Antes de diseñar cualquier proceso de formación docente en competencias digitales, hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿desde dónde parte cada profesor? No todos están en el mismo lugar, y eso importa.
El programa "Comprometidos con la educación" junto al Centro de Innovación para la Educación Brasileña (CIEB), creó una herramienta de autoevaluación que parte exactamente de ahí. No es un examen ni una evaluación externa: es un cuestionario de 23 preguntas, organizado en tres áreas —pedagogía, ciudadanía digital y desarrollo profesional— que ayuda a cada docente a ver con más claridad qué está haciendo con la tecnología en su práctica diaria y qué podría mejorar.
Los resultados se presentan en cinco niveles: desde una etapa inicial de exposición, donde la tecnología casi no aparece en el aula, hasta una etapa de transformación, donde el docente la usa de forma innovadora y la comparte con otros. Lo interesante es que el informe no se queda en el diagnóstico: sugiere recursos y orientaciones concretas para seguir avanzando.
La apuesta por la autoevaluación tiene una lógica clara. Cuando un docente entiende bien sus propios puntos ciegos, la formación que recibe le llega distinto, le resulta más útil. Y cuando esos datos se agregan a nivel de sistema, también sirven para tomar mejores decisiones de política educativa. En Brasil, por ejemplo, la información recogida por esta herramienta terminó siendo la base para crear laboratorios de experimentación tecnológica que hoy son política del Ministerio de Educación.
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