que hay que aspirar es cumplir con los protocolos sanitarios y ejecutar previamente las medidas indispensables relacionadas, por ejemplo, con los servicios higiénicos, el distanciamiento, la ventilación y la disponibilidad de artículos para la limpieza y desinfección. Al respecto, facilitaría revisar algunas normas que se exigen para el retorno a las escuelas. La distancia de 1,5 metros entre estudiantes sigue siendo excesiva y poco realista. En otros países es, en promedio, de un metro. De otro lado, la norma sobre desinfección emitida por el Ministerio de Salud, además de ser costosa también es difícil de cumplirse, menos aún tratándose de instituciones educativas alejadas y donde las empresas certificadoras de desinfección no pueden llegar. Si no se cumple en otras actividades como en los supermercados, los cines o restaurantes, ¿por qué exigirla en las instituciones educativas?
  3. Para marzo 2022, los progresos de la vacunación cubrirían a la población de 12 años para adelante. Es un factor clave para la obligatoriedad del retorno y disminuir el temor de algunos docentes y de padres de familia de enviar a los estudiantes a la escuela.
  4. El monitoreo realizado en las pocas instituciones que han retornado a la educación presencial indica que no representa mayor riesgo de contagio. Siempre y cuando se preste atención a cumplir con los protocolos sanitarios y las recomendaciones de uso de las infraestructura.

El desafío académico

Los problemas para el retorno van más allá de los aspectos sanitarios y de infraestructura. El más urgente en cuanto a definiciones es el académico: saber si el sistema educativo será capaz de aprovechar la oportunidad que se le presenta para realizar cambios significativos en su marcha o si mayoritariamente se volverá a la situación de prepandemia con algunos cambios menores. La posibilidad de que el retorno a clases se realice sin mayores mejoras respecto de lo que había antes de la pandemia es real si se tiene en cuenta el corto tiempo que falta para iniciar el año escolar 2022 . A medida que pasan los días ese tiempo se acorta para los directores y docentes a los que será más difícil empezar en las condiciones adecuadas. Los cambios de ministro y de otros funcionarios en el sector Educación han desestabilizado la gestión y más bien surgen nuevos anuncios que desalientan al magisterio. Por ejemplo, las nuevas autoridades han expresado la intención de modificar el currículo de la educación básica para que tenga énfasis regional y sea el producto de un proceso participativo, pero no se conocen versiones previas de la propuesta, tampoco si se están consultando los cambios. Además, se pregunta si no es tarde para aplicarlos pues se requiere aprobarlos, difundir sus alcances, adaptar los materiales educativos, capacitar, organizar las estrategias de acompañamiento y seguimiento respectivas. Al haberse vencido los plazos para tales tareas, insistir en ejecutarlos sería contraproducente. La recomendación es trabajarlos y evaluar su aplicación el 2023. Además, preocupa que los anuncios que se han hecho en materia curricular signifiquen el riesgo de retroceder en el objetivo de tener un currículo menos denso, más bien que preste más atención al trabajo interdisciplinar a la vez que la atención personalizada del estudiante. También esos anuncios podrían implicar una mayor carga de trabajo para profesores y estudiantes; en especial, más evaluaciones. La tendencia en el mundo es lo inverso; es decir, tender a trabajar con menos áreas formativas y que, sin que ellas pierdan su identidad, se de mayor espacio al trabajo por proyectos, estudios de caso, investigación y a una combinación exitosa y equilibrada de lo teórico, práctico y la formación actitudinal y en valores.

Retornar a la educación presencial plena que propone este Informe, no significa descuidar las estrategias que consideren el trabajo de determinadas actividades en el hogar; tampoco reducir los esfuerzos de impulso de las tecnologías digitales en las instituciones educativas. Son objetivos que deben mantenerse. Sin embargo, se insiste en que el gobierno cuente con un plan de desarrollo digital y de conectividad para la educación. Su falta impide canalizar las inversiones en proyectos que tengan el mayor impacto y evitar que respondan a una necesidad inmediata que no necesariamente podría serla en el mediano plazo o en un período mayor de tiempo. Siendo escasos los recursos disponibles, es indispensable invertirlos bien.

