“Es lamentable que la escuela renuncie al relato y al entretenimiento como recursos y contenidos”. Entrevista a Joan Ferrés

Entrevista de Maria-José Masanet y Julio César Mateus publicada en el libro Lectoescritura digital, editado por el Ministerio de Educación y Formación Profesional de España. Puede descargar el libro gratis en este enlace.

El doctor Joan Ferrés es uno de los referentes de la educación mediática en Iberoamérica. Ha sabido combinar su formación como maestro y como experto en el área de las ciencias de la información y la comunicación audiovisual para tender puentes originales entre la razón y emoción en la experiencia educativa. Ha sido director editorial, guionista, realizador y productor de material didáctico y autor de numerosas publicaciones donde interpela el mundo de la pedagogía a partir de estrategias publicitarias como la persuasión, la subliminalidad y los relatos–. En esta entrevista, Ferrés revisa de manera crítica las oportunidades que se abren a la lecto-escritura desde esa mirada integradora y sinérgica que desde hace muchos años defiende y que dan a su obra un matiz tan original como provocador.

¿Son los medios de comunicación una buena herramienta para el desarrollo de la lecto-escritura?

Entiendo que hoy tanto los mass media como los social media son o deberían ser una excelente oportunidad para optimizar cualquier contenido educativo y, por lo tanto, deberían tener también un papel relevante como herramienta para el desarrollo de la lecto-escritura. Y ello por diversos motivos. Ante todo, por su potencialidad seductora, porque atraen, porque fascinan, porque forman parte del medio ambiente en el que están sumergidas las nuevas generaciones de estudiantes y sobre todo porque forman parte de las realidades que les apasionan. También, a otro nivel, porque, aunque el ciberespacio es cada vez más audiovisual, sigue siendo un espacio de comunicación multimodal, un espacio que incorpora e integra una multiplicidad diferenciada de códigos y de formas de expresión y, por lo tanto, incorpora también la lecto-escritura. Y a menudo la incorpora en unos productos que tienen un componente lúdico y que, en consecuencia, tienen un gran potencial educativo.

¿Qué papel puede jugar el fanfiction en este contexto?

El fanfiction puede jugar un papel importante en este contexto, tanto por lo que tiene de fan como por lo que tiene de fiction. El concepto de fan hace referencia al admirador, al seguidor, al fanático. En otras palabras, a la persona apasionada, entusiasmada. La pasión y el entusiasmo son un componente fundamental de la vida y, como consecuencia de ello, lo deberían ser de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Utilizando una metáfora elaborada por el neurobiólogo alemán Stefan Klein, la dopamina, que es la molécula del deseo, es la gasolina de la acción. A los seres humanos nos mueve aquello (y solo aquello) que deseamos, aquello que nos entusiasma, que nos apasiona.

Por su parte, el concepto de fiction (en general, el concepto de relato, tanto si está basado en la realidad como si ha sido construido como ficción) es clave para el ser humano. Pensemos que, según nos dicen los historiadores y los antropólogos, no se conoce ninguna cultura ni ningún pueblo a lo largo de toda la historia de la humanidad que no tenga tradición narrativa, oral o escrita, icónica o audiovisual, lo que comporta que la fascinación por el relato está incrustada en lo más profundo del psiquismo humano. Pensemos además que a la mente humana le importa poco que un relato sea real o ficticio, porque la mente lo vive siempre como real.

Hoy sabemos el porqué de esta fascinación por el relato y de la implicación personal que genera: por las neuronas espejo. Son unas neuronas con un alto nivel de conectividad. No solo activan los sistemas perceptivos, sino también los motores. Cuando yo veo o escucho un relato, se activan en mi mente las áreas motoras correspondientes a las acciones que realiza el personaje, aunque mi cuerpo esté absolutamente inmóvil. Y, además de los sistemas perceptivo y motor, se activa el sistema emocional, el cerebro límbico. Es decir, siento lo que siente el personaje, me emociono con él. Y es a partir de todos estos procesos mentales como se activa el sistema cognitivo: comprendo, no abstrayendo o conceptualizando, sino en base a lo que he percibido, a lo que he realizado mentalmente, a lo que he sentido y a lo que he vivido. En esta altísima potencialidad integradora radican tanto la fascinación que ejerce el relato como su fuerza socializadora, una fascinación y una fuerza que podrían ser canalizados hacia los procesos de enseñanza y aprendizaje.

