¿Educar es “curar contenido”?

Curar contenido consiste en seleccionar y comentar contenido proveniente de diferentes fuentes, teniendo en cuenta su originalidad, reputación y veracidad. Por ejemplo: noticias, artículos, imágenes y cualquier mensaje que encontremos en los medios. De esta forma, el curador de contenidos actúa como lo haría el “discjockey” o DJ para una radio, como un chef en su cocina, o en términos educativos, como los maestros en la creación y diseño de currículos de estudios. ¿Qué beneficios tiene y en qué ámbitos es útil?

En tiempos de exceso de información, inmediatez de transmisión de datos y noticias falsas, la curación de contenido toma un lugar importante en los entornos digitales. Teniendo en cuenta que existe demasiado por ver en la web, es necesario enfocarse con mayor ahínco en la gestión de la información presente. La curación de contenido se emplea desde sitios de internet especializados (como este blog) hasta los perfiles de celebridades y políticos en redes sociales, e incluso, nuestras propias cuentas sociales.

Si bien es ideal, generar nuevas piezas de datos no siempre se cuenta con el tiempo y recursos necesarios. La ventaja de esta actividad es que ahorramos el gasto de energía y trabajo en crear contenido interesante o novedoso. Del mismo modo, ayuda a crear alianzas o posicionarnos en el entorno en el que queremos estar presentes. Asimismo, no siempre estamos a la vanguardia de cuanto tema o conocimiento aparezca. Por lo tanto, es vital apoyarnos en información creada por expertos en sus respectivas áreas.

¿Qué rol tiene la curación de contenidos en la educación? Justamente, orientar los contenidos en línea hacia aprendizajes positivos y útiles puede ayudar a una mejor experiencia y crecimiento de los estudiantes y profesores. Tengamos en cuenta que hoy, más que enfatizar el aprendizaje memorístico, debemos enfocarnos en desarrollar habilidades de gestión y búsqueda. Los trabajos de investigación, por ejemplo, son un ejercicio de curación de contenido excelente. ¿Qué fuentes son fiables? ¿Qué puedo agregar a lo que ya se ha dicho?

A tomar en cuenta: la curación de contenido no solamente se refiere a la recolección de fuentes, sino al comentario y aporte que podemos hacer en base a esta selección.

Más sobre curación de contenido: El fenómeno de los booktubers: ¿qué podemos aprender los educadores?

[Herramienta] ¿Cómo enseñar a los niños a identificar fake news?

Google espera mejorar las competencias mediáticas de los niños a través de su programa gratuito “Be Internet Awesome”.

Internet es tan útil como peligroso, en tan solo unos segundos podemos llegar a encontrar aquello que buscamos, o nuestras peores pesadillas. Siendo los dispositivos móviles de uso tan corriente, y cada día más entre los menores, es necesario que ellos también tengan las herramientas para protegerse y navegar de manera segura.

Con esto en mente, Google lanzó en 2017 la plataforma “Be Internet Awesome”, o “Sé genial en Internet”, y está diseñado para usuarios de 8 a 12 años, aunque puede adaptarse a otras edades.  Mediante el juego, se busca enseñar las claves para utilizar la web sin problemas. Hace unas semanas, reforzó el programa con módulos nuevos, centrados en competencias mediáticas y las fake news. 

La plataforma funciona en cualquier dispositivo con conexión a internet, sin necesidad de registro previo, y está diseñado para que cualquier profesor pueda tomarlo y usarlo en clase

Fuente: Google
Fuente: Google

Para ello, los alumnos podrán ingresar a Interland, una aventura gráfica en que se enfrentarán a lecciones sobre seguridad digital en cuatro mini-juegos. Los juegos buscan reforzar cuatro áreas, tales como: “compartir con cuidado”, “no caer en trampas”, “proteger tus secretos”, “ser amable es genial”, “si tienes dudas, pregunta”.

Asimismo, para los docentes y padres de familia, Google ofrece un plan de estudios gratuito para acompañar el aprendizaje y juego de los estudiantes. Este programa plantea empezar por el plan de estudio y luego reforzarlo con el juego.

