¿Cómo usar internet para decidir nuestro voto en las elecciones?

Ser un ciudadano digital implica saber usar los medios de comunicación para informarse y participar políticamente en el destino del país.

En los últimos años, la discusión acerca de los efectos de la tecnología y los medios sociales en los contextos electorales ha tenido un tono distópico. Las fake news, el tráfico de datos personales y el despliegue de estrategias de manipulación psicológica han sido los ejes de una conversación que estaría incompleta si se dejan de mencionar los beneficios que trae el flujo de información.

Con herramientas que nos faciliten navegar a través de la enorme cantidad de datos que aloja la red, podemos encontrar información valiosa que nos ayude a tomar mejores decisiones.

Eso es lo que permiten las plataformas que medios de comunicación, instituciones públicas y ciudadanos han puesto a disposición de todos los peruanos con miras a las elecciones congresales extraordinarias del próximo domingo 26 de enero. A continuación, algunas de ellas y sus principales características.

Voto informado. Esta plataforma es desarrollada por el Jurado Nacional de Elecciones y permite consultar las hojas de vida de todos los candidatos al congreso. También cuenta con herramientas que permiten comparar candidatos y hacer búsqueda avanzada de postulantes filtrando, por ejemplo, a aquellos que no tienen estudios superiores culminados o han declarado sentencias civiles.

Decide bien. Esta iniciativa del politólogo José Incio, ahora patrocinada por la Asociación Civil Transparencia, permite filtrar a los candidatos bajo criterios combinados (por ejemplo, personas sin sentencias que promuevan la equidad de género y no hayan sido parte del parlamento disuelto). Asimismo, ofrece un resumen general de los partidos contabilizando cinco criterios: sentencias penales, otras sentencias, inclusión de género, experiencia política y excongresistas.

Candidatos 2020. La Presidencia del Consejo de Ministros también ha puesto a disposición esta plataforma que permite revisar, además de las hojas de vida, los procesos penales en trámite de los candidatos, y por qué tipo de delito vienen siendo investigados. Sumado a esto, el Departamento Central de Riesgos de la SBS ha puesto a disposición la información acerca del riesgo financiero y crediticio de los candidatos.

Elecciones 2020. En este especial de El Comercio se muestran las hojas de vida de forma más simplificada. Con una presentación visualmente más agradable que otras opciones, esta resulta la ideal para aquellos que no disponen de mucho tiempo para revisar la información de los postulantes.

Congreso 2020. TV Perú, por su parte, viene produciendo y transmitiendo el programa Congreso 2020. En este espacio, los candidatos presentan sus principales propuestas en algunos pocos minutos. Todos los episodios están subidos y organizados en una lista de reproducción de YouTube.

En tiempos digitales, son menos las excusas para rifar nuestro voto. Un voto informado es un voto comprometido con el país y su futuro.

Más que botones y pantallas. ¿Por qué la escuela debe formar en tecnologías? (*)

Pedir comida, pagar un recibo del banco, leer una noticia o compartir un video en medios sociales. Dos clics y ya está. Casi no existe faceta de nuestra vida que no sea mediada por alguna tecnología. ¿Nos educa la escuela para interactuar críticamente con ella?

La tecnología digital es el aire del mundo en que vivimos. Pero la forma como aprendemos a interactuar con ella proviene más de la intuición que de una propuesta coherente e integral ofrecida por la escuela. No confundamos: aprender con tecnologías no es lo mismo que aprender sobre ellas. Ya es hora de que las instituciones educativas también se hagan cargo.

No era solo comprar aparatitos

Con la ola digital, el sistema escolar reaccionó comprando tecnología con la idea de no quedar rezagado y responder a lo que parecía una tormenta perfecta. Algunas instituciones privadas lo hicieron adquiriendo smartboards, tablets y software de todo tipo. También el propio Estado participó con proyectos millonarios como “Una Computadora por Niño”, que pretendía dotar a los escolares de escuelas públicas con una laptop con acceso a internet.

Para muchos docentes, más allá del entusiasmo, esto significó una amenaza, pues por obvios temas de edad no habían sido formados en ese mundo digital para el que ahora deben formar a sus alumnos. Tampoco ayudó el falso cuento de los “nativos digitales” que aún hace creer a muchos que los niños nacen con capacidades naturales para entenderse con tecnologías, confundiendo su facilidad para manipular los celulares de sus padres con una competencia entrenada para interactuar críticamente con ellos.

Dudar y experimentar

Si las transformaciones culturales profundas no son discutidas sino aceptadas con una sonrisa, las tecnologías solo servirán para fines cosméticos. Mejor es preguntarse para qué sirven tantos chiches con pantallitas. Qué aportan al proceso de aprendizaje. La presencia de dispositivos no debe ser un símbolo de estatus, sino una oportunidad para replantear el modelo formativo. (A propósito: flaco favor el que llamemos a los “docentes innovadores” a quienes usan algún aparatejo solo por el hecho de hacerlo).