A partir de estas dos premisas, resulta obvio que el fanfiction puede jugar un papel destacado en la potenciación del aprendizaje de la lecto-escritura. En las aulas de las escuelas y de los institutos los maestros y los profesores intentan, a veces desesperadamente, que los estudiantes lean y escriban, pero pocas veces lo intentan a partir de textos que son de su interés. El fanfiction, que expande narraciones de las que ya son fans, puede promover la escritura y lectura. Lo puede lograr utilizando como punto de partida aquellos textos que les apasionan, como las series de ficción. Hoy en las aulas puede haber ejemplos significativos de este tipo de prácticas partiendo de series como Merlí o Por 13 razones. Pero estas experiencias son aún minoritarias.

¿Y los booktubers?

Pienso que los booktubers son un tipo especializado de influencer, y que la tarea de unos y de otros ejemplifica perfectamente la manera como funciona la mente humana. Ya hemos comentado que la mente se mueve por los deseos que la impulsan. A partir de ahí se produce un juego de interacciones del que los influencers son una buena muestra. Un influencer es una persona que despierta el interés de los usuarios, que les atrae desde algún punto de vista, que genera deseo. Pues bien, su intervención en las redes desplaza este interés, este deseo, lo contagia, lo expande, lo transfiere hacia los contenidos por los que él o ella se interesan.

Es un mecanismo que es fácil ejemplificar en otros ámbitos de la vida. Los sociólogos saben que la manera más segura de que una persona inmigrante se integre en una nueva cultura es que se enamore de una persona autóctona. El amor hacia esa persona se transferirá hacia todo aquello que la envuelve: su lengua, su cultura, sus tradiciones.

También en el ámbito educativo se producen estos juegos de transferencia. Todos tenemos alguna experiencia en nuestra vida académica de un profesor o una profesora que, a partir del interés que nos suscitaba como persona, logró que nos entusiasmara una asignatura ante la que siempre habíamos sido reacios. El booktuber tiene este mismo potencial. Si es aceptado como persona o como comunicador, puede contribuir a generar interés por libros que sin su intervención nos habrían dejado indiferentes.

¿Qué debemos valorar del lenguaje de YouTube en general y del booktuber en particular?

Por una parte, los booktubers son un buen ejemplo de comunicación transmedia. Recurren a la comunicación audiovisual para promocionar la comunicación escrita, recurren al vídeo para promocionar el libro. Por otra parte, tanto YouTube como algunos booktubers presentan ejemplos de una comunicación equívoca: a menudo recurren a un soporte audiovisual para una comunicación verbal o verbalista. El componente audiovisual de algunos booktubers no va más allá del busto parlante. Y, en una línea similar, la concepción de algunos audiovisuales educativos o culturales que se ofrecen en YouTube es la de simples conferencias ilustradas con imágenes y amenizadas con música de fondo. No son productos pensados desde la interacción sincrónica de códigos que exige la comunicación audiovisual o multimedial.

Todavía una última consideración. No es excepcional que los booktubers, igual que algunos youtubers, introduzcan en sus comunicaciones elementos de ruptura, de discontinuidad, de cambios de ritmo que sorprenden por su creatividad y que facilitan una comunicación seductora.

¿Puede la escuela recuperar estas prácticas informales de las culturas colaborativas de los fans de las que nos habla Jenkins?

No es que pueda, es que debería hacerlo. En el mundo académico se habla desde hace décadas de que la enseñanza debería ser significativa, de que debería conectar con el mundo en el que viven los y las estudiantes. Pues bien, si hoy vivimos en un contexto mediado por las tecnologías, si hoy un gran porcentaje de nuestras comunicaciones están mediadas por esas tecnologías y por las nuevas prácticas comunicativas, la escuela no debería ser un paréntesis, una isla.

¿Y está la escuela preparada para hacerlo?

Creo que no. Hay lagunas muy importantes en la adaptación de la escuela a los nuevos tiempos. Me limitaré a citar algunas relacionadas con los contenidos en torno a los que estamos hablando.

