Espejos difíciles: ficciones audiovisuales en el aula

Por: Giancarlo Cappello (*)

Cuando estudiaba en la universidad, una alumna reclamó al profesor de cine por proyectar El imperio de los sentidos, de Nagisa Oshima. Usó la palabra pornógrafo y aseguró que le tomaría meses sacudirse de aquellas imágenes perturbadoras. Años más tarde fui testigo del disgusto de un alumno ante la película peruana La boca del lobo, acusándola de “proterrorista” por ocuparse solo del bando militar. Y hace algunas semanas, dos alumnas protestaban porque las series Mad Men y Breaking Bad les parecían celebraciones encubiertas de la infidelidad, la doble moral y porque “enseñan a hacer drogas”.

Aunque aparecen como casos aislados, estos comentarios sirven para reflexionar sobre el papel de la ficción en el aula y la vida cotidiana. Las historias forman parte del mundo cognoscitivo y afectivo de las personas porque promueven las miradas subjetivas e intervienen en aspectos éticos y prácticos. Tanto se ocupan de lo social como de lo individual y, en ese proceso, exponen los varios pliegues de identidad, de realidad y de diferencia que existen. Pero las historias no sancionan ni validan actos o comportamientos. Al contrario, son una forma sutil de cuestionar nuestra -en apariencia- virtuosa presunción de lo que está bien.

En general, el hechizo del arte no reside en su capacidad de convencimiento o disuasión, sino en la posibilidad que ofrece a cada cual para conocer(se). De ahí que sea posible observar que la reacción ante ciertas ficciones guarde no un miedo a la verdad –los maestros no la tienen-, sino al autodescubrimiento. El poeta y teórico literario Kenneth Burke decía que las historias son metáforas de la vida, porque saben sintetizarla de manera simbólica. Y de ahí, también, que muchas veces resulten espejos difíciles del alma que cargamos, capaces de revelar la medida justa de nuestras cuitas y asepsias vitales.

Así como no existen demiurgos que deciden qué historias deben filmarse con intención doctrinaria –sobre todo porque se trata de una industria que necesita de la validación de la audiencia-, las historias tampoco operan como agujas hipodérmicas que inoculan ideas en la cabeza de las personas. Cierto es que corresponde a los docentes medir los efectos que podrían generar algunos contenidos y ponderarlos o, mejor aún, discutirlos, pero lejos estamos de tener que enfrentarlos con las anteojeras clericales y fascistas que asumían que ciertos textos debían censurarse para evitar estragos en poblaciones incautas que pudieran abrazar la perversión, la insurrección y el asesinato. Si ése fuera el caso, hoy solo sobrevivirían los ágrafos, ajenos a las tragedias con incestos de Lope de Vega y las manducaciones humanas del Titus Andronicus de Shakespeare.

Hoy que se discute la educación clásica -enfocada en un alfabetismo pragmático, de carácter disciplinario y preventivo a fin de contener e integrar a los futuros trabajadores del sistema-, las ficciones tienen muchas cosas que decir en aras de una educación que persiga la realización de personas críticas y libres. Por ejemplo, acerca de las diferencias, de la variedad, de la tolerancia, del bien y del mal, todas materias pendientes y aplazadas quizá por demasiado tiempo.

cappello(*) Giancarlo es guionista y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima, donde investiga para el Instituto de Investigación Científica (IDIC). Magíster en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado el libro Una ficción desbordada. Narrativa y teleseries (2015).

Retina Latina: 3 películas peruanas que nos invitan a mirar a nuestro alrededor

El cine nos ofrece ventanas a otros mundos, oportunidades de sentirnos presentes en realidades que, de otra forma, no conoceríamos. Si bien la industria del cine peruano está en formación y constante crecimiento, la aproximación en la escuela a lo que se realiza en el país podría aprovecharse mejor.

