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La familia en tiempos de Internet (parte 2)

Por: Equipo Educared. 19 junio, 2018

Entre otras cosas, Internet ha producido un cambio brusco en las relaciones de poder. Gobernantes, médicos, profesores, y padres, tienen al frente gobernados, pacientes, alumnos e hijos mucho más informados, con una mayor capacidad de nutrirse de la realidad e influir sobre ella que hace solamente un par de décadas.

La generación de los digitales, nacida dentro del paisaje descrito líneas arriba, es, pues, colaborativa, escrutadora, preguntona, tiende a no hacer grandes diferencias entre lo privado y lo público, vive con intensidad, quiere recibir resultados pronto, aprender rápido, conocer gente interesante y estar en movimiento de manera continua.

Es una generación que no entiende mucho el sentimiento de estar perdido —toda información se puede obtener y siempre se puede saber en qué lugar nos encontramos—, tiene a los padres a la mano, no necesariamente quiere desplazarse físicamente y encuentra a quienes comparten sus intereses y son como ellos.

Es por eso que se redefine la identidad: uno la piensa, la edita antes de subirla a la red, la maquilla, empaqueta y embellece. La intimidad es de corto plazo, se deja el compromiso de largo aliento para más adelante y uno se protege de cualquier decepción. La creatividad es tipo copia y pega, sobre todo la que tiene que ver con lo escrito, aunque hay una gran habilidad para componer imágenes pegajosas y originales.

Hoy en día existen muchas plataformas de redes sociales, cada una con más de un millón de usuarios. Además de las conocidas por todos, las hay para todos los gustos. También, sistemas que permiten conectarse a través de textos, vídeos y sonidos, convirtiendo a cada persona en una suerte de canal que produce contenidos, una especie de medio de comunicación unipersonal. Los individuos, terminamos, de esa manera, siendo periodistas de investigación que podríamos, por ejemplo, recoger en 15 minutos más datos que un censo de población.

El hecho es que, muchas veces sin saberlo, dejamos huellas en el espacio virtual. Anónimos algoritmos, saben de nuestras andanzas y las registran para saber, antes que nosotros mismos, lo que vamos a escoger, lo que vamos a preferir; y podrían tener impactos en nuestra empleabilidad, línea de carrera, salud, educación y finanzas.

En fin de cuentas, la culpa, emoción que permite que las personas hagamos lo que la sociedad espera de nosotros, que reinó durante la revolución industrial y la urbanización a gran escala, ha sido reemplazada por la vergüenza. Esta última emoción ha regresado. En efecto, en los grupos pequeños dentro de los que vivimos casi todo el tiempo que la especie humana está sobre la faz de la tierra, ser señalado con el dedo, la famosa picota, nos ponía al margen de la comunidad. La conectividad total, la posibilidad de llevar a la red lo que hacemos y decimos, ha puesto la vergüenza en el centro de la vida colectiva. Es así que reputaciones se deshacen con la velocidad de un rayo, tribunales virtuales se pronuncian sin escuchar descargos, sin matices. Y mucha gente sufre al no comprender la lógica de las redes.

La pregunta no es si permitimos que los niños accedan a lo virtual. Nacen dentro de su lógica, es su lengua materna. La pregunta es qué papel jugamos los adultos, qué alternativas ofrecemos, cómo lo utilizamos nosotros y si nos damos el trabajo de comprender su cultura.

Si compramos los aparatos con ellos, si los instalamos conjuntamente, si conocemos las contraseñas, si podemos definir para toda la familia momentos de silencio electrónico, si respetamos la privacidad, podremos hacer una alianza, nosotros, inmigrantes en el mundo digital, con sus nativos.

Comentarios (6)

  1. Me parece importante definir “silencio electrónico” en familia, ya que esta sufre las consecuencias de la falta de comunicación En los hogares, muchas veces, las familias están juntas en el mismo ambiente o compartiendo la misma actividad (el almuerzo), pero no están conectados, no se toman en cuenta, no convesan entre ellas, es como si no existieran.

    • Así es, Sonia, juntos pero desconectados. Bueno, silencio elctrónico es cuando todos los miembros de la familia dejan de lado los dispositivos y se conversa. Obviamente depende de los adultos el hacer que la sobremesa o el encuentro sea interesante. un saludo.

    • Hola Yvonett. Bueno escribí un tercer artículo. Me encantaría me dijera exactamente sobre qué desearía conocer más. Niño dude en escribirme. Un saludo.

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