Televisión, sostenibilidad y bienestar subjetivo en el Perú

Por: Mònica Guillen Royo (*)

Es bastante común considerar que un uso intensivo de la televisión es perjudicial para el bienestar ya que invita a una vida sedentaria, al consumo de comida basura y reduce el tiempo disponible para el ejercicio físico, las relaciones sociales, las tareas de cuidado o de voluntariado. Además, los contenidos de las principales cadenas de televisión parecen enfatizar el lujo, el consumismo, la popularidad y en pocas ocasiones los programas de mayor audiencia están centrados en valores como la cooperación, la realización personal y la conservación del entorno natural. Todos esos factores apuntan a que un uso intensivo de la televisión (superior a las dos horas y media), es perjudicial tanto para las generaciones presentes (los espectadores actuales) y para las generaciones futuras (los que recibirán las consecuencias de las actividades de los espectadores actuales) y puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo sostenible y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

El estudio Television, Sustainability and Subjective Wellbeing in Peru, publicado recientemente en la revista científica Social Indicators Research, investiga la relación entre el consumo de televisión y el bienestar y las actitudes sostenibles en una muestra de 500 peruanos de distritos tan distintos como Miraflores, Breña, Huaycan (Ate Vitarte), Huancayo y Acostambo. Los resultados presentados en la publicación se basan en el análisis cuantitativo de los datos obtenidos a través de una encuesta no representativa implementada en el 2011 que reflejaba la composición de edad y de género en dichos distritos según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2007.

El estudio muestra que, en el Perú, como en otros países del mundo, a mayor consumo televisivo menos importancia se da a estilos de vida que contribuyen a la conservación y a la mejora del entorno natural. La razón de esta relación negativa recae principalmente en el énfasis que tanto los programas de mayor audiencia como la publicidad presente en la mayoría de canales comerciales ponen en valores relacionados con el dinero, el lujo y el consumismo. Esta influencia sobre los valores de las personas también reduce su capacidad de estar satisfechos con la vida, ser felices y sentirse vitales y enérgicos.

El consumo de televisión no es necesariamente un factor negativo para el desarrollo sostenible siempre y cuando se reduzca o limite la cantidad de mensajes materialistas. Esto puede conseguirse vía regulación estatal, impuestos a la publicidad y a través de programas educativos sobre el consumo responsable de medios audiovisuales. En el año 2016 el Consejo Consultivo de Radio y Televisión del Perú indicaba que un 48% de los niños y niñas encuestados no habían sido enseñados a analizar y comentar lo que veían en televisión. La encuesta solo abarcaba 18 ciudades peruanas y no contemplaba la posible menor instrucción sobre medios audiovisuales de las zonas peri-urbanas y rurales del país. Además de reducir la exposición a mensajes materialistas, podría ser conveniente realizar reuniones periódicas entre las diferentes partes, desde cadenas televisivas a representantes de padres de alumnos y de la población rural, por ejemplo, para revisar el contenido de la información medioambiental que se transmite a través de las cadenas de televisión.

En muchas ocasiones, el medioambiente es objeto de discusión en relación a conflictos violentos relacionados con la actividad extractiva en el Perú. Presentarlo en positivo, enfatizando las cualidades de los hábitats naturales y las oportunidades económicas para generaciones presentes y futuras de las actividades de conservación podría ser una excelente vía para garantizar una contribución positiva de la televisión al bienestar de peruanas y peruanos.

monica guillen royo(*) Investigadora del Centro para la Tecnología, Innovación y Cultura, Universidad de Oslo, Noruega. Es Licenciada en Economía y Máster en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (Cataluña), Máster en Investigación y Doctora por la Universidad de Bath (Reino Unido). Más sobre la autora en este enlace.

[Infografía] ¿Qué es la competencia mediática?

Por: Julio César Mateus.

Un reciente artículo de León Trahtemberg llama nuevamente la atención sobre la urgencia con que se debe desarrollar la competencia mediática en la escuela. Cita un estudio de investigadores de la Universidad de Stanford que revela

“la incapacidad de los estudiantes para razonar sobre la información que ven en internet, diferenciar artículos de publicidad, reconocer de dónde viene la información, o mostrar algún reparo o escepticismo frente a un artículo que proponía planes de financiamiento familiar escrito por un ejecutivo del banco auspiciador. Muchos no se fijan en los auspiciadores de los artículos para juzgar la credibilidad de lo que leen”.

La finalidad de la competencia mediática es desarrollar en cada persona capacidades suficientes para interactuar con los medios de forma crítica y creativa: sea consumiendo o produciendo contenidos, que es lo que hacemos todo el tiempo cuando compartimos una noticia en un medio social o cuando vemos una serie televisiva, por ejemplo. Lo mediático, por lo tanto, incluye los dispositivos y plataformas digitales más modernas, como Facebook o los celulares “inteligentes”, pero también los medios de comunicación “tradicionales”, como la radio, la prensa o el cine. Todos son parte de un mismo ecosistema.