En el capítulo “Qué hacemos con el cine en el aula”, del libro Educar la mirada (Dusell y Gutiérrez, 2006, Buenos Aires: Ed. Manantial), Diana Paladino explica que hoy la proyección de películas está social e institucionalmente aceptada, aunque los docentes tienen aún dificultades para la selección de las películas. Esto se vincula, desde luego, con una formación inicial de los docentes que aún no contempla el cine ni los medios de comunicación en general como componente fundamental. En ese sentido, la autora nos invita a

reinstalar el cine en el imaginario escolar y pensarlo como algo más que un simple recurso didáctico. Si logramos abrir esta posibilidad e integrarlo con otras áreas de estudio (en función a su valor como documento de época, como emergente cultural, como obra artística, como medio de comunicación de masas y también, por qué no, como entretenimiento) estaremos encaminándonos (p. 144).

Como invitación a mirar al otro, las películas nos permiten ponernos en la piel de personas que viven de maneras distintas a uno. Les recomendamos algunas películas disponibles de manera gratuita (solo requiere registrarse) en el portal Retina Latina. Esta página ofrece acceso a docenas de películas de Latinoamérica, y está respaldada por el Ministerio de Cultura del Perú, así como otras instituciones de la región.

Puedes ver las películas en los enlaces que siguen:
unnamed
1. Chicama de Omar Forero (2012) 75 min
Protagonizada por César, un profesor de colegio público que va a enseñar a un pueblo remoto de la sierra peruana.

 

 

 

unnamed-1
2. Palos y risas de Nelson García Miranda (2016) 50 min

Documental sobre un policía que trabaja en una zona atacada por la violencia y crimen. Sin embargo, este policía se transforma en Trampolín, un alegre payaso que trae un panorama distinto a niños y adultos de la localidad.

 

 

unnamed-2


3. El zorro enamorado de la luna de Jimy Carhuas Tintaya (2012) 3 min

Cortometraje animado sobre un zorro que busca llegar a la Luna, ensimismado por su belleza. Busca ayuda en sus amigos y otros animales, pero nadie le muestra el camino. 

 

 

 

Lea más: Entrevista a Beatriz Cisneros, directora del primer festival de cine para niños, niñas y adolescentes de Perú

Series de TV en el aula: por una educación emocionante

Por: Julio César Mateus.

La tele es más que una caja tonta. Sobre todo por muchas de sus series, comparables con las mejores obras literarias. Ese oasis de calidad en la pantalla chica se sostiene en nuevas formas de narrar, pero también de consumirla. Los expertos dicen, incluso, que vivimos una nueva edad dorada. Plataformas de distribución (y producción) como Netflix —de la cual el Perú es el tercer país en el mundo con más usuarios diarios— han reconfigurado la idea del espectador pasivo: hoy buscamos en el momento que preferimos productos adecuados a nuestros intereses.

Por eso, la oferta ha sabido enriquecerse. Y muchos de nosotros, gracias a Internet, hemos hallado espacios virtuales para encontrar pequeños tesoros audiovisuales. Disponemos de series que tratan asuntos históricos o polémicas contemporáneas, temas científicos o conceptos filosóficos, pero siempre bajo una lógica de entretenimiento que nos permite educarnos sin que nos demos cuenta. (En este artículo, por ejemplo, se presentan 15 series perfectas para explicar la ciencia). Entonces, ¿qué pasaría si los docentes tomáramos estos productos valiosos y los trajéramos al aula?

La resistencia de muchos sobre la estupidez que provee la televisión está justificada: pero la televisión no se limita a los realities que ridiculizan, a los escándalos prefabricados o a los chismes de los programas de farándula. Hay otros productos que sí destacan precisamente por su valor estético y narrativo; que nos enganchan emocionalmente haciéndonos vivir situaciones que, bien aprovechadas, resultan altamente educativas. Y resolverían, con ello, uno de los más grande retos docentes: hacer que los contenidos trasciendan el espacio de la escuela, que los alumnos se interesen y apropien de esas historias para, a partir de ellas, ir desarrollando conocimiento. Eso lo puede conseguir con creces una gran teleserie.

Usualmente los medios audiovisuales han ingresado al aula como ejemplos para ilustrar ciertos temas, pero no es suficiente el rol ejemplificante. Además de usar el relato televisivo como un complemento, habría que emplearlo como una “excusa afectiva para los aprendizajes”. Ya muchos profesores en el mundo han empezado a explotar las cualidades de las series para diseñar asignaturas con ellas de protagonistas. En ellos abordan temas que, bajo esquemas de enseñanza convencional, resultarían aburridos o densos. En estos artículos (artículo 1, artículo 2 y artículo 3) contamos experiencias concretas de clases que tienen en las series sus mejores recursos. Si bien la mayoría corresponden al nivel universitario, nada impediría diseñar experiencias para los niveles anteriores.

