Ingresa | Regístrate |

Tacto y contacto

Por: Equipo Educared. 12 diciembre, 2017

Uno diría que el mundo es para videntes y para oyentes. Visión y oído, sentidos llamados distales, son preeminentes. De hecho, la tecnología de la información consiste en proyectarlos con cada vez más fuerza. La realidad virtual es el último paso en ese sentido.

Los que reciben el nombre de próximos, como la percepción del equilibrio, el sabor, el olor y el tacto son de indudable, pero más oculta e íntima importancia. Al inicio de la vida, regulan los delicados intercambios entre el bebé y un entorno que aprenden y sienten chupándolo, oliéndolo y tocándolo.

Hablemos del tacto: se dejó jugar a bebés de 7 meses durante 30 segundos con dados de textura rugosa, sin que los pudieran ver ni acercárselos a la boca. Luego, se les permitió jugar con dos materiales nuevos: cubos lisos y pelotitas lisas, además del que ya conocían, y se midió el tiempo que pasaban manipulándolos.

Dado que los pequeños juegan durante lapsos más largos con objetos desconocidos, y si el sentido del tacto es un canal de aprendizaje efectivo, se predijo que los bebés pasarían más tiempo jugando con las bolas lisas, que diferían en textura y forma del material original, que con los dados lisos, que diferían sólo en textura, y un tiempo más breve con lo ya conocido. Y así fue, confirmando que el sentido del tacto basta para aprender. Pero también para validar, más, contrariamente al dicho de “ver para creer”, que la visión.

Todos hemos experimentado esa necesidad, a veces compulsión, de tocar lo que sabemos está ahí, por lo menos en teoría. Casi podría jurarlo, puse en mi maletín el adaptador que permite que proyecte mi trabajo desde el iPad, pero meter mi mano dentro y sentir con mis dedos el dispositivo, me da la tranquilidad que el recuerdo no puede. Por más que la mirada esté asociada a la verdad, es el tacto, el contacto, la piel, lo que nos asegura de que algo es real.

Por algo hay tantos letreros de “por favor, no tocar” desparramados por todo el mundo; y por eso también cedemos tan fácilmente a la tentación de hacerlo, de constatar con nuestros dedos lo que ven nuestros ojos, que, aunque fieles compañeros de nuestra exploración del mundo, no pueden poner un sello definitivo de realidad.

Más primitivo y básico —desde la presencia maternal hasta la comunión amatoria—, su mayor ventaja es que brinda seguridad — no es ni más ni menos exacto que la visión y también es víctima de sesgos y alucinaciones— y nos hace sentir protegidos por las evidencias que trae.

En efecto, la caricia hecha o recibida, tiene algo de asilo, de trinchera, de testimonio último de presencias que no se puede desconocer y, en situaciones inciertas o dudosas, el contacto físico es lo que más calma y proporciona seguridad. Es más, ver algo pero no poder tocarlo, genera una ansiedad casi existencial, intensa. Quizá lo anterior le pone límites al impacto de la realidad virtual, que no tiene lugar, aún, para el contacto.

Es por ello que cuando nos reencontramos con alguien luego de mucho tiempo, o después de una situación peligrosa, no nos basta con mirarlo. Tenemos que pasar nuestros dedos por su rostro para tener la seguridad de que nuestros ojos no responden a nuestros deseos sino a una realidad que temimos haber perdido. Y cuando lo que predomina es un ánimo arisco y buscamos evitar el contacto real, lo que decimos es “mírame, pero no me toques”.

Todas las tecnologías, desde las pinturas rupestres hasta nuestro actual mundo digital transforman y trastornan las relaciones originales de los sentidos. Comprender de qué manera, cómo enfatizan algunos y sepultan otros, es útil para evaluar el impacto psicológico y social de esas tecnologías.

Roberto Lerner

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

 
  • @2014 Fundacion Telefónica