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Inteligencia y grandeza

Por: Equipo Educared. 16 octubre, 2018

Una cosa es el ritmo al que se adquiere capacidades que todos debemos tener— lectura, escritura, aritmética—, y otra la posesión de habilidades inusuales, no importa la edad a la que uno las exhiba.

Por ejemplo, leer y escribir a los 3 años es excepcional, pero nada asegura que quien lo hace tan precozmente se vaya a convertir en el próximo Cervantes. De igual manera, alguien tan talentoso como el autor de El Quijote, puede haber pasado desapercibido para sus profesores de lengua.

En otras palabras, uno puede haber recorrido en sus primeros 5 años de vida lo que otros transitan en 10 —teniendo, por lo tanto, un coeficiente de desarrollo intelectual de 200— sin que a los 30 haya hecho ninguna contribución especial a la civilización. Ni los precoces terminan en la eminencia, ni los eminentes han sido necesariamente precoces.

De hecho, el grupo de 1528 chicos y chicas situados en el 2% superior según sus coeficientes intelectuales, que fueron seguidos en uno de los estudios de la evolución cognitiva más importantes de todos los tiempos, el que llevó a cabo Lewis Terman desde los años 20 del siglo pasado, no incluye ningún Nóbel. Algunos de los que no fueron considerados por tener indicadores por debajo de 140, como Luis Álvarez y William Shockley, recibieron el premio sueco en Física. Algunos de sus integrantes llegaron lejos, pero ninguno figura entre los que hicieron historia en ningún campo.

Si comenzamos del otro extremo, con personas que son consideradas pioneros, representantes de la excelencia, exploradores de territorios vírgenes, virtuosos y referentes a cuyas hazañas se dedican miles de páginas, encontramos precocidad. Sin embargo, muchos de los que no muestran nada de lo anterior son o fueron más inteligentes.

Los notables y fuera de serie necesitan mucho más que inteligencia. Aun en campos especializados —en unos, es cierto, más que en otros— lo que hace la diferencia es la creatividad, el carisma, la capacidad de sintonía, la osadía, la persistencia, la motivación, la pasión, entre otros.

Quizá las burlas a políticos y militares, a quienes no siempre se les reconoce brillantez intelectual, reflejan algo de lo anterior: tienen sobre sus hombros responsabilidades ligadas a la vida y la muerte de comunidades enteras, las han conducido por aguas procelosas y vientos turbulentos, tomando decisiones que definen la historia. Muchos son geniales aunque, en efecto, no vuelen tan alto en términos de CI.

Roberto Lerner

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