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La familia en tiempos de Internet (parte 1)

Por: Equipo Educared. 19 junio, 2018

Tendemos a pensar en la familia como en un nido que nos protege del mundo exterior y sus peligros. Las cosas son menos simples. Es dentro de ella que adquieren significado las principales dimensiones de la vida humana: nacer, crecer y morir; los géneros y la sexualidad; la ambición, en fin, todas las emociones poderosas y, también, peligrosas.

Hasta hace poco nuestra expectativa de vida era muy corta. Poco tiempo luego de ser maduros desde el punto de vista biológico nos reproducíamos y vivíamos lo suficiente para contribuir con la alimentación del grupo y sacar adelante una nueva generación.

Hoy podemos esperar vivir alrededor de 85 años. Varias generaciones conviven bajo un mismo techo o trabajan juntas en un espacio laboral. La vida y muchas tareas siguen luego de haber terminado de criar hijos.

Las tecnologías tienen mucho que ver con lo anterior. Sobre todo aquellas que transmiten información. Desde la escritura, pasando por la imprenta, hasta la TV y, ahora, Internet, la velocidad con la que las ideas se reproducen y extienden, no ha dejado de crecer. Porque las ideas tienen vida propia, son como organismos que luchan entre sí y las que superan al resto se convierten en epidemias positivas o negativas: modas, ideologías, religiones, transforman el panorama social, de manera permanente.

Y todas las tecnologías despertaron en su momento una poderosa mezcla de ilusión y temor, siempre fueron usadas para el bien pero también para el mal. Cambiaron el significado de lo humano y el mundo en su conjunto. Acercaron lo lejano, hicieron grande lo pequeño, permanente lo efímero. Se pensó, por ejemplo, que la fotografía significaba la muerte del arte. Ocurrió lo contrario, el arte se liberó y sus expresiones se hicieron más osadas e impactantes.

La comunicación digital tiene algunas características notables. Entrar y salir de las relaciones no cuesta, nos quedamos en ellas el tiempo que queremos. La lealtad es menos sólida y siempre podemos encontrar alternativas: interlocutores, fuentes de información, servicios. Y, en las redes sociales, nos comparamos a millones de individuos en cuyas vidas, mejor dicho la parte de ellas que nos quieren mostrar, ingresamos sin mayor esfuerzo. Esa comparación permanente con el lado más verde de jardines ajenos, no es sencilla. Por el contrario, aviva una cierta envidia, nos hace sentir que la pasamos menos bien que el resto, en otras palabras, que estamos recibiendo una parte más chica del pastel que los demás.

Pero hay algo más: al recibir la información en tiempo real y al ser aparatos móviles los que la traen, es como si hubiéramos añadido a nuestro cuerpo un órgano sensorial adicional. Quienes nacieron en esas circunstancias y nunca vivieron otras, sienten sus celulares como los más viejos sus lentes.

Comentarios (2)

  1. Internet es un medio. Si se queda en proveer solo información habría un solo impacto en la familia, este sería el ampliar la comunicación. El problema es que las aplicaciones diversas que hoy existen hacen posible, a la medida que uno quiera, evidenciar el perfil de cada usuario. Ese impacto en la familia puede resultar negativo porque sus miembros comienzan a gestionar su privacidad y esto va contra el propósito de las redes sociales.

    • Hola Carlos: tiene razón, siempre habrá una tensión entre esos dos aspectos, la búsqueda de información y las huellas que dejamos. Debemos movernos y al mismo tiempo usar las redes pero también cuidar nuestra privacidad. Totalmente de acuerdo. Un saludo.

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