Para Lea Sulmont, consejera del Consejo Nacional de Educación y experta en tecnología educativa, “la integración, pero, sobre todo, el aprovechamiento de las tecnologías en el contexto escolar (no solo en el aula), es una oportunidad para tender puentes entre la escuela y la vida cotidiana”. De eso se trata.

Felizmente, hoy existe mayor consenso sobre la urgencia de formar en un uso crítico de las tecnologías –o desarrollar competencias que no se limiten a saber usarlas—. Además, la justificación para esto no debe ser solo la de preparar a los chicos para enfrentar un mundo laboral incierto –con la amenaza de robotizar todas las ocupaciones posibles–, sino la de cumplir con un derecho ciudadano. Dicho en simple: la escuela debe enseñarnos a comunicarnos en formatos y medios más allá del escrito porque son los nuevos lenguajes con los que nos relacionamos.

Sabemos que no es posible ser un sujeto autónomo sin nociones básicas para reconocer noticias falsas o proteger nuestros datos personales (¡hoy que nos piden DNI y teléfono para cualquier cosa!). La tecnología es una caja negra y la escuela es el lugar para revelarla.

La competencia TIC en el currículo peruano

El nuevo currículo peruano, vigente desde 2017, introduce una competencia que atraviesa a todas las áreas curriculares y se denomina “Competencia TIC”. No es una asignatura de computación, sino un conjunto de capacidades que permiten a los estudiantes desenvolverse en entornos virtuales de forma responsable y ética. Esto incluye saber buscar y evaluar información que proviene de los medios, así como modificar y crear contenidos en estas plataformas y participar de comunidades on-line.

Para apropiarnos de la tecnología con actitud crítica y desarrollar la capacidad de aprovecharla para nuestros propios fines es un requisito conocer sus códigos y posibilidades expresivas, así como valorar la calidad de sus contenidos. Aquí la preparación de los docentes y de los propios padres de familia es una necesidad concreta. “Este año se ha actualizado el Marco del Buen Desempeño Docente y el Ministerio está avanzando en programas de capacitación en esta línea”, advierte Sulmont.

El profesor Juan Cadillo, finalista del Global Teacher Prize 2017 y ganador de las Palmas Magisteriales, recuerda que la sola inclusión de esta competencia no asegura una integración rápida de las tecnologías, ya que requiere de otros factores como la infraestructura, los recursos didácticos y la formación y actitud del docente. Pero el hecho de que exista ya es un primer paso para que las escuelas piensen la educación en tecnologías más allá de botones y pantallas.

Los retos inmediatos

Para Lea Sulmont, el éxito de la Competencia TIC en las escuelas debe atender a cuatro retos principales:

  1. Formar a los docentes con competencias digitales desde un enfoque superior al instrumental.
  2. Contar con condiciones mínimas: Conectividad, soporte, políticas de uso, equipamiento y asistencia técnica y pedagógica.
  3. Acelerar la reflexión sobre el desarrollo de una educación basada en competencias y renovar las metodologías, espacios, recursos y prácticas docentes.
  4. Trabajar de forma colaborativa entre docentes para repensar las experiencias de aprendizaje y las formas de implementar proyectos interdisciplinarios en la escuela.

(*) Artículo publicado originalmente en la Revista Padres el 18 de setiembre de 2019.

¿Educar es “curar contenido”?

Curar contenido consiste en seleccionar y comentar contenido proveniente de diferentes fuentes, teniendo en cuenta su originalidad, reputación y veracidad. Por ejemplo: noticias, artículos, imágenes y cualquier mensaje que encontremos en los medios. De esta forma, el curador de contenidos actúa como lo haría el “discjockey” o DJ para una radio, como un chef en su cocina, o en términos educativos, como los maestros en la creación y diseño de currículos de estudios. ¿Qué beneficios tiene y en qué ámbitos es útil?

En tiempos de exceso de información, inmediatez de transmisión de datos y noticias falsas, la curación de contenido toma un lugar importante en los entornos digitales. Teniendo en cuenta que existe demasiado por ver en la web, es necesario enfocarse con mayor ahínco en la gestión de la información presente. La curación de contenido se emplea desde sitios de internet especializados (como este blog) hasta los perfiles de celebridades y políticos en redes sociales, e incluso, nuestras propias cuentas sociales.

Si bien es ideal, generar nuevas piezas de datos no siempre se cuenta con el tiempo y recursos necesarios. La ventaja de esta actividad es que ahorramos el gasto de energía y trabajo en crear contenido interesante o novedoso. Del mismo modo, ayuda a crear alianzas o posicionarnos en el entorno en el que queremos estar presentes. Asimismo, no siempre estamos a la vanguardia de cuanto tema o conocimiento aparezca. Por lo tanto, es vital apoyarnos en información creada por expertos en sus respectivas áreas.