Existen muchos marcos que explican teóricamente la competencia mediática. Algunos se caracterizan por poner mayor énfasis sobre algún elemento (como la competencia informacional o la competencia audiovisual) y otros que han logrado más fama y fortuna (como la competencia digital). Esta dispersión de propuestas se produce, entre otras razones, porque el entorno de los medios (ese ecosistema) es inestable. Las tecnologías de la comunicación cambian todo el tiempo, creando necesidades y habilidades nuevas y desfasando otras. Pero, como hemos dicho, importa menos discutir cuál es el mejor marco que empezar a aplicar alguno en la escuela.

En 2012, los profesores Joan Ferrés y Alejandro Piscitelli publicaron una propuesta de competencia mediática validada por 50 expertos internacionales.  Entre otras virtudes, este marco integra todos los medios y aborda los planos del análisis y la expresión. Es una propuesta adaptable y flexible, pues, como dicen los autores, “si el mundo de la comunicación mediática está en proceso de transformación constante, también habrá que transformar de manera constante las aproximaciones educativas al mismo”. Además, incluye aportes de la neurociencia —usualmente desatendidos en estos marcos–, porque “de poco sirve el análisis de la significación de un mensaje si no va acompañado del análisis del efecto que produce en la persona que se enfrenta a él”.

En la siguiente infografía resumimos las seis dimensiones que componen la competencia mediática, según Ferrés y Piscitelli. El desarrollo extenso de la propuesta está publicado en este artículo. Los invitamos a revisarla y compartir con nosotros sus inquietudes y experiencias de aplicación en el aula.

COMPETENCIA MEDIÁTICA (2)

El fenómeno de los booktubers: ¿qué podemos aprender los educadores?

Por: José Miguel Tomasena (*)

Cuando supo que me convertí en booktuber para estudiar a los booktubers, un conocido me dijo: “Qué interesante. Hace unas semanas le recomendé Sherlock Holmes a mi hija adolescente y me mandó al diablo. Días después vio el video de un booktuber que hablaba bien de él y me rogó que se lo comprara”.

El comentario ilustra uno de los aspectos fascinantes del fenómeno, de honda importancia para instituciones educativas (en su sentido más amplio) como la familia, la escuela y las bibliotecas (donde las hay): que hay un desplazamiento de los espacios sociales en los que los jóvenes aprenden a valorar determinadas obras y construyen una cultura literaria.

Como ha dicho Gema Lluch (2017) en ¿Cómo leemos en la sociedad digital? Lectores, booktubers y prosumidores, este movimiento forma parte de un cambio de paradigma en el ecosistema del libro juvenil, producto de una generación de lectores marcados por la saga de Harry Potter, la emergencia de Amazon y el encuentro con otros lectores en foros online, blogs y redes sociales.

“El autor y la editorial empezaron a dirigirse directamente al lector, dejando fuera del circuito de lectura al mediador (docente, bibliotecario, padres), es decir, idearon campañas de promoción de los libros fuera de los escenarios tradicionales, trasladándolas a Internet”. (p. 31)

Los booktubers han construido comunidades de jóvenes apasionados por diferentes tipos de libros, que pueden ser juveniles, de terror, clásicos victorianos o feministas, etc., consiguen miles de vistas en sus videos, comentarios en sus perfiles de Instagram; se convierten en influencers capaces de catapultar las ventas de un libro.

En el entorno de nuestros países latinoamericanos, caracterizado por la pobreza y la desigualdad social, las industrias culturales frágiles, la brecha digital y la precariedad juvenil, esto suena como un milagro. Un milagro pequeñito, si se le compara con otras comunidades de youtubers como los gameplayers, las vloggers de belleza, de fitness o de entretenimiento. Pero gigante si se les compara con la escala de las industrias del libro y nuestros índices de lectura.

Las instituciones alrededor han reaccionado a este desplazamiento con distintas estrategias: las bibliotecas públicas (donde las hay) los invitan a dar talleres de promoción de la lectura; las editoriales les regalan libros, los invitan a conocer a sus autores preferidos, organizan concursos de video-reseñas y a los más populares los ha convertido en autores dirigidos al público juvenil; los autores auto-publicados los acosan con la esperanza de que una mención lo saque del anonimato que impone la sobreabundancia; y las ferias del libro los incluyen en sus programas para que abarroten sus salas de presentaciones.

En ocasiones, estas relaciones se han establecido en un diálogo respetuoso; en otras han derivado en procesos de cooptación (en el sentido de que imponen las lógicas y motivaciones externas a los chicos).