Ante todo, pienso que en el mundo académico la adaptación a los nuevos tiempos la estamos haciendo desde la conciencia de los cambios provocados por la aparición de nuevas tecnología, pero desde una falta total de conciencia de los cambios provocados por la aparición de nuevos conocimientos en torno a la mente que interacciona con estas tecnologías. Hoy, gracias a los avances de la neurociencia, sabemos más que nunca sobre los mecanismos de funcionamiento de la mente humana, que es la materia prima con la que trabajamos los educadores y educadoras. Estos conocimientos deberían llevarnos a revisar nuestra concepción sobre nosotros mismos y, a partir de ahí, toda nuestra práctica pedagógica. Pero en líneas generales creo que no lo hacemos.

Por otra parte, en el mundo académico estamos cayendo en una flagrante contradicción, porque prestamos mucha atención a unas tecnologías y a unas prácticas comunicativas que remiten a conceptos como multimedia, hipermedia, transmedia y, en cambio, estamos formando a los estudiantes solo en el ámbito de la comunicación verbal. En una era en la que el ciberespacio es fundamentalmente audiovisual, no consideramos como básica la competencia comunicativa, sino la lingüística. ¿Cómo podemos hablar de hipermedia, de multimedia y de transmedia si solo somos competentes en la expresión verbal? ¿O es que, mientras la comunicación lingüística necesita un aprendizaje formal, la comunicación audiovisual se aprende de manera automática?

Otra contradicción. En investigaciones que hemos realizado sobre el planteamiento de la educación mediática en las facultades de educación y de comunicación de todas las universidades españolas, públicas y privadas, hemos descubierto la tendencia a reducir la competencia mediática a la competencia informacional. Ello ocurre curiosamente en un momento en el que las investigaciones sobre comunicación persuasiva demuestran que para influir es mucho más eficaz el relato que el discurso. En definitiva, una nueva y sangrante paradoja: mientras los que pretenden influir recurren mucho al relato y muy poco a la información explícita, nosotros limitamos la educación mediática de las nuevas generaciones a la capacidad de procesar informaciones.

En este sentido resulta sumamente lamentable que la escuela renuncie habitualmente al relato y al entretenimiento como recursos pedagógicos y como contenido a estudiar. Es decir, resulta lamentable la crítica de una buena parte del profesorado a prácticas mediáticas como los videojuegos o las series, considerándolas una pérdida de tiempo y no una oportunidad para el aprendizaje.

¿Por qué y de dónde provienen estas resistencias hacia las nuevas prácticas comunicativas?

La escuela ha recelado siempre de lo que ocurre fuera de ella. Y, por otra parte, ha tendido siempre a parcelar, a compartimentar: unos espacios y unos tiempos destinados a la educación y unos espacios y unos tiempos destinados al entretenimiento, unos recursos pensados para educar y otros pensados para entretener. También hemos tendido a compartimentar las funciones físicas y mentales: espacios para el cuerpo (los campos de deporte, los gimnasios) y espacios para la mente (las aulas) en los que el cuerpo quedaba absolutamente bloqueado o anulado, espacios para la abstracción (en los que se inhibían o anulaban los estímulos perceptivos) y espacios de hiperestimulación sensorial en los que a menudo se inhibía o bloqueaba la reflexión.

Ya es hora de borrar estas fronteras. Hoy sabemos que el ser humano es una red de interacciones. Sabemos que el cuerpo participa en las experiencias cognitivas. Sabemos que las emociones se generan en el cuerpo antes de que alcancen a la mente. Sabemos que las percepciones inconscientes se producen antes que las conscientes y que además las condicionan. Ante esta concepción orgánica del ser humano los planteamientos compartimentados de los procesos de enseñanza y aprendizaje resultan anacrónicos y faltos de eficacia. Hay que cambiar de mentalidad.

En cualquier caso, para que estos cambios sean posibles es preciso tomar conciencia de los muros que dificultan la conexión entre estos mundos que se contraponen o, cuanto menos, que se ignoran. La reticencia de los maestros y maestras y de los profesores y profesoras a introducir estas nuevas prácticas comunicativas en el aula se explica en buena manera por la falta de formación que padecen ellos mismos en el ámbito de la educación mediática.

Lea la entrevista completa en este enlace.

“Evitar que los niños usen celulares en clase es aislar todavía más la escuela de la sociedad”. Entrevista a Daniel Cassany

Por: Julio César Mateus (Foto: Diario El Comercio)

Daniel Cassany es filólogo, investigador y profesor de la Facultad de Traducción y Ciencias del Lenguaje en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Desde hace buenos años se ha interesado en la cultura digital y sus efectos en la escritura y en la escuela. Aunque no se sienta especialmente optimista, cree que es mejor vivir la revolución digital con entusiasmo: “no conozco ningún profesor que vaya llorando mientras pide destruir internet para regresar al papel y al libro”. Aquí nos cuenta más sobre cómo ve –y escribe– estas transformaciones culturales. 