También se ha insistido en el fundamental papel que tendrán los docentes en el retorno a la educación presencial. En momentos de indefiniciones, son los llamados a ser el factor más importante ya que son los que conocen mejor la realidad de sus estudiantes y están en mejor capacidad de definir las estrategias más pertinentes de trabajo. Lo aconsejable sería que el Ministerio de Educación confíe más en ellos y en las escuelas. Como se ha insistido en otras ocasiones, hay que darles mayor espacio para decidir, disminuirles las demandas excesivas de información y ser muy asertivos en la atención de las necesidades de capacitación. Es sabido que su función principal de enseñanza requiere ser ampliada a campos como el socioemocional, la atención diferenciada, la priorización de aprendizajes, las nuevas didácticas, el manejo pedagógico de las tecnologías y el trabajo con las familias. Ellos necesitan ser más competentes en sus conocimientos de educación, de su especialidad y el enfoque por competencias. Más que capacitaciones masivas de dudoso impacto, hay que dirigirlas a los espacios de la institución educativa pues responden a las necesidades concretas de los estudiantes, contribuyen al trabajo en equipo y a un mayor compromiso institucional.

Queda siempre la deuda de la formación inicial docente. Sus directivos cambian permanentemente, lo que impide avanzar. Las demandas de su reforma van más allá de una propuesta de nuevos perfiles y programas de formación. Los institutos superiores pedagógicos y facultades de educación requieren ser evaluados y modernizados para tener posibilidades de enfrentar los nuevos retos. La gran mayoría de sus docentes están desprovistos de las capacidades requeridas, como también varios de los centros carecen del equipamiento indispensable. En tiempos en los que se han acelerado las tasas de retiro del servicio por la alta edad promedio del magisterio, acelerar esta reforma es indispensable. 

2022: ¿Oportunidad perdida?

Autor: Hugo Diaz Publicado: noviembre 30, 2021

El retorno a la enseñanza presencial se ha convertido en la mayor aspiración de la mayoría de sectores de la sociedad peruana luego de un cierto desencanto por los resultados obtenidos en dos años de educación remota. No se trata de descartar este tipo de enseñanza, pues la debilidad de su eficacia radicó en una implementación pobre e imprevista, lo que dio lugar a que los aprendizajes no mejoren luego de un progreso evidenciado en la última evaluación del Estudio Regional Comparativo y Explicativo -ERCE- (Unesco, 2019). Aumentaron las diferencias según estratos sociales y una preocupación de primer orden es el deterioro del desarrollo socio-afectivo de muchos estudiantes. Un problema no menor es cómo las indefiniciones, dudas y temores de las administraciones que enfrentaron la pandemia llevaron a dos años de cierre de los locales escolares y a poner en riesgo el futuro de toda una generación. ¿Qué llevó a las autoridades a tomar esas decisiones mientras que otros países, viviendo situaciones similares decidían el retorno a clases de sus estudiantes? Difícil encontrar una respuesta.

No todo fueron malas noticias. Hay tres campos en donde la pandemia está contribuyendo a repensar el sistema educativo. Ellos son:

1º Las tecnologías digitales son una apuesta indispensable en el sistema educativo, pero no hay que reposar solo en ellas. Allí donde existen capacidades hay que aprovecharlas y donde no se dan las condiciones es mejor buscar otras que más convengan. Al respecto, hay que interrogarse si la compra de un millón de tabletas para estudiantes más pobres el 2020 fue una medida acertada para escolares y padres que no contaban con las capacidades y apoyo suficiente para sacarles el mejor beneficio. El ejemplo descrito en el recuadro sobre la experiencia del Reino Unido lleva a pensar si el error no es el mismo. No quiere decir dejar de avanzar en dotar a todo ciudadano del nivel suficiente de empleo instrumental de las herramientas digitales y, en el sistema educativo, transferir capacidades para utilizarlas en la formación de todas las áreas curriculares y no solo de las competencias tecnológicas. En la educación básica el currículo nacional asume la Competencia 28 como transversal; no obstante, no se la evalúa con criterio transversal sino como competencia independiente del resto de áreas de formación, que tampoco consideran la competencia digital en sus evaluaciones. Es un aspecto que convendría revisar. 

Insuficiente optimismo sobre la transformación del sistema educativo luego de la pandemia

Wayne Holmes, experto en inteligencia artificial y profesor del University College de Londres, cree que cuando pase la pandemia se volverá a estar donde estábamos antes. Si bien hay mucho entusiasmo y expectativa, en realidad no está pasando nada. Es cierto que la digitalización es y será importante, pero no es una solución en sí misma, como tampoco su impacto será el esperado si no se hacen bien las cosas. Por ejemplo, se necesita contar con la infraestructura, para que los niños puedan trabajar en casa y conectarse. No cometer el error del Reino Unido, en donde durante la pandemia el Gobierno dio ordenadores portátiles a los alumnos que no los tenían, pero fue una iniciativa inútil, porque ni ellos ni sus padres accedieron a formación ni apoyo; no se les aseguró de que los portátiles tuvieran instalados los materiales adecuados, ni se les ofreció soporte informático. Es todo un ecosistema el que tiene que estar preparado. Y la formación de los docentes es la clave, como el que la parte dedicada a la compra de tecnologías no suponga más de la mitad de todo el presupuesto, pues la otra mitad debe ayudar a la gente a especializarse, a comunicarse entre sí. Si se coloca la tecnología en ese escenario, tal vez haya oportunidad de que funcione. Pero si simplemente se la coloca en la escuela, se conseguirá que solo algunos profesores realmente hábiles hagan algo asombroso, mientras el 98% restante no lo hará. Esa es la tragedia que ya hemos visto antes (Diario El País, 05-11-2021)