¿Qué rol tiene la curación de contenidos en la educación? Justamente, orientar los contenidos en línea hacia aprendizajes positivos y útiles puede ayudar a una mejor experiencia y crecimiento de los estudiantes y profesores. Tengamos en cuenta que hoy, más que enfatizar el aprendizaje memorístico, debemos enfocarnos en desarrollar habilidades de gestión y búsqueda. Los trabajos de investigación, por ejemplo, son un ejercicio de curación de contenido excelente. ¿Qué fuentes son fiables? ¿Qué puedo agregar a lo que ya se ha dicho?

A tomar en cuenta: la curación de contenido no solamente se refiere a la recolección de fuentes, sino al comentario y aporte que podemos hacer en base a esta selección.

Más sobre curación de contenido: El fenómeno de los booktubers: ¿qué podemos aprender los educadores?

El lugar de la tecnología y la cultura digital en el discurso educativo contemporáneo

¿Es la educación de nuestros días un asunto más económico que político? ¿Quién determina cuáles son las competencias formativas? ¿Qué discursos se ocultan en los intereses tecnológicos? Este ensayo, publicado por la revista Chasqui, discute el impacto de la tecnología y la cultura digital en el discurso educativo contemporáneo.

Leamos unos extractos:

La escuela y la tecnología son dispositivos sociales que sintetizan las visiones de progreso y desarrollo de una sociedad, lo que las hace interdependientes. En el sistema de producción premoderno los oficios se heredaban y aprendían de forma directa bajo la tutela de un maestro; en el sistema industrial, la escuela imitó el modelo fordista; y hoy, en la posmodernidad, los relatos sobre la sociedad (que somos y queremos ser) parecen menos definidos, pero siempre coinciden en ubicar como protagonista a las tecnologías digitales.

La novedad de los medios emergentes, así como la digitalización de la mayoría de los procesos mediáticos, determinan un discurso que reclama con urgencia el desarrollo de competencias digitales. Este discurso global, sin embargo, oculta y sanciona sensibilidades diferentes sobre el papel de las tecnologías en la escuela.

De hecho, diversas investigaciones han mostrado que la defensa pública que muchos docentes realizan de las TIC dista de sus prácticas reales o se presenta como una estrategia de defensa para no ser acusados de “retrógrados”, “anacrónicos” o “ignorantes” (Bladergroen, Chigona, Bytheway, Cox, & van Zyl, 2012). Al respecto, un reciente artículo de The Economist (2017) sobre el papel de la tecnología educativa en la escuela actual, recuerda que el psicólogo conductista Skinner, en 1984, sancionó cualquier forma de oposición a la tecnología en la educación como una “vergüenza”.

Por otro lado, la promesa revolucionaria del Internet de las Cosas y las economías colaborativas van generado un impacto tal en el discurso social que la competitividad de los países empieza a valorarse en gran medida a partir de su nivel de digitalización. Por cierto, este discurso casi nunca discute los riesgos y problemas que aspectos como la “uberización del trabajo” o el “efecto Airbnb” traen consigo (como la creación de informalidad o la precarización de las condiciones laborales, por ejemplo).

Otros expertos discrepan y sostienen que la digitalización es un espejismo, pues si bien mejora ostensiblemente aspectos relacionados con la infraestructura de la comunicación —ubicuidad, asincronía, velocidad, portabilidad, etc.— no ha significado un aumento apreciable de la productividad (Nosengo, 2017). Según Robert Gordon, economista de la Universidad de Northwestern, y autor de The Rise and Fall of American Growth, la productividad crece hoy menos que a comienzos del siglo anterior y dentro de 10 años, la economía digital como paradigma se habrá agotado. En ese sentido, revoluciones tecnológicas como la bombilla eléctrica, las alcantarillas o los tocadiscos resultaron mucho más trascendentales en términos económicos y sociales.

El historiador Ian Mortimer (2018) cuestionó en un artículo de la BBC que la tentación de pensar los cambios tecnológicos solo en términos de progreso, no siempre nos permite recordar que “todas las ventajas que hemos obtenido gracias a la tecnología tienen un precio”. Para él, la lección “no está en cómo el cambio se relaciona con la tecnología sino cómo se relaciona con la necesidad, algo que es fácil de olvidar en nuestro estado relativamente cómodo”. ¿Qué necesidades estamos resolviendo con la tecnología digital? (y, aún mejor: ¿qué problemas estamos creando?).

Antes que establecer una posición definitiva cabe insistir en la importancia que tienen estas perspectivas en la manera como nos relacionamos con los medios. Unos y otros tienen argumentos suficientes sobre los que vale la pena reflexionar (sea para relativizar o contextualizar). Sí queda claro que debemos tomar consciencia del estatuto de incertidumbre tecnológica en que nos movemos y cómo gravita en los discursos educativos institucionales y profesionales.

Descarga el ensayo completo publicado en la revista Chasqui.

Deep Fakes: la persona que estás viendo no existe

Mira el siguiente video, parece el verdadero Obama, ¿no?

¿Qué es un deep fake? Se trata de videos ficticios altamente realistas generados con inteligencia artificial. En ellos, los rostros de los protagonistas y sus gestos son virtualmente indistinguibles de alguien real, llegando incluso a simular a personas tan poderosas como Barack Obama o Vladimir Putin.