¿Hoy se lee menos que antes?

Se lee más, cosas más diversas. Mucho de lo que antes se hacía hablando o interactuando con personas hoy se hace leyendo y escribiendo directamente en Internet: hacer compras, planificar viajes, contactos con amigos… Todo eso se da con una lectura y escritura muy diferente, aparentemente más fácil por la cantidad de recursos y la comodidad del clic, pero no es así. La cantidad de información a la que tenemos acceso hoy cambia totalmente la manera que tenemos de enfrentarnos a la lectura.

En tu libro En-línea. Leer y escribir en la red dices que “es la primera vez que debemos educar para un futuro que ignoramos cómo será” ¿Es la incertidumbre de la revolución digital lo que más angustia a los docentes?

Creo que les inquieta más el presente. Piensa que estás formando un niño desde los 12 y cuando acabe sus estudios tendrá 24; no sabemos cómo será el mundo entonces. Los docentes están inquietos por una situación cada vez más agravada: por una parte, los chicos desarrollan un conjunto de actividades con el celular o la computadora; por la otra, tenemos un currículo de escuela muy conservador, sin mucha capacidad de adaptación o renovación al mundo real. Esto produce una brecha muy grande. El docente llega a clase para explicar algo que se ha preparado muy a consciencia y encuentra a todos sus alumnos prestando atención a la pantalla. Entonces dice “no hay nadie que me mire ni que se concentre en lo que digo… ¿qué hago?, ¿prohibir?”… ¡eso es peor!

Pero los franceses acaban de prohibir el uso de teléfonos móviles en la escuela: ¿es una contradicción?

¡Es un gran error! La escuela tiene que trabajar con las herramientas de la sociedad, con los instrumentos y con las nuevas formas de representación y transmisión de conocimiento. No tiene ningún sentido que los niños anden con teléfonos móviles que tienen un verificador ortográfico y conexión a las redes sociales y que luego estén escribiendo con un sistema distinto en la clase. Lo que hay que hacer es asumir las dificultades que conlleva la tecnología y educar en ellas, enseñar cuándo es el momento de responder mensajes y cuándo estar más atento al profesor. Conviene desarrollar una batería de recursos para gestionar este tema que partan de una política muy clara sobre el uso de dispositivos móviles. Pero evitar que los niños usen celulares en clase es aislar todavía más la escuela de la sociedad, de su comunidad. 

Los docentes más entusiastas sobre las TIC las usan sobre todo para motivar, entonces organizan concursos o “gamifican” las actividades como única manera de integrar estos medios…

Esta es una visión muy epidérmica. Las botellas cambian el vino: el contenido adquiere matices según donde se lo guarde. Una novela clásica de Vargas Llosa o de otro autor peruano la puedes leer en papel o en digital, a diferencia de un blog. Los géneros cambian y debemos atender nuevas formas de producir contenidos con las tecnologías sin quedarnos en lo superficial.

Algunos profesores tienen nostalgia de la longitud y densidad de los textos de antaño. La escritura en red nos obliga a formatos más breves. ¿Se pierde o se gana?

Es una visión muy anclada en el libro, de entender que la unidad esencial es solo escrita. Creo que Internet nos acerca más a la conversación en el sentido en que, por ejemplo, un post es lo escrito, pero también las reacciones que suscita en sus lectores durante un tiempo. Ahora los límites de inicio y fin de los textos son difusos, así como las fronteras de lo que es mío y lo que es del otro. Todo es más cooperativo en la red.

Y son otras capacidades las que se exigen. Hay personas a las que les cuesta escribir un tuit, ¿no?

Ayer una estudiante que venía de una escuela muy tradicional me decía: “cuando llegué a la universidad fue un impacto grande, porque en el colegio tenía que escribir textos de mínimo 20 páginas y ahora me piden resúmenes de máximo tres”. Esta es la realidad. Ahora nadie puede leer tantas páginas en un contexto de sobreexposición a la información. Lo que necesitamos ya no es que nos digan más de lo mismo, sino alguien que sea capaz de decirnos en muy poco espacio cosas más relevantes y significativas. 

Estos nuevos elementos, géneros y capacidades, ¿están ingresando a los currículos?

