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Las emociones negativas de los padres

Por: Equipo Educared. 8 agosto, 2017

Vuelvo a la carga con un tema estrella. Por lo menos —he reflexionado sobre ello antes— en este Blog, es lo que más consultas ha generado: las emociones negativas de los padres hacia sus hijos.

Si uno observa lo que pasa en un lugar en el que hay niños jugando, digamos un parque, los padres no parecen demasiado divertidos. Uno diría, más bien, que el lenguaje corporal, el tono de la voz y las miradas, denotan preocupación y tensión, más propios de laboratorios o fábricas donde supervisores tratan de evitar desastres, que de, bueno, cualquier lugar donde uno realmente se divierte. Las sonrisas y voces distendidas quedan, más bien, para los intercambios entre adultos.

No le creo a quien me diga que nunca se ha preguntado, en cualquiera de los complejos trances del oficio de ser padre, en medio de cualquiera de los enfrentamientos con un adolescente, alrededor de cualquiera de las cuasi tragedias, para qué y cómo se metió en esa camisa de once varas.

Y sin embargo, no son de esas dudas que uno no expresa en voz alta, de esas interrogantes que ni siquiera se llevan al confesionario. Interesante en una época que ha volcado hacia lo público casi todos los recovecos de la intimidad, casi todos los temas de la vida, hasta los más pecaminosos.

Eso que no se trata —la carga de rabia y la dosis de ambivalencia de los padres hacia sus hijos— de un asunto sin historia, al contrario. Los textos bíblicos, los mitos de todas las culturas y los cuentos de hadas, hacen de la expulsión de un hijo, la preferencia excesiva por uno en detrimento del otro y, sí, el sacrificio de un hijo, señalan sentimientos complejos, en los que la agresividad, la rabia, la envidia y la venganza de los progenitores hacia sus retoños son centrales.

¿Yo, qué, eso?, ¡no, de ninguna manera, jamás! Bueno, quizá algo de desencanto, una pizca de desilusión, un grano de fugaz antipatía, pero ahí nomás. El diccionario de sentimientos negativos tiene pocas entradas y de las más recatadas, cuando se trata de lo que yo siento en el desempeño de la tarea más hermosa, frente al ser más preciado que me ha dado la vida.

En mi práctica profesional, no obstante lo anterior, las situaciones más dramáticas se han dado cuando los padres niegan de manera absoluta albergar cualquier emoción que no sea positiva por sus hijos. No llega a tanto, pero algo de eso hay entre maestros y alumnos. Me encanta enseñar, en general gozo mi relación con los alumnos y estudiantes, pero ¿puedo decir que nunca me ha provocado reprobar a alguno que me cae mal? No. No haberlo hecho porque, bueno, no se hace, no quita que no lo haya deseado.

Justamente, en tareas tan complejas como criar y enseñar, tan llenas de asimetrías en el poder, tan plenas de obstáculos, tan frecuentemente tensas y frustrantes, la semilla del abuso no puede estar ausente. Aceptarlo ayuda, justamente, a mantener la relación lo más sana posible, lo más segura posible, lo más funcional posible.

Sí, los hijos son una bendición, pero no siempre y no para todos. Lo que sí me queda claro es que la expectativa —planteada en miles de libros, las afirmaciones de los especialistas y los buenos deseos de los parientes—de estar permanentemente enamorados de nuestros hijos, es una maldición para todos.

Roberto Lerner

Comentarios (8)

  1. Buenos días, doctor. ¡Wow! difícil el tema, pero me remonta a momentos en los que pude sentir emociones negativas hacia mis hijos. El hecho de que el hijo menor (9) acuse y logre que castiguen (gritos o un manotazo por parte de mi esposo) al mayor (10 años), me llena de cólera y lo ignoro. Cuando el mayor, que tiene problemas de autonomía y responsabilidad, me guerreé cuando lo apoyo en las tareas, me dé la contra, le gane la flojera, luego de llegar incluso a tratarlo verbalmente mal y llegar hasta darle un correazo, ahí recién decir que lo perdone, que ahora entiende, que va hacer todo, no puedo dejar de sentir odio por lo que me hace hacer y luego tristeza y culpa porque es consecuencia de haberlo sobreprotegido por retraso en el desarrollo del habla, etc. Aunque valga la salvedad de que recapacito y trato de cambiar mi manejo hacia mis dos hijos. Es difícil aceptar que tenemos emociones negativas hacia ellos, creo que todos lo hemos sentido pero creo que hay en mayor cantidad las emociones positivas hacia ellos. No podemos ir a extremos, porque problemas cuando son pequeños y mayores problemas cuando son adolescentes van haber siempre, unos realmente graves. Y los padres no somos robots programados para estar en modo positivo o ser los malvados de la película.

    • Sin duda, esos sentimientos existen y ciertamente los positivos son más, en el balance largamente más. Pero, como usted bien dice, estoy totalmente de acuerdo, uno recapacita y trata de mantenerse en una situación razonable que no sea pura sonrisa y tampoco ser los malos de la película. Muchas gracias por su contribución.

  2. Padres y maestros son personas y tienen bloqueos no resueltos en sus vidas. Es probable que ello sea lo que lleva a experimentar emociones negativas frente a sus hijos. Me encantaría trabajar con esos padres que inconscientemente generan conductas inapropiadas en sus hijos pues con el tiempo se siembran traumas, rabia contenida, tristeza y poca comprensión por sus padres.

    • Ciertamente Elizabeth, todos tenemos esos bloqueos. Los padres han sido hijos y en esa cadena, maravillosa y compleja, se van acumulando cosas, buenas y malas. Las emociones negativas existen y debemos reconocerlas para ponerlas en su contexto y entender que no son excluyentes con todo el amor que sentimos unos por otros. Gracias por su contribución. Un saludo.

  3. Considerar que “los padres niegan de manera absoluta albergar cualquier emoción que no sea positiva por sus hijos”, implica que los padres queremos formar según nuestro punto de vista, los mejores. Muchas veces cuestionamos sus observaciones negativas y a mi parecer, se les debe hacer reflexionar sobre las emociones negativas y las positivas para que, a partir de ello, tomen una decisión sobre su apreciación o una actitud, pero con un argumento que para ellos es correcto, pero sin olvidar siempre el respeto a los demás.

    • Hola Sonia: bueno, creo que todos nos damos cuenta de que podemos albergar sentimientos negativos hacia nuestros hijos y eso puede generar algo de ansiedad, pero aun si queremos lo mejor para ellos, esto no se contradice con sentimientos encontrados que son inevitables con las relaciones más intensas e importantes. Como usted dice, el respeto es esencial. Un saludo y gracias por su contribución.

    • Hola Simón. Sí, ha mencionado una buena combinación de actitudes. Es una odisea, no tan dramática como “la” Odisea, pero con hartas emociones fuerte. Pero, ¡vale la pena! Muchas gracias por su aporte.

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