El peligro de esta tecnología es claro: los medios pueden ser manipulados y simular una realidad que puede desatar consecuencias reales. Imaginémonos la difusión de imágenes de un líder político en carrera presidencial agrediendo a alguien, o recibiendo dinero de dudosa procedencia. Internet facilita la viralización de algo semejante, llegando a repercutir de manera determinante en el mundo político y la vida de esa persona. Se está haciendo cada vez más difícil discernir entre un deep fake y la verdad.

Ahora bien, esto no es algo nuevo. Manipular imágenes y otros medios de de comunicación con fines fraudulentos o de boicot se viene haciendo desde hace mucho. El acceso a herramientas de edición de cualquier tipo y las vías de difusión libre de la red añaden más incertidumbre a un entorno mediático en que la verdad y la realidad se mezclan muy fácilmente con los fake news.

Estas personas no existen: rostros generados por inteligencia artificial
Estas personas no existen: rostros generados por inteligencia artificial

Una manera de proteger nuestra integridad e imagen frente a esta clase de producciones es cuidar lo que subimos a nuestras redes. Es decir, mantener nuestra privacidad y limitar lo máximo posible la información que le brindamos a las plataformas y herramientas que nos hemos acostumbrado a usar.

Por ejemplo, con datos recabados por redes sociales y buscadores, This Person Does Not Exist crea continuamente rostros ficticios altamente verosímiles. La inteligencia artificial detrás de esto se denomina Generative Adversarial Network (GAN), un concepto de la disciplina de Machine Learningque produce imágenes a partir de una especie de “entrenamiento” de datos, aprendiendo a generar fotografías realistas.

Cómo produce imágenes la Inteligencia Artificial. Fuente: lyrn.ai
Cómo produce imágenes la Inteligencia Artificial. Fuente: lyrn.ai

Haga la prueba usted mismo, dé actualizar para cargar una nueva “persona”. Esta y otras herramientas demuestran el poder de la inteligencia artificial hoy y ayudan a apreciar el valor real de nuestra privacidad e información.

Ver más: ¿Cómo enseñar a los niños a identificar fake news? y ¿Quién vigila tus contenidos de Instagram?

Influencers: Educación cívica y medios

Como contrapunto a las noticias políticas de las últimas semanas, ocurrió una curiosa intersección entre la educación cívica y los nuevos medios. Hace algunos días la SUNAT anunció que había citado a varios personajes muy conocidos del Internet peruano. El motivo de la cita era para capacitar a estos influencers sobre sus deberes de tributación al Estado, y de paso, informar a la ciudadanía general sobre su labor como entidad recaudadora necesaria para el desarrollo del país.

¿Cómo se define un influencer y por qué son sujetos de tributo?

Básicamente se trata de personas naturales que se dedican a crear contenido y mantener interesada a una audiencia con características determinadas, y de esta manera, promocionar –directa o indirectamente– productos o servicios propios o de terceros. Es algo muy similar a lo que hacen las marcas en televisión o cine, relacionando un producto a un personaje y así conseguir publicidad dirigida a mercados específicos.

Los influencers perciben ingresos por publicidad que, en muchas ocasiones, no son declarados de manera correcta. Debido a que es una actividad relativamente nueva, el tipo de tributo no ha sido aún reglamentado. Según la SUNAT, el tipo de actividad debería ser declarada como una de tercera categoría, es decir una renta empresarial, por servicios prestados a terceros. Por el contrario, algunos influencers consideraban que se trataba de una renta de primera categoría, ya que interpretaban que solo estaban cediendo pasivamente su espacio en la web a empresas. Efectivamente, este tipo de renta es de tercera categoría, ya que involucra labor remunerada.

No obstante, otro argumento para realizar este tipo de capacitación y difundirla en las redes sociales de SUNAT y la prensa, involucra directamente a la educación mediática, nuestro interés inmediato en este blog. En esta época en que los medios tradicionales y digitales están entrelazados y los códigos mediáticos se difuminan entre sí, ¿cómo podemos identificar un aviso publicitario contratado de la ficción o realidad aparentes?

Ver también: “Es preocupante la falta de recursos de los niños para entender la publicidad de forma crítica”: Entrevista a Mònika Jiménez

Una manera de orientar a las audiencias, que en muchas ocasiones no están del todo capacitadas para discernir contenidos o navegar de manera informada en Internet, es hacerlo desde los organismos estatales. Algo que también fue planteado en las capacitaciones a los influencers fue la inclusión de una declaración explícita en su contenido, para definir si se trata o no de un aviso contratado. De esta manera, estamos ante una práctica mediática más ética y con miras a educar al público en general en medios.