La educación mediática, en lo que hemos venido diciendo, cumple otra vez un rol importante al educar nuestra mirada. Mientras más críticos somos, nos convertimos en mejores usuarios. Y ser mejor usuario significa subir la valla de exigencia de lo que consumimos y de lo que queremos consumir. Pero, como dice Joan Ferrés, “para que la educación mediática influya en las experiencias de interacción con las pantallas es imprescindible que influya en la gestión de las emociones que generan estas pantallas”. Las aulas del colegio son un excelente escenario para desarrollar esta idea.

A todos nos gustan las historias. Son parte de nuestro ADN cultural. A través de ellas explicamos fenómenos y reproducimos costumbres y discutimos nuestra sociedad. Hoy, excelentes narrativas están en las series. Nos preguntamos entonces si es posible diseñar una sesión de clase que seduzca a través de la ficción, que capitalice personajes y líneas narrativas para generar inmersión en uno o varios temas del currículo. ¿Se pueden cruzar objetivos pedagógicos con narrativas comerciales desprovistas de intención educativa? Creemos que sí, pero es necesario experimentar, investigar y discutir.

El próximo jueves 5 abordaremos este tema en una edición de Mayéutica, el ciclo de charlas que propaga ideas innovadoras sobre TIC en educación. Participarán los expertos Omar Rincón, de Colombia, y Juan Manuel Auza, de Perú. Como dice la convocatoria: “la educación no puede estar ajena a las modas y procesos culturales a los que están expuestos los niños y niñas fuera de la escuela. Más bien, es una oportunidad para reflexionar sobre ellas y aprovechar su contenido rico en temáticas y puntos de vista para integrarlo en el aula”.

La charla se podrá ver en vivo a las 17.00 (hora de Lima) o en diferido a través de este enlace: http://educared.fundaciontelefonica.com.pe/mayeutica/ ¡Nos vemos allí!

El Mundial de la Educación Mediática

Por: Julio César Mateus.

Los Mundiales de Fútbol son acontecimientos emocionantes, qué duda cabe. ¡Solo la final de Brasil 2014 fue vista por más de mil millones de personas! Ahora que la selección peruana volvió a participar en uno es notoria la ilusión general. En muchos colegios del país, cuando los horarios coincidan con los partidos, probablemente se organicen actividades para disfrutarlos. Pero estos eventos deportivos son también una oportunidad perfecta para conocer otras culturas y explotar la enorme cantidad de información que recibimos por los medios. Es importante, entonces, desarrollar propuestas didácticas que aterricen en el aula (como estas orientaciones pedagógicas [ejemplo 1, ejemplo 2] u otras iniciativas elaboradas para desarrollar un proyecto de Matemática, abordar las funciones del lenguaje o trabajar la prevención del bullying, por ejemplo).

Desde el primer campeonato mundial de 1930, en Uruguay, el fútbol ha cambiado en sus reglas, los estilos de juego y en la industria que genera a su alrededor. Cada país le aporta un sello de identidad. Igualmente, la educación mediática tiene orígenes remotos, aunque su desarrollo no ha sido tan impactante ni conocido, como cuenta este artículo. En algunos países, la educación mediática sí ha logrado adentrarse en el imaginario docente y calar en los proyectos educativos nacionales; en la mayoría, sin embargo, sigue siendo el resultado de grupos entusiastas.

Los inicios de la educación mediática se remontan a la década del 20 del siglo pasado, precisamente a Rusia, sede del actual Mundial. Allí se fundaron organizaciones de maestros y aficionados con el fin de promover el análisis del cine. Sufrieron, sin embargo, represión de la dictadura estalinista, lo que marca una constante en todos los regímenes autoritarios, interesados en controlar los contenidos de los medios. Ocurrió lo mismo en el Perú durante las dictaduras de Velasco Alvarado –con la expropiación de los medios y los comités de censura– y de Fujimori –con los “diarios chicha” y la compra de líneas editoriales–. Aún hoy, en democracia, se debaten proyectos de dudosa finalidad en este sentido. La educación mediática representa, de muchas maneras, el tipo de formación que un estado quiere darle a sus ciudadanos.