2º Las prioridades de formación de los educandos deben revisarse. La preocupación en la educación básica ha estado siempre centrada en la comprensión lectora, matemática y, en menor medida ciencias. Sin embargo, la pandemia ha mostrado que existen capacidades a las que hay que prestar especial dedicación y sobre todo monitorear sus logros; es el caso del pensamiento crítico, el aprendizaje autónomo, la ciudadanía y los valores, las digitales, el aprender a aprender y otras indispensables para actuar en una sociedad globalizada y en permanente cambio.

3º En la educación básica, la institución educativa y el docente son irremplazables pero es la ocasión para fortalecer sus roles, tanto en esa etapa educativa como en la educación superior. Hay consenso en que la tecnología y la educación remota pueden ser un valioso complemento, pero no sustitutos en la educación básica. En la educación superior y la formación profesional debería cobrar mayor importancia en algunas áreas y momentos de la formación. En tanto, urge solucionar los problemas que afectan su eficacia e impactos; es el caso de la falta de conectividad, la insuficiencia de buenas plataformas y materiales, la resistencia al cambio y la edad promedio de los docentes. 

El retorno a las escuelas en marzo 2022

El retorno masivo a la educación presencial a partir de marzo del 2022 se aguarda con expectativa a la vez que con cierto desconcierto. No se cuenta con un planteamiento explícito de lo que será la política educativa a seguir. Solo se ha abierto la posibilidad de que en marzo los estudiantes regresen a clases, aunque no está muy claro si, como hasta ahora, se insistirá en que la asistencia de escolares se limitará a dos días en la semana y cuatro horas por día o si habrían otras opciones.

La alternativa de retorno bajo un modelo cien por ciento presencial es crecientemente adoptada por la mayoría de países y se aguarda que el Perú siga esa tendencia. Además de aumentar los niveles de logro de aprendizajes y frenar el aumento de problemas socioemocionales, hay razones poderosas que justifican esta recomendación; entre las más importantes están las siguientes:

  1. La semipresencialidad implica esfuerzos enormes de implementación para los que el sistema educativo no está suficientemente preparado. Para que sea efectiva hay que implementarla bien, lo que implica superar problemas de financiamiento y de gestión para tener a tiempo lo que se requiere para su funcionamiento adecuado en un sistema educativo que descuidó mucho su desarrollo digital. Además, varias de las condiciones que aseguran su implementación no están definidas faltando un mes para acabar el año escolar y tres meses para iniciar el nuevo año escolar. Las orientaciones pedagógicas para el 2022 han debido aprobarse en octubre o noviembre, los procesos de adecuación de los locales escolares van lentos y los concursos para contrato y nombramiento de docentes se han suspendido.
  2. Es iluso esperar que todas los locales escolares estén en las mejores condiciones para empezar. Lo que hay que aspirar es cumplir con los protocolos sanitarios y ejecutar previamente las medidas indispensables relacionadas, por ejemplo, con los servicios higiénicos, el distanciamiento, la ventilación y la disponibilidad de artículos para la limpieza y desinfección. Al respecto, facilitaría revisar algunas normas que se exigen para el retorno a las escuelas. La distancia de 1,5 metros entre estudiantes sigue siendo excesiva y poco realista. En otros países es, en promedio, de un metro. De otro lado, la norma sobre desinfección emitida por el Ministerio de Salud, además de ser costosa también es difícil de cumplirse, menos aún tratándose de instituciones educativas alejadas y donde las empresas certificadoras de desinfección no pueden llegar. Si no se cumple en otras actividades como en los supermercados, los cines o restaurantes, ¿por qué exigirla en las instituciones educativas?
  3. Para marzo 2022, los progresos de la vacunación cubrirían a la población de 12 años para adelante. Es un factor clave para la obligatoriedad del retorno y disminuir el temor de algunos docentes y de padres de familia de enviar a los estudiantes a la escuela.
  4. El monitoreo realizado en las pocas instituciones que han retornado a la educación presencial indica que no representa mayor riesgo de contagio. Siempre y cuando se preste atención a cumplir con los protocolos sanitarios y las recomendaciones de uso de las infraestructura.