Más información sobre el plano legal y económico: 

[Descarga] Sin muros. Aprendizajes en la era digital

La profesora Teresa Quiroz nos ofrece en el libro Sin muros. Aprendizajes en la era digital, una aproximación reflexiva y cuestionadora al vínculo entre la educación y la comunicación. Por tiempo limitado, el Fondo Editorial de la Universidad de Lima permite la descarga de esta obra en este enlace.

sin_murosEn este libro, la autora confronta los hallazgos de su propio trabajo con los debates más actuales sobre el impacto de las tecnologías en los niños y jóvenes, su forma de relacionarse, de construir su identidad y, fundamentalmente, de aprender. Uno de los objetivos de la autora es superar esa visión inmediatista centrada en los efectos nocivos de los medios para explorar, desde una mirada más etnográfica, los vínculos materiales y afectivos que los jóvenes crean con los dispositivos tecnológicos.

Sin muros. Aprendizajes en la era digital desarrolla en sus 162 páginas la tesis de que el aula dejó de ser un espacio físico en la escuela para convertirse en otro simbólico, a veces caótico, atravesado por pantallas omnipresentes cargadas de información, a partir de las cuales niños y jóvenes interactúan entre ellos y con el mundo.

En ese sentido, como leemos en la reseña,

El conocimiento hoy no se encuentra alojado solo entre los muros de la escuela, sino que cada niño y adolescente puede ser parte del intercambio de saberes y autor de estos, dentro y fuera de ella. Así, las nuevas políticas educativas, lejos de proporcionar únicamente equipos tecnológicos para las aulas, deben estimular en el estudiante una diversidad de capacidades de discernimiento para un desarrollo autónomo y con sus pares.

 

En esta entrevista con Ricardo Bedoya en el programa El Placer de los Ojos, profundiza en estas ideas. ¡Nos invitamos a descargar este libro! (hacer clic aquí).

Entrevista a Cristóbal Suárez-Guerrero: “No es lo mismo hablar de desarrollo educativo con tecnología que de inclusión tecnológica en educación”

Por: Fátima Pasquel (*) 

Cristóbal Suárez-Guerrero (Mollebamba, Apurímac-Perú) es Doctor en Educación en procesos de formación en espacios virtuales por la Universidad de Salamanca, licenciado en educación, especialidad filosofía y CCSS por la UNMSM y profesor del Departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Universitat de València. Su línea de investigación y desarrollo educativo es la pedagogía red, aprendizaje cooperativo y abierto en red, cultura educativa digital e innovación didáctica y política educativa digital. En esta entrevista nos comenta sobre su último libro “Pedagogía red: una educación para tiempos de internet” y algunos temas sobre los que investiga.

¿Cómo se gesta una pedagogía en red?

En primera instancia, la pedagogía es más antigua que la educación, es el lenguaje de la acción educativa y lo que busca es tratar de entenderla y orientarla no solo en el plan escolar sino también en la educación no formal e informal. Cuando irrumpen internet o la tecnología, lo hacen como una variable muy importante. Lo que añade, además de sus muchos artefactos como aplicaciones, softwares, dispositivos o herramientas técnicas, es una estructura de organización y distribución de la información que se plantea de forma atípica a la manera en que se distribuye información ya sea a través de los medios de comunicación masivos o en la escuela, donde es de forma vertical, entonces es así como comienza a plantearse la idea de una organización en red.

Coméntanos sobre tu libro “Pedagogía red: Una educación para tiempos de internet”.

Estamos acostumbrados a pensar siempre la educación como una relación bidireccional entre alguien que enseña y otros que aprenden. Esa matriz básica se ha ampliado a un territorio inédito en el que fluyen las comunicaciones y la interacción, y se registra esa información en un entorno en red. En internet, esta matriz se abre a un espacio difuso en la que prima una relación reticular donde no hay necesariamente una relación en los patrones que marcaba la escuela, entonces, ¿cómo pensar la institución educativa, la educabilidad, el aprendizaje formal, no formal e informal, la actividad del que enseña, los materiales educativos, la evaluación, cuando el entorno comunicativo se amplía a una relación en red? Esa es básicamente la motivación del libro.

También se intenta responder a algunas preguntas clave en el libro: por qué aprender en red, qué aprender, cómo aprender, con qué aprender, con quién, dónde, cuándo, y, cómo valorar lo que se aprende en la red, ¿por qué consideras que el profesorado debe hacerse estas interrogantes al momento de idear o desarrollar educación con tecnología?

La relación educación y tecnología no es reciente, de alguna forma hemos recurrido a alguna herramienta: papiros, libros después irrumpió con fuerza la televisión, la radio, los medios de la educación a distancia y abierta, y las computadoras. Primero quisimos introducir esta última tecnología al entorno del aula; después quisimos que esa tecnología se pareciera al aula y pensamos en un aula de computadoras; después  hicimos que esa tecnología se convierta propiamente en el aula y hablamos del aula virtual. Pero, todas las personas que de alguna manera tienen una responsabilidad en la educación y de manera concreta a nivel curricular o de aula, han pensado la tecnología siempre desde la pregunta instrumental ¿con qué aprender? y la tecnología como la respuesta. Cuando te planteas esa pregunta estás esperando una respuesta instrumental, pero en la actualidad, un profesor tiene que pensar que el fenómeno de internet es mucho más amplio. Internet no se limita a la respuesta sobre el material educativo sino sobre el entorno, las finalidades de la educación, los contenidos, los procedimientos, las evaluaciones, la valoración, los agentes educativos, y distintos aspectos que necesitan una atención teórica desde la pedagogía. Lo mejor que podemos hacer frente a internet no es esperar respuestas técnicas sino plantear preguntas pedagógicas para que la tecnología pueda avanzar al ritmo de la educación porque no es lo mismo hablar de desarrollo educativo con tecnología que de inclusión tecnológica en educación.

pedagogía redDebemos trabajar las competencias digitales en las aulas.