Otro país pionero de la educación en medios es Francia, donde también desde 1920 se celebran eventos en favor de la educación audiovisual, una de las marcas distintivas de su modelo educativo. Es importante notar que su modelo promueve el desarrollo del espíritu crítico, así que aquello que denominan educación crítica de los medios resulta muy coherente con esa finalidad. Los galos cuentan con un Centro de Enlace entre la Educación y los Medios de Comunicación que promueve coincidencias entre los sectores educativo y mediático, además de una producción audiovisual de reconocida calidad.

Gran Bretaña y, por extensión histórica y cultural, Canadá y Australia, también son importantes puntos de referencia. Aunque su enfoque inicial fue proteger a los estudiantes de la influencia de los medios, luego tomaron distintos rumbos traducidos en políticas públicas que impactaron en la formación inicial docente y el diseño de cursos escolares específicos. Por otro lado, Finlandia, país con reconocida calidad educativa, impulsa la formación de “pedagogos mediáticos, asesores que visitan las escuelas para orientar a sus colegas sobre la mejor forma de integrar los medios y trabajar con ellos en clase transversalmente.

El éxito de los países que mejor desarrollan la educación mediática está en el sistema que han logrado construir (conformado por institutos, consejos audiovisuales, universidades y organizaciones sociales) y la claridad con sus objetivos formativos. Es este sistema el que promueve la corresponsabilidad educativa de los medios al tiempo que garantiza y preserva su pluralidad y calidad.

Como vemos, en el fútbol y en la educación mediática cada país cuenta con una tradición propia, directamente vinculada con su identidad. Los países latinoamericanos, de gran arraigo futbolero, tienen en este sentido una deuda con la educación de medios, a pesar de haber cultivado una riquísima tradición a la que nos referiremos en otro post. Por lo tanto, así como nos llena de orgullo ver a nuestra selección de fútbol en la élite de los mejores países, deberíamos tener el mismo entusiasmo por ver a nuestros estudiantes en la élite de la educación mediática. Solo así les ganaremos el partido a la desinformación del periodismo basura, a la paupérrima calidad de nuestra tele y reclamaremos una industria de medios que, hasta ahora, solo parece un “sueño mundialista”.

Cine, creación y emoción: la experiencia de Lúdica

En varios países de Europa existen diversas organizaciones, públicas y privadas, interesadas en promover la educación audiovisual entre los niños y adolescentes. En el Perú, Lúdica es una de las contadas experiencias que se sostienen en el tiempo. Fue creada el 2009 por Vanessa Perales y Josué Chávez, comunicadores de la Universidad de Lima y másteres en Comunicación y Educación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Su interés por el cine y la educación tiene una historia anterior, como nos cuentan en este artículo.

Josué: A los 7 años recibí de las manos de mi padre una cámara Video 8. Él no supo que desde ese instante mi vida cambiaría, o tal vez sí lo supo y quiso empoderarme sin hacer mayor aspaviento. Cada vez que tenía esa cámara en las manos surgía una nueva historia y por alguna razón mis primos, tíos y cualquiera que se me cruzara aceptaba la invitación para participar de mis cortometrajes.

Vanessa: En mi caso fue alrededor de los 7 años también, pero yo me encontré con el teatro antes que con el cine, fue una función que combinaba la video proyección, voces que se reproducían en off y la historia de una familia disfuncional, con algunos efectos especiales en vivo que semejaban disparos. Ese día, cuando mis papás me llevaron, tampoco supieron que habían sembrado la semilla más potente, la de la emoción.

Cuando fundamos Lúdica tuvimos un primer objetivo: lograr que los participantes de nuestros cursos utilicen los medios activamente para crear contenidos a través del lenguaje audiovisual desarrollando así sus habilidades técnicas y pensamiento crítico. El curso básico los retaba durante 3 meses a realizar 4 cortometrajes en distintas técnicas (stop motion, chroma key, etc.), pasando por la elaboración de guiones hasta la postproducción de sus trabajos.

