[Infografía] ¿Qué es la competencia mediática?

Por: Julio César Mateus.

Un reciente artículo de León Trahtemberg llama nuevamente la atención sobre la urgencia con que se debe desarrollar la competencia mediática en la escuela. Cita un estudio de investigadores de la Universidad de Stanford que revela

“la incapacidad de los estudiantes para razonar sobre la información que ven en internet, diferenciar artículos de publicidad, reconocer de dónde viene la información, o mostrar algún reparo o escepticismo frente a un artículo que proponía planes de financiamiento familiar escrito por un ejecutivo del banco auspiciador. Muchos no se fijan en los auspiciadores de los artículos para juzgar la credibilidad de lo que leen”.

La finalidad de la competencia mediática es desarrollar en cada persona capacidades suficientes para interactuar con los medios de forma crítica y creativa: sea consumiendo o produciendo contenidos, que es lo que hacemos todo el tiempo cuando compartimos una noticia en un medio social o cuando vemos una serie televisiva, por ejemplo. Lo mediático, por lo tanto, incluye los dispositivos y plataformas digitales más modernas, como Facebook o los celulares “inteligentes”, pero también los medios de comunicación “tradicionales”, como la radio, la prensa o el cine. Todos son parte de un mismo ecosistema.

Existen muchos marcos que explican teóricamente la competencia mediática. Algunos se caracterizan por poner mayor énfasis sobre algún elemento (como la competencia informacional o la competencia audiovisual) y otros que han logrado más fama y fortuna (como la competencia digital). Esta dispersión de propuestas se produce, entre otras razones, porque el entorno de los medios (ese ecosistema) es inestable. Las tecnologías de la comunicación cambian todo el tiempo, creando necesidades y habilidades nuevas y desfasando otras. Pero, como hemos dicho, importa menos discutir cuál es el mejor marco que empezar a aplicar alguno en la escuela.

En 2012, los profesores Joan Ferrés y Alejandro Piscitelli publicaron una propuesta de competencia mediática validada por 50 expertos internacionales.  Entre otras virtudes, este marco integra todos los medios y aborda los planos del análisis y la expresión. Es una propuesta adaptable y flexible, pues, como dicen los autores, “si el mundo de la comunicación mediática está en proceso de transformación constante, también habrá que transformar de manera constante las aproximaciones educativas al mismo”. Además, incluye aportes de la neurociencia —usualmente desatendidos en estos marcos–, porque “de poco sirve el análisis de la significación de un mensaje si no va acompañado del análisis del efecto que produce en la persona que se enfrenta a él”.

En la siguiente infografía resumimos las seis dimensiones que componen la competencia mediática, según Ferrés y Piscitelli. El desarrollo extenso de la propuesta está publicado en este artículo. Los invitamos a revisarla y compartir con nosotros sus inquietudes y experiencias de aplicación en el aula.

COMPETENCIA MEDIÁTICA (2)

Educación mediática: proteger y promover

Los medios de comunicación históricamente han generado miedo. Es natural temer a lo desconocido y, en el caso de los medios, lo desconocido siempre fue predecir sus impactos. Dudo que Mark Zuckerberg, mientras imaginaba el Facebook con sus colegas, imaginara que en unos años tendría que defenderse ante una comisión del Congreso de los Estados Unidos preocupada por el poder de su creación para distorsionar procesos electorales y afectar la privacidad de más de dos mil millones de personas.

Por esa incertidumbre sobre sus impactos, la idea de enseñar sobre medios de comunicación en la escuela ha pasado varias etapas, condicionadas por las tecnologías dominantes en cada una y el contexto social en que se desarrollan. Pero como todo en la historia, lejos de haberse superado, estas etapas, y las ideas que las acompañan, conviven con plena vigencia y definen el sentido que tiene –o debería tener– educar(nos) mediáticamente en la escuela (y fuera, claro).

Inicialmente, la educación mediática estuvo basada en la noción de que los medios influyen de forma definitiva en las personas. Era el auge de una famosa teoría de la “aguja hipodérmica”, que explicaba el poder de los medios sobre las personas a partir del fenómeno de la propaganda bélica en las guerras mundiales. La tesis era simple: los medios “inyectan” sus ideas en sujetos débiles que no oponen resistencia, logrando manipularlos. Se decía entonces –y se sigue diciendo ahora– que los medios representan un riesgo para la moralidad y que nos persuaden ideológicamente. Esta fase dio pie al llamado modelo proteccionista, que se interesó por crear mecanismos de control y debatir el rol de los medios en la sociedad.

Con la masificación de nuevos medios, como la televisión, se empezó a creer en ellos también como una oportunidad (antes había ocurrido tímidamente con el cine y la radio). Sea porque facilitan la educación a distancia (lo que empezaba a constatarse en experiencias de teleducación) o porque nos permiten aprender diferentes maneras de acceder e intercambiar información, este nuevo sentido de la educación mediática está marcado por la capacidad de leer e interpretar sus mensajes de forma autónoma. El modelo promotor de los medios busca desarrollar capacidades críticas en las personas. Sin negar la importancia de la regulación de los contenidos, enfatiza las formas como los ciudadanos nos apropiamos de los medios  para promover una cultura de colaboración y exigir mayores estándares de calidad.

Ambos modelos conviven y se actualizan a partir de nuevas situaciones comunicacionales, como la del Facebook y la privacidad de la que hablamos al inicio. A decir de diversos expertos, estamos en una fase mixta, que combina la protección y la promoción. Para José Manuel Pérez Tornero, hay que incorporar el poder creativo de los usuarios (las más de 300 horas de video que subimos cada minuto a Youtube son una demostración de ello). Sobre todo en un momento de la historia en que los medios se han hecho más sociales y convergentes entre sí. En suma, son imprescindibles los marcos que regulen e incentiven la calidad de los medios, así como la promoción de un uso responsable y creativo de los mismos. ¿Qué estamos haciendo en la escuela para desarrollar estas capacidades? Temer o desconocer los efectos de los medios no es la mejor razón para evitar asumir esta responsabilidad que tenemos como maestros. 

Texto de Julio César Mateus.

[Video] Dieta mediática y burbuja informativa

La gastronomía es un tema imprescindible para los peruanos. La defendemos con orgullo y discutimos sobre ella con mucha pasión. La consideramos el parangón de la variedad y la calidad. Sin embargo, hay una dieta que no goza de la misma reputación: la mediática. Al igual que con la comida, si no cuidamos nuestros hábitos de consumo de medios podríamos estar en riesgo. ¿En qué consiste la dieta mediática y por qué es importante desarrollar hábitos saludables hacia ella? Es una de las preguntas que Rodrigo responderá en este tercer video de la serie Educación Mediática.

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