Generación digital

Este artículo ha sido elaborado por el filósofo Victor J. Krebs para Educared

Fueron grandes los cambios que ocurrieron para la cultura occidental con la invención de la escritura y mayores aun con la invención de la imprenta, que masificó esos cambios y transformó al ser humano mismo. De un mundo en el que nos comunicábamos presencialmente, en el que la inmediatez corporal de los demás era un factor indispensable en la comunicación que se realizaba en el grupo, pasamos a un mundo en el que el conocimiento se adquiría intelectualmente, frente a la hoja impresa y en la soledad de la lectura. En nuestro tiempo está ocurriendo otra transformación de igual o mayor magnitud debido a los medios digitales.

Basta observar la facilidad con la que un bebé se mueve con la pantalla táctil de un iPad o la forma cómo los niños se desenvuelven con un smartphone. Mark Prensky es famoso por haber identificado a la nueva generación digital, conformada por todos aquellos nacidos a partir de la última década del siglo, en que el internet ya estaba abierto al mundo. Para empezar, el niño puede aprender a razonar no a partir de los siete años en que ha desarrollado las capacidades intelectuales para hacerlo, sino que empieza a partir de sus capacidades motoras e intuición desde el primer año de vida y de manera más gradual e integrada. Esa exposición a los medios digitales llevan a esa generación a una mayor afinidad con la imagen que con el texto o los gráficos. Los “nativos digitales” muestran en su organización de la información, una mayor soltura con el azar y la asociatividad “arbitraria” que con el pensamiento jerárquico y lógico de las generaciones escribales; empiezan a pensar, en otras palabras, de una manera sinuosa y fragmentaria en vez de linear y lógicamente, como concebíamos al conocimiento tradicionalmente. Esto es gran causa del malestar que a veces se siente entre las jóvenes generaciones frente a un sistema educativo que es lento en adaptarse y aun no se pone a la altura de esos cambios.

Notamos generalmente con aprehensión, que las jóvenes generaciones ya no pueden atender a una sola cosa sino que tienen que ver muchas cosas al mismo tiempo; mucho menos pueden mantener esa concentración por períodos prolongados; trabajan discontinuamente, aparentemente sin orden, más bien con la lógica del juego y el azar del hipertexto, en lugar de jerárquicamente y en orden racional. El nativo digital acostumbrado a la simultaneidad de atención, aparentemente más interesado en la diversión que en la producción, abandonado a un pensamiento no lineal y aparentemente aleatorio, rápido pero superficial, más se asemeja a una pesadilla que a un ideal para el hombre escribal.

Nuestra tendencia a calificar estos síntomas como patologías o disfuncionalidades muestra una parcialidad en nuestro juicio que solo se puede explicar por la obvia ansiedad que causa sin duda el advenimiento de algo que pareciera invalidar todos nuestros criterios y patrones de vida. Pero eso es lo que significa vivir en nuestra época, y antes que invertir tanto tiempo luchando contra algo que aun no podemos ver claramente, deberíamos empezar más bien a tratar de entender mejor qué es lo que está pasando. Pues independientemente de nuestras resistencias, poco a poco en muchos aspectos y campos de la vida y cultura contemporánea, el antiguo orden va perdiendo su vigencia y legitimidad sin que podamos hacer nada para detenerlo.

Es cierto, como lo han observado los lingüistas peruanos Eduardo Zapata y Juan Biondi, que en el mundo digital se insertan más fácilmente las culturas más orales. Y es que el mundo virtual nos reubica en un espacio de interacción comunal más cercano a la tradición oral que a la mentalidad escribal del hombre moderno y, en última instancia, mucho más afín a nuestro temperamento latino, generalmente más emocional y sensual. No debería sorprendernos, entonces, que en los países latinoamericanos haya habido un incremento del 900% en el número de usuarios de la red en la última década.

A pesar de ello nuestra cultura cibernética local es aun incipiente y nuestro manejo de la técnica es aun meramente instrumental. Pero si vamos a preparar efectivamente a la generación digital será necesaria una comprensión cabal de la importancia constitutiva de los medios. Como extensiones que son de nuestra propia naturaleza, están forjando –al igual que entonces con la prensa de Gutenberg– una nueva identidad y una nueva conciencia que bien podrían ser los heraldos de un nuevo renacimiento.

Esta reconfiguración de nuestra conciencia es inevitable debido a la tecnologización de nuestra cultura. La tarea más difícil quizás es la de empezar a vencer nuestras resistencias para tratar de comprender estos cambios y avizorar así los aspectos nuevos de estas transformaciones que van constelizando un paradigma que quizás aun nos es inconcebible pero que va forjando ya nuestro futuro.

Error: GraphComment couldn't be load because your settings are invalid. Please visit your admin panel and go to the GraphComment section and enter a valid website URL/ID.
Suscríbete
close slider
Suscríbete a Nuestro Boletín

 

Loading
X