Puedes ingresar de manera gratuita a la plataforma “Sé genial en Internet” aquí; entrar al juego “Interland” aquí; y leer el plan de estudios aquí.

“Corremos el riesgo de que la información de calidad deje de ser un bien público”, entrevista a Sílvia Majó-Vázquez, del Reuters Institute

Por: Julio César Mateus (@juliussinmundo)

Sílvia Majó-Vázquez es investigadora postdoctoral en el Instituto Reuters de la Universidad de Oxford. Sus áreas de trabajo incluyen el comportamiento de las audiencias, la estructura de las noticias digitales y los roles de los medios de comunicación en ese contexto. En esta entrevista nos explica cómo vienen cambiando las prácticas informativas y qué riesgos enfrenta la privatización de la información y el auge de noticias falsas.

Hoy tenemos muchas fuentes de noticias. ¿Esto ha beneficiado la pluralidad informativa o seguimos consumiendo los mismos medios?

Si hablamos de Internet, nuestros datos confirman que sí existen dietas informativas más diversas entre segmentos específicos de la población. Los medios que existían antes de Internet siguen atrayendo la mayoría de la audiencia. Sin embargo, Internet da lugar a dietas en las que también se incluyen los medios digitales que no tienen una versión offline, y los “medios nicho”, aquellos que además de haber nacido en Internet tocan temas muy específicos como el medio ambiente, la política parlamentaria o los desarrollos tecnológicos. En nuestros estudios vemos además que estas dietas más diversas tienen efectos positivos, como repercutir en una agenda pública más diversa.

¿Cómo podemos explicar esta pluralidad de consumo informativo?

Para explicar esta diversificación hay que tener en cuenta cómo la gente accede a las noticias ahora. Según datos del Reuters Institute el 23% de la audiencia online usa principalmente las redes para acceder a las noticias. Sabemos que el consumo de noticias en redes sociales, especialmente en Twitter, pero también en Facebook, es más diverso de lo que se tiende a pensar. Esto se explica, entre otros motivos, primero porque en redes sociales la gente tiende a tener relaciones más diversas que en el mundo físico, y por lo tanto también accede a noticias, recomendadas por estos contactos, más diversas. Otro motivo es que en las redes sociales la audiencia es menos hábil a la hora de identificar las fuentes de información y puede acabar consumiendo noticias de un medio que a priori no compraría en el kiosko o no vería en televisión.

Puedes conocer más sobre Silvia en su página web o en este enlace del Reuters Institute.
Sílvia estudió Periodismo, tiene un Máster en Análisis político y un Doctorado en Sociedad de la Información y el Conocimiento.

¿Cuáles son los medios sociales más importantes para el consumo de noticias? Ahora la tendencia es que este consumo se haga más “invisible” a través de los medios de mensajería como Whatsapp. 

Las redes sociales, principalmente Facebook, representan la principal entrada a noticias para el 23% de la audiencia. Junto con los buscadores (24%), como Google, y los agregadores (6%), son ya la principal entrada a noticias en Internet por delante del acceso directo (32%). Sin embargo, como dices, el consumo a través de aplicaciones de mensajería crece. Según nuestros datos, un 15% de la población ya consume noticias por Whatsapp –media de 12 países incluyendo España, Estados Unidos o Italia–.

¿Qué peligros nos trae el auge del consumo de noticias a través de aplicaciones de mensajería

Los retos de esta nueva realidad son muchos, pero lo más preocupante es que los investigadores estamos muy limitados a la hora de estudiar qué está pasando. ¿Cómo consumen los ciudadanos noticias en Whatsapp? ¿Qué tipo de noticias consumen y quién las produce? Preguntas como estas y otras no las podemos responder con datos observados porque no podemos acceder a estos espacios –por ser privados, a diferencia de otras redes sociales–.

La suscripción pagada a medios informativos está creciendo. ¿A qué se debe? 