Muy lentamente. Es la dinámica normal de la escuela, que siempre ha sido una institución conservadora, como el Derecho. Al contrario, la Medicina es una práctica más enfocada en el presente y el futuro. Si hoy se descubre que comiendo una planta se cura el cancer, todos comeremos plantas desde la semana que viene. En cambio, las normas escolares van a otro ritmo. Los estudios sobre cómo se digitaliza una escuela nos dicen que es relativamente fácil poner computadoras, pero cambiar la mente del profesor o el alumno es mucho más lento; lleva varios años.

¿Entonces sirve formalizar estos contenidos?, ¿curricularizarlos?

Es relativo. Ya hay muchos profesores y escuelas que utilizan tecnologías. No creo que el currículo tenga que incluir como géneros la carta, la constancia… y el tuit o el post en Facebook… Pero sí existen profesores que utilizan vídeos o wikis, que son mucho más poderosos porque incluyen la escritura como herramienta de planificación, de creación del guion, de reflexión, y la oralidad como producto final, o la posibilidad de colaborar con los coatuores.

Una de las barreras para integrar TIC al aula es la evaluación, pues pocos docentes cuentan con competencias mediáticas suficientes. ¿Qué está pasando en la formación inicial docente? 

También la preparación docente es conservadora, más centrada en saberes clásicos que en la profesión y en la práctica de aula. Necesitamos una renovación importante en los planes docentes. Muchos profesores apenas egresan de su formación inicial ya se sienten desactualizados. ¿Cómo es posible esto? La institución formadora debe ser más sensible y dinámica.

Un número importante de docentes repiten que enseñan a “nativos digitales” a los que queda poco por enseñar en términos de TIC. ¿Hace daño este concepto?

La de los “nativos digitales” fue una metáfora feliz en su momento, pero ya ha quedado superada; incluso por otras como las de los “residentes o visitantes digitales” que son más representativas. Las metáforas permiten ver las cosas de modo más claro, sobre todo al principio, pero luego hay que ir más allá. Me parece interesante ese fatalismo de quienes dicen “yo soy inmigrante digital, no podré ser como tú, que eres nativo”, pero los maestros, especialmente los de más experiencia, prestan mucha atención a lo que ocurre en el aula y se dan cuenta de que ellos pueden ayudar en esa formación, porque muchos supuestos “nativos digitales” pueden tener muchas lagunas y necesidades básicas de lectura y escritura, analógica o digital.

Los medios de comunicación eran antes un referente donde uno podría aprender, incluso a escribir mejor. Hoy pasa todo lo contrario. ¿Cómo abordar esto?

Es un aspecto terrible, pero menos por la calidad linguística que el tema de la fiabilidad de la noticia y las fake news. Ayer apareció la noticia del reportero de ‘Der Spiegel’ que se inventó personajes… ¡es alucinante! ¿Cómo puede la gente estar tan ciega? Confiamos en unos valores que ya no son ciertos. Este es un tema central de la educación mediática. Vivimos en un mundo donde todos pueden publicar –y está bien que sea así por la libertad de expresión–, cualquier tipo de noticia, cierta o no. Así la red se llena de basura… Entonces tenemos que ser mucho más duchos y finos en el análisis de las noticias. También sobre el tema de la calidad de la escritura podemos decir que estamos en un proceso de cambio de valores: Hoy muchos escriben sin formación previa ni con calidad, pero en cambio conectan con sus audiencias. Un ejemplo son muchos booktubers…

¿Qué opinas de este fenómeno?

Internet crea un conjunto de situaciones y posibilidades… y los más listos son los que las aprovechan, sea para ganar dinero, influencia, poder o conectar con gente. Es interesante desde un punto de vista educativo, pues el acceso a la red constituye un campo de aprendizaje importante para los chicos que aprenden de muchas culturas y desarrollan habilidades antes inimaginables. Hoy puedes encontrar a alguien que conoce todos los géneros y subgéneros del anime japonés sin salir de su casa. En nuestra investigación hemos visto cosas increíbles que aprendían los chicos por su cuenta, como audiencia y como productores o creadores.

Finalmente, en varios textos llamas a ser más tolerante con aquellas formas de comunicación digital “fuera de la ley ortográfica” (mensajes de texto, chats…).