¿Y las escuelas qué tienen que decir? ¿Cuál es su papel? ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestra mediación, a nuestra herencia, como formadores de ciudadanos informados, críticos, cultos?

El fenómeno booktube es una oportunidad maravillosa para docentes, padres, madres y todos los involucrados en la gestión y la innovación educativa. Pero antes de querer meter la mano donde nadie nos necesita, debemos detenernos a conocer y admirar un fenómeno fascinante para pensar qué podemos aprender y ofrecer. De esto voy a hablar el próximo jueves 5 de abril, como parte del ciclo Mayeutic@ de Fundación Telefónica Perú.

José Miguel Tomasena(*) Colaborador del blog. José Miguel es escritor, filósofo, profesor univeritario y candidato a doctor en Comunicación. Ha publicado la novela La caída de Cobra (Tusquets, 2016). Para conocer más sobre él, visita su página web.

Cine, creación y emoción: la experiencia de Lúdica

En varios países de Europa existen diversas organizaciones, públicas y privadas, interesadas en promover la educación audiovisual entre los niños y adolescentes. En el Perú, Lúdica es una de las contadas experiencias que se sostienen en el tiempo. Fue creada el 2009 por Vanessa Perales y Josué Chávez, comunicadores de la Universidad de Lima y másteres en Comunicación y Educación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Su interés por el cine y la educación tiene una historia anterior, como nos cuentan en este artículo.

Josué: A los 7 años recibí de las manos de mi padre una cámara Video 8. Él no supo que desde ese instante mi vida cambiaría, o tal vez sí lo supo y quiso empoderarme sin hacer mayor aspaviento. Cada vez que tenía esa cámara en las manos surgía una nueva historia y por alguna razón mis primos, tíos y cualquiera que se me cruzara aceptaba la invitación para participar de mis cortometrajes.

Vanessa: En mi caso fue alrededor de los 7 años también, pero yo me encontré con el teatro antes que con el cine, fue una función que combinaba la video proyección, voces que se reproducían en off y la historia de una familia disfuncional, con algunos efectos especiales en vivo que semejaban disparos. Ese día, cuando mis papás me llevaron, tampoco supieron que habían sembrado la semilla más potente, la de la emoción.

Cuando fundamos Lúdica tuvimos un primer objetivo: lograr que los participantes de nuestros cursos utilicen los medios activamente para crear contenidos a través del lenguaje audiovisual desarrollando así sus habilidades técnicas y pensamiento crítico. El curso básico los retaba durante 3 meses a realizar 4 cortometrajes en distintas técnicas (stop motion, chroma key, etc.), pasando por la elaboración de guiones hasta la postproducción de sus trabajos.

Durante las horas de esfuerzo y trabajo en equipo, cuando nuestros pequeños estudiantes buscaban las mejores formas de contar sus historias iniciamos un aprendizaje paralelo. Notamos que ya no se trataba de obtener conocimiento técnico, sino de alcanzar competencias humanas.

A veces nos olvidamos del verdadero propósito de la educación o, incluso, de la tecnología. Son herramientas para ser mejores seres humanos. Pero no podemos lograrlo si no permitimos que el otro se empodere, proponga y hasta se equivoque en el proceso de creación.

Y es que la creación conlleva emoción y la emoción vuelve indeleble el aprendizaje. Su etimología nos lo explica claramente: emoción viene del latín emotio, que significa “motor”, “moverse hacia”. Como señala el profesor Joan Ferrés, las emociones mueven, mientras que los pensamientos sólo lo hacen si están conectados con las emociones y consiguen activar el cerebro emocional. El reto, refuerza el autor, es aprender a convertir la emoción en reflexión, a aprovechar la capacidad movilizadora de las emociones para activar la racionalidad y ejercitarse en actividades integradoras, en las que la emoción y razón se impliquen y se necesiten mutuamente.

La tecnología les da a los chicos de Lúdica la oportunidad de tener un punto de vista y representarlo, y aunque con los años muchos de nuestros alumnos decidieron dedicarse profesionalmente al mundo audiovisual y otros no, podemos decir con seguridad que nunca se olvidarán de la importancia del trabajo en equipo, el esfuerzo y el poder que reside en ellos para expresar lo que piensan y sienten.

Que la tecnología no sea sinónimo de desconexión humana, sino que funcione más bien de estrategia, recurso didáctico o herramienta pedagógica para conectar alumnos y docentes en la generación de contenidos propios impregnados de emoción, siendo esta la excusa perfecta para la reflexión y trabajo en equipo. ¡Manos a la obra!

Conoce más de Lúdica en su página web, su sitio en Facebook y su canal de YouTube 

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