Durante las horas de esfuerzo y trabajo en equipo, cuando nuestros pequeños estudiantes buscaban las mejores formas de contar sus historias iniciamos un aprendizaje paralelo. Notamos que ya no se trataba de obtener conocimiento técnico, sino de alcanzar competencias humanas.

A veces nos olvidamos del verdadero propósito de la educación o, incluso, de la tecnología. Son herramientas para ser mejores seres humanos. Pero no podemos lograrlo si no permitimos que el otro se empodere, proponga y hasta se equivoque en el proceso de creación.

Y es que la creación conlleva emoción y la emoción vuelve indeleble el aprendizaje. Su etimología nos lo explica claramente: emoción viene del latín emotio, que significa “motor”, “moverse hacia”. Como señala el profesor Joan Ferrés, las emociones mueven, mientras que los pensamientos sólo lo hacen si están conectados con las emociones y consiguen activar el cerebro emocional. El reto, refuerza el autor, es aprender a convertir la emoción en reflexión, a aprovechar la capacidad movilizadora de las emociones para activar la racionalidad y ejercitarse en actividades integradoras, en las que la emoción y razón se impliquen y se necesiten mutuamente.

La tecnología les da a los chicos de Lúdica la oportunidad de tener un punto de vista y representarlo, y aunque con los años muchos de nuestros alumnos decidieron dedicarse profesionalmente al mundo audiovisual y otros no, podemos decir con seguridad que nunca se olvidarán de la importancia del trabajo en equipo, el esfuerzo y el poder que reside en ellos para expresar lo que piensan y sienten.

Que la tecnología no sea sinónimo de desconexión humana, sino que funcione más bien de estrategia, recurso didáctico o herramienta pedagógica para conectar alumnos y docentes en la generación de contenidos propios impregnados de emoción, siendo esta la excusa perfecta para la reflexión y trabajo en equipo. ¡Manos a la obra!

Conoce más de Lúdica en su página web, su sitio en Facebook y su canal de YouTube 

Entrevista a Hugo Coya: “Teníamos que construir el espacio que no existe en la televisión privada”

TV Perú es el canal del Estado. Junto con Radio Nacional y Radio La Crónica conforman el Instituto de Radio y Televisión del Perú (IRTP), creado en 1996 para difundir contenidos educativos, informativos, culturales y de esparcimiento a nivel nacional. Conversamos con Hugo Coya, periodista, escritor y profesor universitario, quien fuera hasta hace unos días su presidente ejecutivo y promoviera, desde ese rol, importantes cambios. Aquí un balance de su gestión.

¿Qué encontraste a tu llegada a la presidencia de IRTP?
Llegamos el 6 de agosto del 2016 y nos encontramos con un Instituto cuya estructura y sistema de producción no tenían un correlato con la evolución que el país había sufrido. No sólo en la parte burocrática, sino en la forma de aproximarse al público. Te lo digo en cifras para darte una idea: TV Perú llega al 90 % del territorio nacional. Es, de lejos, la mayor cadena de televisión en el país. No hay ninguna emisora privada que se le acerque. Esto responde a que el Estado invirtió en la instalación de antenas, pero no en la calidad de los contenidos. Otro de los grandes problemas era que el promedio de audiencia era de 0.5 al mes y el público objetivo, de acuerdo a distintos estudios, era de 55 años a más. Es decir, éramos líderes en el segmento de 60 años, que no es el mayoritario ya que este es un país joven.

¿Por qué casi nadie veía TV Perú?
Simplemente porque los contenidos y la forma de concebir la televisión se habían quedado congelados en el tiempo. Se ofrecían contenidos con la creencia de que la televisión educa y que el televidente es un receptor pasivo que no interactúa. Eso condiciona mucho la forma en que tú te aproximas al espectador. Lo primero que hicimos cuando llegamos fue cambiar la programación. Incorporamos una serie de programas, como “La hora de los niños”. Los programas infantiles habían desaparecido por razones comerciales de toda la televisión peruana. Debido, en parte, a los cuestionamientos que hay sobre el uso de niños para promocionar determinados productos de comida chatarra. Pensamos que no era posible que la televisión pública no tuviera un espacio para ellos. Teníamos que construir el espacio que no existe en la televisión privada. Eso no significa colocar dibujitos para que los niños se entretengan. Nuestra propuesta fue brindar entretenimiento con algún tipo de contenido que los aproxime a una realidad nacional.

