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La fuerza de las ideas (parte 3)

Por: Equipo Educared. 9 abril, 2018

¿Escucharon que usamos 10% de nuestro cerebro? ¡Tonterías! Lo usamos todo. Eso sí, no sabemos lo que pasa en el 90% de esa masa gris. Conocer y usar las ideas que habitan ese enorme territorio extraño, permite cambiar nuestras vidas e influir en las de los demás.

Pero las ideas también obstaculizan.

¿Quiénes se opusieron más al uso del teléfono? Los maridos. Las mujeres estaban recluidas en el hogar. El invento les permitió “salir” de casa a través de hilos que llevaban sus voces y traían las de otros. ¡Peligro para los machistas del mundo!

Un hombre yace muerto en el desierto. Una mochila cerrada a su costado. Si la hubiese abierto, no habría muerto. ¿Qué contiene? Nadie acierta. Un paracaídas. ¡Ahhhh! ¿Qué pasó? Una idea orientó nuestras respuestas: llegó vivo y murió. ¿Por qué se muere en el desierto? Falta de agua, antídotos, GPS, todo eso. Pero, ¿si llegó muerto? Los cambios comienzan cuando osamos cuestionar las ideas con las que miramos los hechos.

Hay dos grupos de países: en uno casi todos los ciudadanos están dispuestos a donar órganos, en otro no más del 20%. ¿Cultura, religión, civismo? No. En los primeros, si no quieres donar tus órganos tienes que llenar un formulario y firmarlo; en los otros, si quieres donarlos tienes que llenar un formulario y firmarlo. La mente ama la inercia, es floja, odia llenar formularios y alterar sus rutinas. En un tema de la mayor importancia, una pequeña idea hace la diferencia.

Y si las ideas vienen sazonadas con coraje, mejor. Alice Stewart estudió medicina cuando las mujeres no lo hacían. Observó un incremento de cáncer infantil en familias acomodadas. Llegó a la conclusión que la causa era que las madres habían pasado por rayos X durante el embarazo.

En 1957 publicó los resultados. No los tomaron en cuenta. Nadie pudo aceptar la idea de que una tecnología maravillosa y revolucionaria, que permite ver el interior del cuerpo humano, podía no ser usada o tuviera consecuencias negativas. Pasaron 25 años antes de que la idea se tradujera en acciones y regulaciones preventivas.

Para que las ideas cambien realidades, no basta tenerlas en la cabeza, ni que sean originales, o pegajosas. Se necesita el coraje de sostenerlas frente a las trampas de nuestra propia mente y las de quienes se sienten amenazados por ellas.

La civilización surgió cuando registramos ideas que podíamos recuperar; avanzó cuando fueron nuestras interlocutoras en libros reproducidos sin límites; se disparó cuando las hicimos viajar en sonidos e imágenes. Ahora, con Internet, se anudan en redes globales y tiempo real.

El primer versículo del Génesis, afirma: “En el comienzo…”. En hebreo, principio y cabeza tienen la misma raíz. Había caos. Dios ordenó y vio que era bueno. Lo que da sentido al mundo, lo cambia y mejora, siempre comienza en la cabeza, con la palabra, las ideas, la mirada. Y, además, con la esperanza de que sea bonito y bueno.

Roberto Lerner

Comentarios (2)

  1. Una reflexión muy positiva para aquellos que consideramos que nuestras ideas sólo son utopías. Gracias Roberto Lerner. Considero que es necesario salir de nuestra zona de confort y revolucionar el mundo, aunque en algún momento se nos considere soñadores, o que lo propuesto sea solo quimera. Bendiciones.

    • Agradezco su aliento, Isabel, mucho. Toda idea tiene algo de utopia y es por eso es que se hacen realidad. Un saludo y bendiciones también.

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