El mito del nativo digital es algo que tenemos que desterrar. Hay investigaciones que te dicen que esto simplemente es falaz y que la competencia digital no es producto automático de haber nacido en un entorno rico en tecnología, sino que saber utilizar la tecnología en provecho personal y social es un proceso que hay que aprender y estimular, y la escuela debería ser ese espacio para poder atender la competencia digital del ciudadano.

¿Y cómo vamos en el Perú?

Sé que en el currículo peruano hay una competencia que está asociada a cómo se desarrollarán los alumnos en un entorno tecnológico, pero la competencia digital supone más cosas. No es lo mismo destreza técnica -que tiene un niño o adolescente para moverse en el entorno digital o manipular las aplicaciones de un celular- que competencia digital. Esta supone saber seleccionar información, saber comunicarse en internet, saber solucionar problemas reales con internet, tener consciencia de su seguridad y su identidad digital, crear contenidos. Entonces, si eres un usuario pasivo, si no te das cuenta de tu identidad, de lo que estás haciendo, de que cada clic es un dato, si no sabes seleccionar información, y simplemente usas internet para entretenimiento -que está bien, por un lado, pero si se abusa es el problema-, y no resuelves problemas reales con ello, entonces simplemente tu relación persona-maquina es elemental, no has sabido aprovechar bien la tecnología.

Y se trata de formar personas que sepan aprovechar las tecnologías…

Una persona que salga de un sistema educativo como el peruano o de cualquier otra parte del mundo debería estar preparada para encarar los retos, no solo de internet, sino del desarrollo de lo digital, entender muy bien, por ejemplo, la relación entre poder y tecnología, las implicaciones de la inteligencia artificial en nuestra vida, la falta de neutralidad de los sistemas tecnológicos en red o los problemas políticos y sociales vinculados a los algoritmos, así como desarrollar su competencia digital, entender cuáles son los dilemas sobre el conocimiento en internet, entender qué cosa es la cultura digital y una serie de aspectos que le permitan ser un ciudadano despierto y consciente para poder encarar su vida y el desarrollo del país en un entorno digital. No nos basta ser nativos digitales.

En el caso de docentes que se encuentran sin acceso a internet en la escuela, ¿pueden también abrir el diálogo a sus alumnos sobre estos temas? 

Hay un concepto en educación que es el aprendizaje significativo. Por ejemplo, si tú vives en Apurímac, de donde soy yo, y pones un ejemplo a los alumnos sobre matemática para entender el teorema de Pitágoras usando el relieve del mar, entonces no será muy significativo a la experiencia del alumnado. Hablarles de internet a chicos que quizá tienen contacto únicamente con la televisión, la radio o limitadamente la prensa, en lugares apartados en Perú es como hablarles de una ficción. No podemos hablar ni problematizar nada de internet si no tenemos acceso a la red, después del acceso habría que desarrollar la competencia.

Señalas que es importante que el profesorado encare este tema sobre todo con la pregunta ¿con quién aprender? ¿Por qué consideras que sobresale de las otras?

“¿Con quién aprender?”, es una pregunta invisible en el modelo pedagógico porque cuando un niño o un adolescente va a una institución educativa no queda sospechas de que si va es porque va a aprender con alguien y ese alguien es el profesor. Si tú trasladas esta pregunta a internet, la respuesta ya no es únicamente el profesor, sino que puede ser un especialista, un compañero, una comunidad u otros agentes educativos que están más allá de la figura del profesor, incluido las grandes corporaciones de internet, como GAFA (Google, Amazon,Facebook y Apple), por ejemplo. Entonces, en el contexto de internet, la pregunta se hace visible y más necesaria ya que no estás a expensas de un profesor: si accedes a un banco de recursos educativos abiertos habrá una persona encargada, si entras a una comunidad de aprendizaje habrá muchos como tú de los que podrás aprender, si estás en un curso virtual reglado no tendrás necesariamente un profesor sino un tutor virtual, si estás trabajando con una empresa y un curso auspiciado por un MOOC (Massive Open Online Course) tendrás una empresa detrás y si accedes a recursos por ejemplo de Google, tendrás una macroempresa detrás con una concepción educativa. Entonces, la pregunta ¿con quién aprender? tiene mucho sentido porque ya no estás pensando únicamente con el profesor o profesora, sino en otros agentes educativos que han surgido en ese entorno tecnológico.