Esto es muy importante porque estamos hablando del valor social que tiene la lengua más allá del contenido de lo que comunicas. La forma influye en las personas. Entonces, se trata de orientar a los chicos diferenciando estas formas: si escribes una comunicación académica no se puede evitar las tildes y las ache, tampoco en un tuit. Pero quizá en un Whatsapp o en Instagram lo podemos hacer de otra manera, del mismo modo que no hablamos como un libro cuando tomamos copas con los amigos. Hay que decir claramente que escribir de manera coloquial y no normativa los mensajes de Whatsapp no tiene consecuencias malas para el sujeto o la lengua. Así lo demuestran las investigaciones hechas.

Textos recomendados:

El fenómeno de los booktubers: ¿qué podemos aprender los educadores?

Por: José Miguel Tomasena (*)

Cuando supo que me convertí en booktuber para estudiar a los booktubers, un conocido me dijo: “Qué interesante. Hace unas semanas le recomendé Sherlock Holmes a mi hija adolescente y me mandó al diablo. Días después vio el video de un booktuber que hablaba bien de él y me rogó que se lo comprara”.

El comentario ilustra uno de los aspectos fascinantes del fenómeno, de honda importancia para instituciones educativas (en su sentido más amplio) como la familia, la escuela y las bibliotecas (donde las hay): que hay un desplazamiento de los espacios sociales en los que los jóvenes aprenden a valorar determinadas obras y construyen una cultura literaria.

Como ha dicho Gema Lluch (2017) en ¿Cómo leemos en la sociedad digital? Lectores, booktubers y prosumidores, este movimiento forma parte de un cambio de paradigma en el ecosistema del libro juvenil, producto de una generación de lectores marcados por la saga de Harry Potter, la emergencia de Amazon y el encuentro con otros lectores en foros online, blogs y redes sociales.

“El autor y la editorial empezaron a dirigirse directamente al lector, dejando fuera del circuito de lectura al mediador (docente, bibliotecario, padres), es decir, idearon campañas de promoción de los libros fuera de los escenarios tradicionales, trasladándolas a Internet”. (p. 31)

Los booktubers han construido comunidades de jóvenes apasionados por diferentes tipos de libros, que pueden ser juveniles, de terror, clásicos victorianos o feministas, etc., consiguen miles de vistas en sus videos, comentarios en sus perfiles de Instagram; se convierten en influencers capaces de catapultar las ventas de un libro.

En el entorno de nuestros países latinoamericanos, caracterizado por la pobreza y la desigualdad social, las industrias culturales frágiles, la brecha digital y la precariedad juvenil, esto suena como un milagro. Un milagro pequeñito, si se le compara con otras comunidades de youtubers como los gameplayers, las vloggers de belleza, de fitness o de entretenimiento. Pero gigante si se les compara con la escala de las industrias del libro y nuestros índices de lectura.

Las instituciones alrededor han reaccionado a este desplazamiento con distintas estrategias: las bibliotecas públicas (donde las hay) los invitan a dar talleres de promoción de la lectura; las editoriales les regalan libros, los invitan a conocer a sus autores preferidos, organizan concursos de video-reseñas y a los más populares los ha convertido en autores dirigidos al público juvenil; los autores auto-publicados los acosan con la esperanza de que una mención lo saque del anonimato que impone la sobreabundancia; y las ferias del libro los incluyen en sus programas para que abarroten sus salas de presentaciones.

En ocasiones, estas relaciones se han establecido en un diálogo respetuoso; en otras han derivado en procesos de cooptación (en el sentido de que imponen las lógicas y motivaciones externas a los chicos).

¿Y las escuelas qué tienen que decir? ¿Cuál es su papel? ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestra mediación, a nuestra herencia, como formadores de ciudadanos informados, críticos, cultos?

El fenómeno booktube es una oportunidad maravillosa para docentes, padres, madres y todos los involucrados en la gestión y la innovación educativa. Pero antes de querer meter la mano donde nadie nos necesita, debemos detenernos a conocer y admirar un fenómeno fascinante para pensar qué podemos aprender y ofrecer. De esto voy a hablar el próximo jueves 5 de abril, como parte del ciclo Mayeutic@ de Fundación Telefónica Perú.

José Miguel Tomasena(*) Colaborador del blog. José Miguel es escritor, filósofo, profesor univeritario y candidato a doctor en Comunicación. Ha publicado la novela La caída de Cobra (Tusquets, 2016). Para conocer más sobre él, visita su página web.

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