Fue muy reconocida la creación de noticieros en lenguas originarias.
Sí, se incorporó una serie de contenidos que han sido muy bien acogidos por la mayoría de la población, como los noticieros “Ñuqanchik”, en quechua y “Jiwasanaka”, en aymara. Hemos sido especialmente cuidadosos de reflejar la diversidad cultural y étnica. La televisión peruana de las primeras décadas, parecía española o sueca. No la estoy despreciando, pero no reflejaba la realidad. La gente ahora se siente más cercana porque los que aparecen en la televisión son más parecidos a ellos.

¿Qué resultados consiguieron?
Sextuplicamos la audiencia (pasamos al 4,8 y 4,9%). Eso significa que hay un público potencial, pero al que hemos logrado acercarnos más. Y lo hemos conseguido rehuyendo los clásicos formatos y contenidos de la TV privada. Tenemos Ipe, el canal para niños y jóvenes que se sustenta en el entretenimiento con contenido cultural, educacional, pero no con el formato “profesor que dicta la clase”. Buscamos que el televidente interactúe, de modo que trabajamos mucho con las redes sociales que antes estaban divorciadas de la televisión.

¿Es un problema el presupuesto con que cuenta TVPerú?
El principal problema es la falta de autonomía económica. Enunciativamente somos autónomos. Como es lógico, al aumentar la audiencia aumentó la publicidad. Ahora tenemos publicidad, pero ese dinero no se queda aquí, sino que se va al Ministerio de Economía. Tenemos tandas comerciales en algunos programas (otros, por su naturaleza, no la tienen). La diferencia entre nosotros y el resto es que nuestras tandas comerciales no exceden los 3 minutos.

Hablaste de Ipe, el canal juvenil. ¿Cuál es el balance?
Ipe ha sido el principal artífice para la reducción de la edad del público objetivo. Bajamos más de 15 años. Por momentos fuimos líderes gracias a IPE. El día del censo (22 de octubre, declarado de inamovilidad) colocamos toda la mañana dibujos animados y programas para niños y tuvimos una audiencia por encima de varias televisoras comerciales. Tampoco es que el rating nos haya quitado el sueño, pero de nada vale que con los pocos recursos que nos da el Estado hagamos productos para que nos elogie la crítica, pero que no vea nadie.

¿Hay demanda para producciones educativas? Hay un gran vacío de ellas en el país.
Hay una gran demanda contenida porque la televisión comercial ha copado todos los espacios. Si tú vieras la cantidad de gente que viene con propuestas. Muchas de las cuales yo creo que debería estar en televisión abierta…

El IRTP ha sido parte del Ministerio de Educación y luego de la Presidencia del Consejo de Ministros. Hoy, que es parte del Ministerio de Cultura, ¿cómo aporta al desarrollo de otras industrias culturales?
He participado directamente en la elaboración del proyecto de Ley de Cinematografía que está actualmente en el Congreso. Allí se ha incorporado la posibilidad de que las televisoras públicas participen como coproductores de documentales y películas, por ahora el IRTP solo puede hacer televisión y radio. Por ejemplo, hay un súper proyecto que está dirigiendo Javier Corcuera sobre Javier Heraud, él nos pidió trabajarlo con TVPerú, pero no estamos autorizados legalmente. Confío en que esto cambie con la aprobación de la Ley. Podría ayudarnos a abrir el abanico para no sólo hacer producción desde Lima, sino apoyar contenidos educativos, culturales en diferentes partes del país.

¿Se ha podido descentralizar la producción?
Mayoritariamente los programas de TVPerú se hacen en Lima. Algunos en Piura y Arequipa. El 2018 proyectamos otros en Huancayo y Cusco, que tendrán programas propios. La idea fue trabajar para tener programación separada y dirigida. La producción en quechua se va a ampliar y este 3 de enero de 2018 estrenamos el primer programa a nivel nacional en la historia de los medios de comunicación del Perú en lengua asháninca. La idea era que culturalmente se enriquezcan con sus propios contenidos.