¿Cómo es que el profesorado puede dejar de temerle a con quién el alumno puede aprender en internet?

Nuestra educación no empieza únicamente en la escuela, sino en nuestra casa, la familia, la comunidad, los medios y ahora internet. En realidad, lo escolar forma parte de lo educativo, entonces si abrimos el foco y vemos que internet, para bien o para mal también forma parte de las condiciones y del entorno de aprendizaje de los chicos, en vez de rehuirle, tapar el sol con un dedo, podremos integrarlo a la práctica educativa. ¿Cómo? Como profesores tenemos que aprender primero a usar internet en nuestra propia formación educativa y, a partir de ahí, será mucho más sencillo entender o recomendar el uso de internet. Y no se trata solo de usarlo, sino de ser creativos al momento de hacerlo. Tú puedes usar, por ejemplo, Wikipedia como ayuda a la docencia solicitando a los alumnos buscar y citar su contenido en trabajos en clase o puedes usarlo, desde el enfoque cooperativo haciendo grupos de expertos entre alumnos, para que los alumnos no solo extraigan información sino que aprender a editar Wikipedia y aporten algo y publiquen en esa enciclopedia.

Finalmente, sabemos que hay docentes interesados en conocer más.  ¿En qué espacios digitales o no digitales podrían empezar a reflexionar y hablar sobre esta temática?

Yo creo que la mejor forma en que un docente pueda entender el impacto de la tecnología es entendiendo el impacto de lo tecnológico en su propia formación docente. Los animaría a que no vayan necesariamente a usar la tecnología para dar clases, sino que primero vean cómo puede la tecnología ser útil para su propia formación y evaluar hasta qué punto internet puede cambiar su percepción docente interactuando con otros a través de grupos en redes sociales, accediendo a fuentes de información diversa, accediendo a cursos, participando en internet creando contenidos, buscando recursos educativos abiertos y materiales también que hay para enseñar. Cuando tú de alguna forma te convences o no de que internet puede ser útil para ti, será muchísimo más sencillo hablarles de esa utilidad a los alumnos, y cuando perciban que el profesor mismo utiliza internet será más natural para él o ella recomendar espacios, prácticas, dinámicas que realiza y trasladará esa misma competencia al alumno.

Visita aquí el blog de Cristóbal.

fatima(*) Fátima es Licenciada en Comunicación y miembro del grupo de investigación en Educación y Comunicación de la Universidad de Lima. Entrevista realizada el 25 de julio de 2019 durante una estancia en la Universidad de Valencia.

Espejos difíciles: ficciones audiovisuales en el aula

Por: Giancarlo Cappello (*)

Cuando estudiaba en la universidad, una alumna reclamó al profesor de cine por proyectar El imperio de los sentidos, de Nagisa Oshima. Usó la palabra pornógrafo y aseguró que le tomaría meses sacudirse de aquellas imágenes perturbadoras. Años más tarde fui testigo del disgusto de un alumno ante la película peruana La boca del lobo, acusándola de “proterrorista” por ocuparse solo del bando militar. Y hace algunas semanas, dos alumnas protestaban porque las series Mad Men y Breaking Bad les parecían celebraciones encubiertas de la infidelidad, la doble moral y porque “enseñan a hacer drogas”.

Aunque aparecen como casos aislados, estos comentarios sirven para reflexionar sobre el papel de la ficción en el aula y la vida cotidiana. Las historias forman parte del mundo cognoscitivo y afectivo de las personas porque promueven las miradas subjetivas e intervienen en aspectos éticos y prácticos. Tanto se ocupan de lo social como de lo individual y, en ese proceso, exponen los varios pliegues de identidad, de realidad y de diferencia que existen. Pero las historias no sancionan ni validan actos o comportamientos. Al contrario, son una forma sutil de cuestionar nuestra -en apariencia- virtuosa presunción de lo que está bien.

En general, el hechizo del arte no reside en su capacidad de convencimiento o disuasión, sino en la posibilidad que ofrece a cada cual para conocer(se). De ahí que sea posible observar que la reacción ante ciertas ficciones guarde no un miedo a la verdad –los maestros no la tienen-, sino al autodescubrimiento. El poeta y teórico literario Kenneth Burke decía que las historias son metáforas de la vida, porque saben sintetizarla de manera simbólica. Y de ahí, también, que muchas veces resulten espejos difíciles del alma que cargamos, capaces de revelar la medida justa de nuestras cuitas y asepsias vitales.

Así como no existen demiurgos que deciden qué historias deben filmarse con intención doctrinaria –sobre todo porque se trata de una industria que necesita de la validación de la audiencia-, las historias tampoco operan como agujas hipodérmicas que inoculan ideas en la cabeza de las personas. Cierto es que corresponde a los docentes medir los efectos que podrían generar algunos contenidos y ponderarlos o, mejor aún, discutirlos, pero lejos estamos de tener que enfrentarlos con las anteojeras clericales y fascistas que asumían que ciertos textos debían censurarse para evitar estragos en poblaciones incautas que pudieran abrazar la perversión, la insurrección y el asesinato. Si ése fuera el caso, hoy solo sobrevivirían los ágrafos, ajenos a las tragedias con incestos de Lope de Vega y las manducaciones humanas del Titus Andronicus de Shakespeare.

