Espacio de Crianza

La irresponsabilidad de los niños y cómo manejarla

Por: Equipo Educared. 23 mayo, 2017

Estaba hablando sobre problemas de disciplina con un grupo de padres. Uno de ellos levanta la mano y hace saber su preocupación porque no logra que su hijo, de 11 años, prepare, hacia el final de la tarde, la lonchera que llevará el día siguiente a la escuela. “No entiendo”, exclama molesto, casi como si su niño estuviera presente, “no tiene deudas, no trabaja, no tiene todas las obligaciones que nosotros debemos asumir y, francamente, podría hacer algo tan sencillo, además de sacarse buenas notas, claro”, concluye y mira a su alrededor, buscando aprobación en el resto del auditorio. Por las cabezas que asienten, lo ha logrado.

El jovencito no cede y odia el encargo. Si lo hace es de mala gana y bajo la supervisión amenazante de sus progenitores. ¿Dejar el asunto al libre albedrío de la generación siguiente que prefiere mil veces la pantalla de un iPad? ¡Ni hablar! “Al final, prefiere pedir algo de dinero y comprar alguna porquería en el quiosco del colegio”, insiste el padre. “No es por el dinero, es el principio, además de los problemas de salud que puede traer una mala alimentación”, remata.

Comentó, primero que nos preocupamos excesivamente por la salud y la alimentación. Cuando los adultos de la familia comen razonablemente, los chicos, por lo general encuentran un equilibrio aceptable. Como lo puede certificar cualquier pediatra, si un niño está dentro de la norma de peso y talla para su edad, no hay que concentrarse tanto en la comida.

Más importante que lo anterior, es la forma del mensaje, el planteamiento del problema. ¿Está el papá ofreciendo transferir una responsabilidad, en este caso que su hijo asuma su alimentación del día siguiente? No. La tarea ha sido definida de una manera, por decir lo menos, despectiva: “Tú, que te la llevas fácil, que no tienes nada importante que hacer, contrariamente a nosotros, por lo menos ocúpate de esto ya que yo me encargo de las verdaderas obligaciones”. No es una buena manera de poner las cosas. Es, en realidad, uno de esos mensajes que se niegan a sí mismos.

Propuse cambiar un poco el enfoque. Si le damos una vuelta a nuestra comunicación, quizá logremos efectos inesperados. En primer lugar, convencer de que preparar la lonchera es una tarea importante. Significa elegir entre varios recursos, y por añadidura, es una ayuda importante para el conjunto de la casa. Claro que se puede hacer comentarios y conversar sobre los alimentos, preferencias y dejar un margen de libertad, que dependerá de las posibilidades del hogar, para componer el menú para el colegio. Se puede finalizar, expresando confianza en el chico y resaltar la importancia de su contribución.

Pontificar sobre todo lo que hacemos por los chicos y machacar que ellos “solamente tienen que estudiar” –lo que, valgan verdades, si recordamos nuestra época de colegio, no es fácil– y que “al menos” podrían asumir algunas “tonterías” insignificantes, no es manera de lograr cooperación. A nadie le gusta hacerse cargo del ripio.

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