Ética hacker

Este artículo ha sido elaborado por el filósofo Victor J. Krebs para Educared

A pesar de la falsa idea de los hackers como terroristas cibernéticos y piratas, el hacker originalmente no es otra cosa que un programador que  trabaja “esencialmente por el amor de solucionar problemas interesantes y difíciles, en colaboración con un grupo de colegas cuyo primordial código ético es compartir la información”. Pekka Heminen, en su ya clásico “La ética hacker”, contrapuso el espíritu de trabajo que caracterizaba el mundo de los jóvenes programadores que estaban cambiando el mundo a fines de siglo (como Steve Wozniak, co-fundador, con Steve Jobs, de Apple Computer o como Linus Torvalds, creador del sistema operativo de código abierto Linux) a la ética protestante en la que el trabajo se concibe como deber. Esta ética constituye el corazón del espíritu capitalista y surgió en el siglo XVII en un contexto religioso puritano del que el capitalismo se liberó aunque conservando la misma actitud laboral. La ética hacker abandona ese espíritu y su utilitarismo y cultiva sobre todo la pasión y el disfrute por el trabajo colaborativo en virtud de  valores comunes, que concibe en función del placer y la creatividad compartida y potenciada en comunidad.

La ética hacker propone una forma de pensar en nuestras relaciones y nuestro trabajo que se corresponde con la forma de pensar que instauran los medios digitales. Las nuevas tecnologías inspiran en las nuevas generaciones una disposición diferente a la tradicional, y empieza a propiciar una nueva escala de valores que prioriza la colaboración y solidaridad por sobre la competencia y la rivalidad. El mundo digital instituye una actitud que va en contra de la ética imperante del capitalismo, como es obvio en las luchas contra el sistema del movimiento del software libre y del código abierto. Aunque esta ética surge del contexto cibernético, va mucho mas allá de ese ámbito para definir una actitud en cualquier área de la vida y tiene que ver con una valoración de lo que uno hace, un aprecio por la dedicación personal que podríamos llamar una “mística”.

Como apunta Eduardo Marisca, la ética hacker se construye sobre el hecho de que la cultura digital no es de “sólo lectura”, sino de “lectura y escritura”, es decir de interactividad e involucramiento práctico. Uno no solo lee pasivamente; también activamente escribe. Para ponerlo de otra manera, los hackers empiezan a trabajar desde una visión del mundo que es más cercana a la de los indígenas, por ejemplo, que no conciben su relación con la naturaleza en función de la propiedad privada y la ganancia pecuniaria.

No es poca cosa el que nos encontremos ante una emergente nueva generación de individuos, que ha aprendido a pensar, no como la mayoría de nosotros, a partir de una sola “máquina de conocimiento”, como lo es el libro, sino a través de las múltiples máquinas de conocimiento que nos brindan los nuevos medios, como las computadoras, los tablets, los teléfonos celulares, el email, el internet, los chats y mensajes instantáneos, los videojuegos, etc. etc.. Se trata de una nueva generación que ha aprendido a pensar y a aprehender el mundo, a través de las nuevas tecnologías, de formas que van generando una creciente tensión con las estructuras y las expectativas tradicionales.

La ética de esta época digital no es una ética de producción sino de creatividad, no de homogenización bajo un solo ideal sino de proliferación en la diversidad y la diferencia en función de tantos ideales como individuos hay. Con los nuevos medios digitales comienza así a emerger una actitud o postura ética que entra en tensión con la ética de trabajo que ha regido a la modernidad y alimenta las energías que van convulsionando a la cultura y conduciéndonos hacia un nuevo paradigma social.

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