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Más sobre el amor y rabia de los padres

Por: Equipo Educared. 23 agosto, 2017

La entrada anterior trató sobre los sentimientos encontrados, sobre las parte negativa de los sentimientos que los padres albergamos acerca de nuestros hijos. En resumen: están en todos lados, desde la literatura hasta el cine, pasando por las observaciones que podemos hacer en cualquier lugar donde unos y otros interactúan… menos en nuestras palabras, en nuestras conversaciones, en nuestros balances interiores.

Porque en las cifras y estadísticas están. 25% de personas maltratadas a lo largo de sus vidas y 30% de depresiones luego del parto no son poca cosa. Si, como lo expresamos en la primera entrega sobre el tema, las palabras no sirven para administrar la realidad, esta se cuela, con fuerza, por la puerta falsa de la acción descontrolada o la desesperanza y el desconsuelo.

Pero, a ver, procrear era un mandato, y divino por añadidura, no una decisión; ocurría temprano en la vida; se repetía, si se sobrevivía a un parto siempre peligroso, varias veces más; significaba largos periodos de lactancia; y la muy probable muerte temprana del ser procreado. Nada muy romántico.

Y hoy, que la sociología, la economía y la ciencia, han cambiado lo anterior, pero no nuestras mentes, ese extraño que entra en nuestras vidas cada vez más por nuestra propia decisión y cuando hemos hecho la experiencia de un desempeño autónomo largo, debe representar un encuentro apoteósico. Demasiado romántico.

Cuando uno sabe lo que es un emparejamiento basado en el amor y la pasión, los planes de crecimiento económico, la diversión y el desarrollo profesional, ingresa un ser desconocido que cambia la ecuación completamente. Sí, es un reto y parte de lo que significa crecer, pero cambia el cuerpo de una, la importancia de otro y los horarios de todos. Además, uno no lo entiende, tiene temor de que algo malo le pase, no hace las cosas ni según nuestros deseos ni lo que nos prometen los libros, nos saca de quicio y cuando salimos de casa, encima, alguien lo mira y le dedica alguna expresión como ¡qué hermoso, qué educado, qué delicia!

No es fácil y, ciertamente, no puede desarrollarse sin poner en juego sentimientos intensos y contradictorios, positivos y negativos, naturalmente desagradables en muchas ocasiones, comprensiblemente desconcertantes, pero reales, por los que nadie debería sentirse culpable, que todos deberíamos tolerar, en nosotros y los demás.

Un poco de sentido del humor humaniza el amor y también el odio. Nadie nos enseñó, ni nos va a enseñar. Nadie nos va a pagar. La inversión es enorme. El retorno demora o no está de acuerdo con nuestras fantasías iniciales. No hay vacaciones. La estabilidad laboral es absoluta. La labor cumplida nos deja desempleados.

Si no logramos acceder a ese sentido del humor y huir de la solemnidad aplastante. Si no podemos aceptar todo lo que nuestros hijos mueven en nosotros, de lo bueno, lo malo y lo feo, no vamos a poder diferenciar entre molestarnos con ellos, lo que es un ingrediente básico de toda educación, y agredirlos de manera sostenida con hostilidad, lo que es siempre una receta para el sufrimiento innecesario.

Roberto Lerner

Comentarios (4)

  1. Hola Roberto. Hoy te escuché en una charla y realmente fue muy buena. Gracias por compartir lo que sabes y ayudarnos a reflexionar sobre nuestro rol como padres. Hubiera querido preguntarte lo siguiente, pero no hubo tiempo. Quizás por esta vía me puedas ayudar. Tenemos 2 hijas, de 9 y 6 años. La mayor se ha puesto bien contestona, cuando está molesta contesta mal, grita y realmente yo lo siento como una falta de respeto. Lo que yo le digo es que cuando me hable así yo no la voy a escuchar, que cuando se calme podemos hablar. Lo que sucede normalmente es que llora y luego me pide disculpas, hablo con ella, le digo que entiendo que pueda estar molesta por algo (por ejemplo el otro día fue porque no quería ir a la cita que tenía con el doctor porque quería quedarse a jugar en la casa porque era viernes y tenía más tiempo, pero esa cita era importante así que tenía que ir), pero que tiene que aprender a calmarse y cuando esté tranquila recién hablar, que nada se resuelve gritando o hablando o tratando mal al otro, etc. No sé si está sea la mejor manera de manejarlo, por favor si nos puedes orientar al respecto. Muchas gracias de antemano.

    • Hola Claricia. Muchas gracias por tus palabras de aliento. Cuando me dices que “se ha puesto”, ¿estamos hablando de un cambio de estilo, que desde hace poco está más confrontacional, cosa que antes no era? Asumamos que es una jovencita que se desenvuelve razonablemente bien en el colegio, social y académicamente. Digamos, igualmente, que nada muy importante o fuera de lo común ha ocurrido. Bueno, se comienza a acercar al fin de la niñez, a la pre-pubertad, se da cuenta que el horizonte se llena de hechos prometedores y también complejos. Lo escucha, lo ve, lo lee. El asunto es qué hay que comenzar a cuestionar algunas cosas, diferenciarse, ya uno sabe en qué es bueno, qué le gusta, en qué no destaca, cuáles son sus ventajas comparativas y desventajas comparativas. ¿Funcionará lo que funcionó durante la niñez cuando venga el momento en qué hay un mercado de reputaciones y liderazgos que se asientan sobre habilidades distintas? Además, bueno, cuando se acerca la pubertad y la relación madre-hija se pone caliente, inevitablemente, también en el mejor de los mundos. Lo primero que yo haría es no tomarlo de manera personal (creo que está bien decirle qué hay maneras de decir las cosas y que cuando uno está muy molesto no es un buen momento para lograr cosas). No iría tanto por el asunto del respeto ni tampoco haría discursos sobre las maneras de obtener las cosas por las buenas. Es probable que en este momento ella tenga muchas dudas, no siempre se soporte a sí misma. A veces decir, “oye, parece que últimamente nos es difícil ponernos de acuerdo y seguramente ambas nos prometemos en la mañana que todo va a ir bien, pero como perdemos el control. Por lo menos a mí me confunde”. Nada más ponerle nombre a lo que ocurre y no centrar en que solamente le está ocurriendo a ella —por eso “nos es difícil”—, y ver qué pasa, hacerlo cuando no se están peleando, como que no se trata de enseñarle el manual de Carreño (que estoy seguro lo conoce porque ustedes son educados) que se le olvidó. Quizá eso abre un espacio, un puente. Es lo que se me ocurre, pero te ruego que no dudes de escribirme para corregir lo que yo asumí al principio y así seguimos en contacto. Saludos.

  2. Importante y necesario. Gracias por la publicación, creo que lo necesitaba, ha orientado mi manera de ver las relaciones entre padre e hijo. La clave, “sentido del humor”, muy buena.

    • Hola Luis Antonio. Sí, soy hincha del sentido del humor ya que pone las cosas en un contexto y ayuda. ¡Gracias por el aliento. Un saludo.

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