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Recuperar la palabra

Por: Equipo Educared. 11 septiembre, 2017

Si no son esos textos cortos conformados por los famosos 140 caracteres —bueno, Twitter se puso generoso y desde 2016 ha flexibilizado la extensión—, asumimos que cada vez más personas están menos dispuestas a leer. La lectura, esa roca sobre la que se estableció la cultura desde el Renacimiento, parece haber perdido fuerza. Algunas palabras, expresiones contundentes, casi el equivalente de los efectos especiales cinematográficos, es lo que estamos dispuestos a procesar de esa manera y todo lo que vaya más allá, es como pasar de una película de Hollywood a una de esas europeas centradas en largas conversaciones.

El lamento se escucha sobre todo en relación con los chicos, que prefieren emoticones, exclamaciones, diminutivos, palabras recortadas y no muestran ningún respeto por la gramática ni por la ortografía, pero rehuyen la expresión verbal compleja de sus sentimientos, deseos, ideas y posiciones. Como que el lenguaje está en un desván, descuidado y extraño, y se lo saca en pocas ocasiones, bajo pena de castigo, para ser utilizado de manera desganada, reemplazado por rituales tribales obscenos, un tam-tam primitivo que se aleja de la nobleza elaborada que encontramos en la literatura.

La expresión escrita anda mucho peor. La que producen y consumen los menores. Si debo juzgar por los exámenes que corrijo, cada promoción escribe menos bien, se resiste a diferenciar entre lenguaje impreso y oral, usando de manera espontánea giros propios de la interacción entre amigos, incluso cuando se trata de trabajos académicos. ¡Cuidado!, no hablo de los contenidos. Pueden coexistir un “alucinas” dirigido al profesor, o “brother” cuando se refieren a Platón, con argumentos acertados y respuestas exactas. El otro día, ante un grupo de chicos más bien ilustrados, pedí que escriban lo que asocian con la palabra periódico. Lo más frecuente es “aburrimiento” y “ensuciarse las manos”. Pocos, muy pocos, van más allá de una mera ojeada con y sin “h”.

Pero, un momento. Nosotros, ¿cuidamos la palabra?, ¿la privilegiamos como instrumento de comunicación y relacionamiento entre las personas? Somos testigos de una devaluación sostenida de la palabra que, escrita o hablada, sobre todo la que viaja virtualmente, parece siempre un arma que se arroja a los demás convertidos en enemigos; o se pierde en discursos políticos tan floridos como vacíos y desconectados de la realidad; o naufraga en el incumplimiento de pactos y contratos. Todo en medio de una correría permanente y un ruido que ensordece, donde no sale muy a cuenta invertir tiempo en el intercambio verbal. No es que seamos buenos modelos para los chicos.

Por eso la importancia de recuperar rituales y ceremonias: antes de dormir, luego del despertar, la sobremesa, pueden y deben ser ocasiones para hablar de lo que nos ocurre, de lo que ocurre con el país, de lo que ocurre con el mundo. Discutir, aclarar sentimientos, absolver preguntas, responder críticas van bien con lo anterior. De paso, en las familias en las que ello ocurre, se desempeñan mejor en el colegio, tienen relaciones interpersonales más fluidas y gratificantes, leen más y muestran niveles de conflicto más manejables.

Roberto Lerner

Comentarios (8)

  1. Buenas tardes Dr. Tiene mucha razón en lo que sostiene y es la familia la encargada de recuperar rituales y ceremonias. Sin embargo, la gran mayoría de familias peruanas “por el trabajo”, se olvidan que esos pequeños pero importantes momentos cambiarán la vida de sus hijos, para bien o para mal.

    • Sí, Enriqueta. Pero también en esta época ocupada es posible instaurar rituales y tradiciones. Siempre hay tiempo y también ganas de almuerzos familiares, desayunos o interacciones al levantarse, antes de acostarse, paseos y todo eso. Un saludo.

  2. Soy docente universitario y me parece que lo que el autor describe es algo real, pero la pregunta es ¿cómo revertir este hecho sociocultural del lenguaje escrito y oral? Pienso que la raíz reside en 3 aspectos: lo que ocurre en casa y el ejemplo de los padres en cuanto a la lectura; el lugar que tiene en comunicación básica en las instituciones educativas de básica regular; y la poca importancia que se atribuye en los centros superiores a la lectura. Debería haber una articulación entre estos 3 niveles para poder lograr un mejor desempeño en comprensión, redacción y producción de textos.

    • Hola Julio. Concuerdo con las 3 dimensiones que menciona. No sé si podrá revertir. La imprenta, por ejemplo, cambió de manera brutal los patrones de comunicación y hasta lo que significaba ser humano, pero no se revirtió. La pregunta es cómo integramos las nuevas tecnologías en en la adquisición del pensamiento creativo, en la investigación, en el conocimiento y la producción de saber nuevo. Difundir los clásicos, discutir textos, combinar eso con la colaboración virtual, ayuda. Pero, en última instancia, no hay manera de ejercer una influencia si los adultos no leemos. Muchas gracias por su contribución. Un saludo.

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