El desafío académico

Los problemas para el retorno van más allá de los aspectos sanitarios y de infraestructura. El más urgente en cuanto a definiciones es el académico: saber si el sistema educativo será capaz de aprovechar la oportunidad que se le presenta para realizar cambios significativos en su marcha o si mayoritariamente se volverá a la situación de prepandemia con algunos cambios menores. La posibilidad de que el retorno a clases se realice sin mayores mejoras respecto de lo que había antes de la pandemia es real si se tiene en cuenta el corto tiempo que falta para iniciar el año escolar 2022 . A medida que pasan los días ese tiempo se acorta para los directores y docentes a los que será más difícil empezar en las condiciones adecuadas. Los cambios de ministro y de otros funcionarios en el sector Educación han desestabilizado la gestión y más bien surgen nuevos anuncios que desalientan al magisterio. Por ejemplo, las nuevas autoridades han expresado la intención de modificar el currículo de la educación básica para que tenga énfasis regional y sea el producto de un proceso participativo, pero no se conocen versiones previas de la propuesta, tampoco si se están consultando los cambios. Además, se pregunta si no es tarde para aplicarlos pues se requiere aprobarlos, difundir sus alcances, adaptar los materiales educativos, capacitar, organizar las estrategias de acompañamiento y seguimiento respectivas. Al haberse vencido los plazos para tales tareas, insistir en ejecutarlos sería contraproducente. La recomendación es trabajarlos y evaluar su aplicación el 2023. Además, preocupa que los anuncios que se han hecho en materia curricular signifiquen el riesgo de retroceder en el objetivo de tener un currículo menos denso, más bien que preste más atención al trabajo interdisciplinar a la vez que la atención personalizada del estudiante. También esos anuncios podrían implicar una mayor carga de trabajo para profesores y estudiantes; en especial, más evaluaciones. La tendencia en el mundo es lo inverso; es decir, tender a trabajar con menos áreas formativas y que, sin que ellas pierdan su identidad, se de mayor espacio al trabajo por proyectos, estudios de caso, investigación y a una combinación exitosa y equilibrada de lo teórico, práctico y la formación actitudinal y en valores.

Retornar a la educación presencial plena que propone este Informe, no significa descuidar las estrategias que consideren el trabajo de determinadas actividades en el hogar; tampoco reducir los esfuerzos de impulso de las tecnologías digitales en las instituciones educativas. Son objetivos que deben mantenerse. Sin embargo, se insiste en que el gobierno cuente con un plan de desarrollo digital y de conectividad para la educación. Su falta impide canalizar las inversiones en proyectos que tengan el mayor impacto y evitar que respondan a una necesidad inmediata que no necesariamente podría serla en el mediano plazo o en un período mayor de tiempo. Siendo escasos los recursos disponibles, es indispensable invertirlos bien.

También se ha insistido en el fundamental papel que tendrán los docentes en el retorno a la educación presencial. En momentos de indefiniciones, son los llamados a ser el factor más importante ya que son los que conocen mejor la realidad de sus estudiantes y están en mejor capacidad de definir las estrategias más pertinentes de trabajo. Lo aconsejable sería que el Ministerio de Educación confíe más en ellos y en las escuelas. Como se ha insistido en otras ocasiones, hay que darles mayor espacio para decidir, disminuirles las demandas excesivas de información y ser muy asertivos en la atención de las necesidades de capacitación. Es sabido que su función principal de enseñanza requiere ser ampliada a campos como el socioemocional, la atención diferenciada, la priorización de aprendizajes, las nuevas didácticas, el manejo pedagógico de las tecnologías y el trabajo con las familias. Ellos necesitan ser más competentes en sus conocimientos de educación, de su especialidad y el enfoque por competencias. Más que capacitaciones masivas de dudoso impacto, hay que dirigirlas a los espacios de la institución educativa pues responden a las necesidades concretas de los estudiantes, contribuyen al trabajo en equipo y a un mayor compromiso institucional.

Queda siempre la deuda de la formación inicial docente. Sus directivos cambian permanentemente, lo que impide avanzar. Las demandas de su reforma van más allá de una propuesta de nuevos perfiles y programas de formación. Los institutos superiores pedagógicos y facultades de educación requieren ser evaluados y modernizados para tener posibilidades de enfrentar los nuevos retos. La gran mayoría de sus docentes están desprovistos de las capacidades requeridas, como también varios de los centros carecen del equipamiento indispensable. En tiempos en los que se han acelerado las tasas de retiro del servicio por la alta edad promedio del magisterio, acelerar esta reforma es indispensable. 

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