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Desacreditación e información

Por: Equipo Educared. 7 septiembre, 2018

¿Qué hacer frente a tanta información? Hemos tratado el tema en otras entradas: la
importancia de hacer pausas, meditar, focalizarnos en nuestro mundo interno, etc. Pero, sobre todo en el mundo virtual, si ya estamos recorriéndolo, ¿cómo reconocer lo
relevante, lo trascendente, lo interesante, lo cierto?

Cara a cara se debate, se contrasta, nos ponemos en contacto con ideas diversas, con
posiciones que no coinciden con las nuestras. Ocurre en las aulas, durante la sobremesa familiar, en la arena política. Se hace compromisos y se llega a acuerdos.

Pero si nos damos una vuelta por cualquiera de las redes sociales vamos a encontrar
agrupaciones monotemáticas que se definen con un orgullo casi violento, con una
convicción mesiánica, casi como si fueran la única ventana desde la que se puede
apreciar el mundo.

Es evidente que todos los seres humanos terminamos conectados con personas que comparten estilos e intereses parecidos a los nuestros y tenemos filtros, muchas veces desconocidos por nosotros, que nos hacen más sensibles a ciertos argumentos, más cercanos a ciertas ideas, más sintonizados con ciertas informaciones. Digamos que comunes denominadores que fomentan la identidad y el sentimiento de pertenencia.

Pero, por lo general, podemos aceptar que hay otras maneras de ver las cosas, que quienes enarbolan posiciones distintas, en primer lugar, tienen todo el derecho del mundo a ello y que eso no los convierte en mejores ni peores, que sus intenciones son esencialmente positivas, por lo menos hasta prueba de lo contrario.

Sin embargo, hay un fenómeno muy marcado y, en mi opinión mucho más preocupante. En las redes sociales, más allá de esas comunidades de intereses y puntos de vista, aparecen con cada vez mayor frecuencia espacios cuyos habitantes no solamente excluyen o priorizan ideas o conceptos, sino que buscan activamente excluir a personas que no comulgan de manera casi absoluta con lo que pregonan.

Parecen definirse no por la crítica de formas de pensar alternativas sino por desacreditar a todos aquellos que las representan. Solo se escuchan las voces que vienen de adentro y se desanima, casi prohíbe, escuchar otras que son tratadas como eventualmente contaminantes. Se forma un culto en el que se multiplican las copias de un mismo original repetidas hasta el infinito.

Ayudar a quienes se encuentran en esas cámaras de resonancia es importante, y la única manera es ayudarlos a recuperar confianza en quienes no piensan como ellos, lo que no quiere decir dejar de pensar por uno mismo.

Roberto Lerner

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