Hoy que se discute la educación clásica -enfocada en un alfabetismo pragmático, de carácter disciplinario y preventivo a fin de contener e integrar a los futuros trabajadores del sistema-, las ficciones tienen muchas cosas que decir en aras de una educación que persiga la realización de personas críticas y libres. Por ejemplo, acerca de las diferencias, de la variedad, de la tolerancia, del bien y del mal, todas materias pendientes y aplazadas quizá por demasiado tiempo.

cappello(*) Giancarlo es guionista y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima, donde investiga para el Instituto de Investigación Científica (IDIC). Magíster en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado el libro Una ficción desbordada. Narrativa y teleseries (2015).

¿Quién vigila tus contenidos de Instagram?

Por: Giancarlo M. Sandoval (*)

En Instagram puedes hacer muchas cosas. No solo es uno de los sitios sociales más visitados por su capacidad de viralización de imágenes, sino que es un sitio donde las intimidades se proyectan en una pantalla infinita y no dejan de aparecer. Cada vez más y más actualizaciones llegan como una versión visual de Twitter. Como usuario no solo estás siendo incitado a seguir personas, las celebridades del día, sino a convertirte tú mismo en uno compartiendo tus fotos, pensamientos, stories, o simplemente lo que haya frente a ti.

Así es como les damos nuestros datos.

“Datos” es un concepto bastante nebuloso en el discurso público, pero en el ámbito formal de la computación debe ser visto como cualquier pedazo de información (input) por parte del usuario, sin importar lo pequeño que sea. Por ejemplo, la hora en la que visitaste cierto sitio web. Esto crea un océano de meta-datos, es decir, datos de datos, que llevan a muchos a hacernos preguntas como ¿y a quién le importan esos pequeños datos míos? ¿A quién le importa la hora que visité mi correo o abrí algo? ¿A quién le importa la hora en que saqué dinero de tu cuenta de banco?

Dichas parecían las preocupaciones de gente que está haciendo algo ilegal. A los gobiernos, después de todo, les encanta criminalizar cada actividad que consideren que no pueden monitorear. No es por nada el eslogan que usan en Reino Unido “If you’ve got nothing to hide, you’ve got nothing to fear” (“si no tienes nada que ocultar, no tienes nada que temer”). Sin embargo, la mentalidad cambia un poco cuando no son solo tus meta-datos los que están siendo usados para monitorearte, sino tus datos en sí. Las fotos y mensajes que subes a Instagram, los mensajes “encriptados” de WhatsApp, y las etiquetas en Facebook junto con tu mapa de relaciones (social graph) no solo ayudan a ver dónde estás, sino que también ayudan a crearte.

Aquí vale la pena tener en cuenta la producción social de uno como persona, algo de lo que el sociólogo Ervin Goffman hablaba con fluidez y astucia teórica, como un performance del día a día. Sin un perfil o huella digital no eres nada, no hay nada de ti más que registros públicos de que naciste y alguna que otra información que haya sido sacada por instituciones del Estado. Tu producción social es mediada y creada por los sitios sociales que frecuentas. Tu tono de voz está siendo modificado por cómo escribes en Instagram. Tal era la lección de Friedrich Kittler citando a Nietzche, “nuestras herramientas de escritura nos están escribiendo a nosotros”.

Sin embargo, esta no es solo una libre y desenfrenada producción de ti. El Internet, como diría una colega, está apenas y funcionando, desde protocolos caducos hasta promesas de descentralización y sistemas distribuidos, hasta las personas que interfieren y toman datos. Mientras que las personas ven una producción social desencadenada, el Estado busca cómo hacer estas prácticas legibles, ordenadas, y consumidas para el manejo de la población desde arriba. El sueño cyberpunk de un Internet libre donde podría hacerse de todo y donde nadie podía monitorearte, se ve perdido en las olas de regulación, comercialización, e infraestructura controlada. El Estado es un estado monitoreador, pero también es un estado emprendedor, como diría Mariana Mazzucato. No solo monitorea, también invierte y participa en todas estas tecnologías desde su nacimiento.

Las bases de datos son el sueño de monitoreo de una nación, pero también son la manera principal en la que se encuentra la posibilidad de creación. Es por esto el estado y las empresas privadas invierten tanto en maneras distintas y creativas de obtener tus datos, para siempre.

 

Giancarlo MoralesGiancarlo M. Sandoval es COO de Special Circumstances, un think-tank cooperativo basado en USA y Europa. Estudiante de PhD en Media and Cultural Studies en Birkbeck, University of London. Investiga Inteligencia Artificial, Langsec, Type Theory y Hegel. Escribe en Neophyte.ink

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