¿Y también es la idea que estos programas se vean en Lima?
Los de quechua y aimara, sí porque son lenguas nacionales. Si yo pongo un programa en shipibo, es probable que haga referencias a animales y cuestiones que no existen en la costa. Para ello trabajaremos con un equipo interdisciplinario y multilingüístico.

¿Y cómo responde la audiencia en las regiones?
El crecimiento de la audiencia se reflejó en provincias y sobre todo en las zonas donde el poblador no es mayoritariamente blanco. En Puno, Cusco y Cajamarca conseguimos ser líderes. Le ganamos a la televisión comercial ese espacio simple y llanamente porque se sienten conectados. El señor que aparece en la pantalla es igual a mí y puede sentir o saber lo que siento yo. Hicimos un casting en provincias para los equipos de los noticieros y el primer requisito era que la lengua materna sea el idioma en el cual se informen, porque el idioma condiciona la forma en que construyes y reconstruyes el mundo. Lo que para nosotros es un cerro y no tiene mayor importancia, para otros es un apu y tiene connotaciones mágicas religiosas.

Esa visión intercultural tan compleja y necesaria…
Sí. Por ejemplo, hicimos un documental acerca de un puente colgante, que se lo llevó la BBC (“Big cities”). Totalmente en quechua y dirigido por quechuablantes. Era sobre la construcción de un puente hecho por la propia comunidad y cómo fue su experiencia. Le pusimos subtítulos en castellano y en inglés. Desde la fotografía era diferente hasta la forma en que estuvo narrado y el lenguaje audiovisual también. Luego estuvimos trabajando programas de música regional, conducidos no por modelos que lean un prompter, sino por músicos de las regiones.

Usualmente criticamos la calidad de la oferta y no de la demanda. ¿Crees que tenemos una demanda poco calificada?
Durante muchísimos años nos hemos acostumbrado a que los niveles de exigencia televisiva sean menores. “No pues, es peruano”, dicen menospreciando la calidad de lo que nosotros producimos. Somos un país mediano que tiene posibilidades de producción. Lo mismo pasa con el cine. Tenemos que cambiar el chip del público. Es un proceso lento. Yo ponía documentales a las siete de la noche y tenía que competir con “Esto es Guerra” y “Combate”, donde estaban todos semicalatos y agarrándose a golpes. Tratamos en lo posible de que sea algo más entretenido y el público vaya descubriendo que existen alternativas. Más que educar, habría que reeducarnos porque en el Perú durante años nos hemos dedicado a ver lo mismo.

¿Cuál debe ser la contribución de TVPerú al sistema educativo?
Yo no creo que la televisión eduque por sí sola, pero sí creo que ayuda a crear determinados estereotipos y a reforzar determinadas formas de pensar. La educación es mucho más compleja y amplia de lo que puede ser un programa de televisión. Un estudio de Concortv afirma que es la cuarta actividad más común entre los peruanos. Pasamos alrededor de 3 horas y media al día viendo televisión. No considero que sustituya a la educación tradicional. Puede ayudar a reforzar. La televisión es el medio que, por su propia naturaleza, integra.

¿Estás satisfecho con tu gestión? ¿Qué quedó pendiente?
Creo que hemos dado algunos pasos como el lanzamiento de la señal internacional, los programas en lenguas originarias, la pluralidad, los programas culturales dedicados al arte, la literatura, la ciencia, etc. Sin embargo, considero que los ciudadanos peruanos quienes, en efecto, deben responder esta pregunta. En mi caso, solo me sentiré satisfecho el día que en este país poseamos una televisión y radio públicas de calidad, aquellas que nos merecemos. Medios de comunicación públicos que reflejen nuestra grandeza. Solo así podré decir que lo realizado hoy valió la pena.

Entrevista realizada por: Julio César Mateus (Foto: Gilmar Pérez / Revista Caretas)

Suscríbete
close slider
Suscríbete a Nuestro Boletín

 

Loading
X