En efecto, crece el porcentaje de gente que estaría dispuesta a donar a un medio de comunicación. Por ejemplo en España el 28%, según el Digital News Report, estaría dispuesto a hacerlo. Sin embargo, actualmente, solo alrededor de un 2 o 3% dona dinero a un medio de comunicación. Son los más jóvenes, menores de 45 años, los más dispuestos a contribuir económicamente a la actividad de un medio. Los motivos, según los datos del Reuters Institute, son variados, pero tienen en común la toma de consciencia que la buena información tiene un coste. Frente al auge de las noticias falsas, una parte de la audiencia es consciente de que los medios de calidad, necesitan ser financiados para elaborar información. Los ciudadanos además expresan su temor a que solo una parte de la población, aquella que puede pagar subscripciones a medios de calidad, pueda tener información confiable.

¿Hay un riesgo de privatizar el derecho a la información?

Corremos el riesgo de que la información de calidad deje de ser un bien público al alcance de todo el mundo en Internet. Justamente Alan Rusbridger, el exeditor de The Guardian en el Reino Unido, habla de esto en su último libro. Y hace un alegato para seguir garantizando que los ciudadanos, todos, puedan acceder a información de calidad.

Otro asunto que preocupa es el de las noticias falsas, que hoy parece una práctica estándar en procesos electorales y políticos. ¿Cómo reaccionan los medios al respecto?

Los medios de los países que recientemente han vivido elecciones importantes han hecho un gran trabajo para combatir la difusión de noticias falsas. México lanzó Verificado en 2018; en Brasil lanzaron Comprova antes de la victoria de Bolsonaro. Mucho antes en Francia ya se había lanzado CrossCheck, en 2016, para hacer frente a las noticias falsas que iban a aparecer durante las elecciones presidenciales. A estos esfuerzos se unen las propias iniciativas internas de cada medio para formar a sus periodistas y fortalecer sus sistemas de defensa frente a la difusión de noticias falsas. Y también, las iniciativas como FirstDraft para dotar a periodistas de todo el mundo de formación y herramientas para hacer frente a este problema real o el incremento de fact-checkers independientes que están haciendo un trabajo muy necesario. En España un ejemplo sería el caso de Maldito Bulo.

Antes de Internet las organizaciones periodísticas eran las responsables de verificar y contrastar las fuentes. Ahora somos los propios usuarios los que cumplimos esas tareas. ¿Qué opina sobre esto?

La alfabetización mediática debería haber formado parte de los currículos educativos desde hace mucho tiempo. Ya antes de Internet. Ahora, se toma más consciencia de su importancia, y esto es algo positivo. Sin embargo la sofisticación de las estrategias de desinformación en Internet, lo que se conoce como deep fakes, nos obliga a redoblar los esfuerzos para formarnos todos. Y es importante que se tome consciencia real desde el sector público de la necesidad de abordar este problema con recursos y a través de la educación reglada y no reglada.

Puedes conocer más sobre Silvia Majó-Vázquez en este enlace del Reuters Institute. 

El periodismo también educa (o debería)

¿Tienen alguna relación la baja calidad de la oferta educativa y periodística en el Perú? Mucha. Cuando se refieren a la crisis de la educación, los periodistas apuntan a las escuelas y a los maestros, pero no pasa lo opuesto. ¿Por qué? Por un lado, porque muchos de los propios periodistas construyen un discurso moralista que los ubica como fiscales y jueces de todo cuanto pasa. Por el otro, porque el papel e impacto de los medios –parte de la educación mediática en la que tanto insistimos– son asuntos que no suelen abordarse en el aula. Entonces, sin herramientas para criticar la calidad de una noticia es fácil acostumbrarnos al nivel pobre del periodismo farandulero que convierte la información de todo tipo en un espectáculo insulso.

