La confianza en el mundo virtual

Este artículo ha sido elaborado por el filósofo Victor J. Krebs para Educared

El mundo virtual agrega capas de complejidad a nuestra experiencia que es necesario observar para aprovechar los beneficios e impedir los perjuicios de vivir con y en él. Por ejemplo en lo que se refiere a la confianza, la experiencia en el ciberespacio agrega una nueva dimensión a lo que entendemos por ese término.

¿Qué quiere decir confiar en la web? ¿Confío en la información de Wikipedia? ¿Confío en ella tanto como en la información de un blog anónimo? ¿Hasta qué punto es necesario confirmar la información que nos llega? ¿Sabemos cómo hacerlo? Nuestra confianza es tan ciega a veces, que pareciera que nos relacionácemos con la pantalla como con un oráculo divino al que le pedimos la verdad y le aceptamos todo sin cuestionarlo. ¿Hasta qué punto es esa confianza, esa especie de fe ciega, algo deseable en el mundo virtual?

De niños nuestros padres nos advertían no aceptar nunca caramelos de un extraño. En la calle en ese mundo real, un extraño que quería regalarnos un caramelo no era de fiar. Pero en las calles del mundo virtual, qué es un caramelo y quiénes son los extraños de quienes nos debemos cuidar?

Todos hemos tenido alguna vez la experiencia de encontrar alojado en nuestro disco duro algun virus indeseable; o la experiencia de dejar a un virus entrar en nuestra computadora como en Caballo de Troya, escondido tras alguna máscara seductora, que nos avergüenza luego por nuestra ingenuidad y, al mismo tiempo, nos causa daños, a veces irreparables. Ese nivel de riesgo y de peligro lo aprendemos poco a poco a contrarrestar: Paypal para usar las tarjetas, por ejemplo, o un antivirus como escudo contra los ciberataques cotidianos (escoja su marca), y passwords por doquier (y cada vez más y más complicados) requeridos todo el tiempo para movernos por nuestros espacios privados, etc., etc.

Vamos aprendiendo a confiar en la web mediante el ejercicio de la prudencia, siempre protegiéndonos sin bajar la guardia. Es una guerra de la que debemos estar siempre pendientes, tanto en el mundo virtual como en el mundo concreto. El riesgo de sufrir las pérdidas debido a nuestra dependencia en el mundo virtual (al que recién estamos conociendo), sin embargo, lo tomamos todos, en una medida o en otra, y al parecer, exponencialmente. Por ello es cada vez más importante estar atentos a lo que estamos haciendo en nuestras interacciones en la red.

Gracias a este nuevo mundo virtual estamos gozando, en el siglo XXI, de aquel mágico don de la invisibilidad que supuestamente le otorgaba el mítico anillo de Geyges a quien lo usara. La web es nuestro anillo de Geyges. Ahí somos invisibles, deambulamos el ciberespacio ocultos tras las máscaras de identidad que queramos crear para el otro. Los perfiles de Facebook son un ejemplo claro de la selectividad con la que creamos nuestras identidades, de la parcialidad –y a veces incluso de la mentira– de ese mundo que solo muestra lo que es deseable. ¿Cómo confiar en este mundo de máscaras? ¿Qué quiere decir ya la confianza en un mundo virtual? Esta es una pregunta que debemos hacernos siempre, para reevaluar mientras aprendemos a movernos en este nuevo mundo de los medios, que ya es parte del nuestro.

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Pero más allá de eso tambien es importante saber qué efectos puede tener sobre nosotros. La mejor medicina siempre tiene efectos secundarios y es bueno conocerlos. No para alimentar ninguna fobia, sino simplemente para mantenerse sobrio en medio de la euforia colectiva en la que frecuentemente nos sumen, y comprensiblemente, las maravillas de la tecnología.

Un efecto secundario importante que observar es la forma cómo nuestra forma de relacionarnos en la red afecta nuestras relaciones en el mundo concreto. Son obvias y vertiginosas las transformaciones que se generan en las experiencias que tenemos interactuando con el otro en el ciberespacio. No solo requiere que establezcamos claramente nuestros objetivos en la comunicación y los límites de esa interacción, sino además que acordemos mutuas formas de confiabilidad.

¿En qué realidad empezamos a vivir y cómo aprender a movernos de manera no solo sensata sino beneficiosa? ¿Cómo evitar encontrarnos en un camino que termina siendo insensato y perjudicial? La noción de realidad adquiere nuevas aristas. Las herramientas y espacios de interacción nos ponen ante un mundo de relación con palabras, más que con cuerpos. El mundo virtual no es un apéndice del mundo real, sino que establece un patrón colectivo que desplaza la razón científica y objetiva a favor de una razón asociativa y lúdica cuyos objetivos pueden ser muy diferentes de los que habitualmente hemos concebido.

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