Así es lógico que olvidemos –o no nos hayamos enterado– que el sistema educativo tiene más actores que los alumnos, los docentes o los padres. Actores como los periodistas, cuyo impacto en la educación es notable al ser los responsables de producir la información que consumimos todo el tiempo y que constituye la materia prima de muchas de nuestras decisiones cotidianas: desde por quién votar, qué alimentos consumir o hasta juzgar quién miente. Esa información, desde luego, está cargada de una promesa mínima: haber sido contrastada con rigor. Pero ya ni eso. La información devino para la mayoría de nuestros periodistas en algo parecido a la opinión. Y acaso, porque la opinión sin argumento ni evidencia, puede ser un bostezo o un eructo, pero no una opinión.

El auge de los medios sociales rompió el esquema emisor-receptor que por décadas brindó al trabajo periodístico el poder singular y exclusivo de elegir aquello que era noticia de lo que no. Es decir, de definir la información a partir de las cual formamos nuestras ideas del mundo. Hoy, que cualquier ser humano con acceso a internet produce y reproduce noticias, lo hace siguiendo, para mal, muchos de los vicios de aquellos profesionales teóricamente formados para evitarlos. Los periodistas son importantes y lo serán más en el futuro, sobre todo en un contexto donde las realidades son construidas por encargo a punta de noticias falsas.

Por esto resulta importante insistir en el rol del periodista en nuestra educación. Denunciar a quienes abjuran su misión de buscar la verdad, y a quienes canjean la romántica bandera de la objetividad –utópica, pero imprescindible– por la bandera de la popularidad, conseguida a punta de clickbaits, chismes, pruebas filtradas o el más burdo intercambio de favores. Sobre todo en un contexto mundial donde mueren dos periodistas por semana en países como Afghanistán, México o Brasil tratando de hacer bien su trabajo, según el más reciente reporte de la UNESCO sobre Libertad de Expresión, confirmando el alto riesgo que conlleva su práctica y el impacto concreto que tienen sobre la sociedad.

Así como el educativo, el problema periodístico no está únicamente en los profesionales que lo ejercen, sino en el entorno en el que viven: un sistema precario que explota y exige inmediatez sacrificando pulcritud; económicamente concentrado y poco plural, que genera conflictos de interés a partir de la publicidad de la que depende; y también en institutos y universidades que han renunciado a la formación humanística y ética reemplazándola por talleres que ofrecen trucos para conseguir mayor audiencia o técnicas para sacar una declaración prefabricada.

A pesar de la mirada pesimista, vemos trincheras importantes en el país donde la investigación sigue siendo la columna vertebral del quehacer informativo. La crisis periodística no es solo peruana, desde luego, pero mal de muchos es consuelo de tontos. Sí es más notoria en otras realidades más desarrolladas la mirada autocrítica y la búsqueda de alternativas: movimientos como el periodismo de soluciones, que propone alternativas a partir de evidencia (en lugar de solazarse en la queja); o el periodismo ciudadano, que busca la deliberación pública incluyendo a los ciudadanos en la producción de las noticias (y no para ahorrarse el trabajo); o el periodismo lento, que toma su tiempo en prepararse y ofrece, además de rigurosidad, calidad estética (que nos devuelve el placer de informarnos, así sea sobre temas agrios y complejos).  

Los periodistas que necesitamos para mejorar nuestra educación no son los que lloran en cámaras para mostrar su indignación ni menos los que hacen llorar a sus entrevistados para lograr un primer plano morboso. Son los que hacen de su indignación una oportunidad para permitirnos entender a fondo una realidad y su contexto. Tampoco son los que amenazan con una cámara escondida ni invaden el espacio privado abusando de su poder. Los periodistas que necesitamos, más bien, son profesionales autónomos convencidos de su responsabilidad educadora. Personas que, como los maestros, construyan con su trabajo cotidiano una relación de confianza con las personas a las que sirven. Y la escuela, por cierto, debe jugar su papel enseñándonos a contrastar la información, a seleccionarla y valorarla, a buscar nuevas fuentes más allá de las que siempre piensan como nosotros; a producirla, ahora que es tan fácil, buscando una verdad que no sea solo la nuestra o la que mejor se nos acomoda.  

Texto de Julio César Mateus

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