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¡Padres y abuelos del mundo, uníos!

Por: Roberto Lerner. 14 mayo, 2016

Cada vez pienso más, cuando escucho a niños, adolescentes, adultos jóvenes, padres y abuelos, en lo que David Elkind llamó, ya en la década del ochenta, «el niño apurado». De taller en seminario, de academia en curso, de nivelación en terapia, vamos forjando, a pulso y paso de vencedores, a nuestros niños, con el fin de prepararlos para el futuro.

Deseamos que aprendan a leer lo antes posible, que adquieran los recursos necesarios para el éxito futuro, para intervenir en esa competencia que es la vida, parecida cada vez más a los concursos en los que se alcanza la fama con gestos extremos. El niño apurado debe, al mismo tiempo, ser un niño equilibrado: mostrar iniciativa, creatividad, ambición, pero, al mismo tiempo, ser considerado, socialmente justo y ambientalmente responsable.

Obsesionados con el futuro, olvidamos el ahora, el significado de ser simplemente “gente”. Concentrados en la novedad, dejamos de afirmar —¡lo único que no cambia es el cambio!— nuestras tradiciones, raíces y valores. Dedicados a ser entrenadores, no tenemos tiempo para conversar, discutir y confrontar.

Lo que produce esa capacitación apurada, desprovista de principios que le den sentido, es el debilitamiento de la familia y la escuela, y una desorientación en la cual proliferan identidades difusas, lealtades rotas y conductas de riesgo.

A pesar de todo lo anterior, el ciclo vital de los seres humanos, no obstante las absurdas tragedias individuales y colectivas a las que se les somete tan seguido en estos tiempos sorprendentes, alberga hechos y promesas positivos en el balance.

He podido participar muchas veces del espectáculo que dan las fuerzas de la vida cuando se imponen a las de la destrucción: cuando un alumno aprende a pesar de los obstáculos; cuando un niño vence sus temores y camina, explora, se integra y se acepta; cuando el duelo frente a la pérdida termina y los recuerdos encuentran un lugar desde el cual calientan el alma; cuando las familias cambian y sus miembros se atreven a reconocerse otras funciones que las que habían asumido como eternas.

En medio de las presiones académicas, y las recetas mágicas, los padres y abuelos deberíamos poder hacer escuchar nuestra voz. Profesores y especialistas, tienen, cómo no, su lugar. Pero nosotros sabemos más de lo que creemos y nos quieren hacer creer que sabemos, sobre lo que significa el desarrollo de nuestros hijos y nietos. No solo cantidad de conocimiento. También calidad. No tenemos que consultar tantos manuales ni seguir tantas instrucciones para acompañar el florecimiento de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. ¿Para cuándo un sindicato de padres?

Acerca de Roberto Lerner

Soy psicólogo y aunque me preparé para pasar la vida en algún instituto de investigación, terminé siendo una suerte de potpurrí de la psicología: profesor universitario con algunos trabajos académicos, maestro de escuela recalcitrante, psicoterapeuta de niños y adolescentes, especialista en el campo de la intervención en crisis, consultor en recursos humanos, columnista semanal en dos diarios de circulación nacional, conferencista. En fin, sin duda versátil, curioso aunque no sistemático, hiperactivo, lector voraz y con una vocación marcada por la difusión de la ciencia, la popularización de datos e ideas, el establecimiento de puentes.

Comentarios (23)

  1. No se respeta la libre maduración mental, de cada ser o niño y su libre elección como todo ser en contacto con su realidad y entorno. Todo está impuesto de antemano, sobre todo si se vive en las ciudades. En cambio, en el campo el niño experimenta y entra en contacto con la naturaleza, va madurando y desarrollando todas sus habilidades sensoriales desde un inicio, lo cual contribuye a ser inmune y fuerte. Utiliza sus sentidos y reflejos con naturalidad, y contribuye a ser más equilibrado al reaccionar ante un estímulo o problema.

    • Hola José. La ciudad tiene ventajas y desventajas. Entre las segundas, como usted bien lo dice, está el exceso de estimulación, los entornos impersonales, las agendas y horarios impuestos desde el exterior. En el campo las cosas son distintas, aunque tampoco hay que idealizar el desarrollo de los niños en esas circunstancias. Yo he trabajado mucho en comunidades campesinas —Larimayo, Ajoyani y Antauta, a dos horas de Juliaca— y las cosas no son tampoco ideales, ni mucho menos. Pero quiero agradecer su aporte y comentario. Me encantaría poder combinar los mejor del campo con lo mejor de la ciudad. Bueno, no se puede tener todo. Un saludo y deseo que podamos seguir en contacto.

  2. Dr., tiene toda la razón. Como colega suyo, siempre he dicho que los padres viven apurados porque sus hijos crezcan, sin darles un tiempo de calidad. Solo desean estudio, triunfo y éxito profesional. No les interesa que sus hijos puedan gestionar sus emociones.

    • Hola Ana Rosa. Siempre es un honor recibir un aporte de una colega. Hay mucho de lo que usted dice, la sobre concentración en las cuestiones académicas, termina sacando las cosas de contexto, sobre todo hace que todos hablen de las debilidades y carencias, antes que en las fortalezas. Nuevamente, Ana Rosa, muy agradecido por sus comentario y espero que sigamos en contacto. Buena semana.

  3. Lo que llamamos intuición, algo tan íntimo y que nos lleva por la senda segura cuando de un hijo se trata. Sí, creo que no se debe hacer de lado la crianza natural. Todo es cuestión de tener el propósito de hacerlo. ¡Es tan fácil cuando se ama!

    • Lindas palabras, Luisa. Nos han convencido, a quienes tenemos a nuestro cargo niños, que no sabemos nada, que debemos consultar a cada momento del desarrollo de nuestros niños manuales y seguir recetas. Pero sí sabemos, sí intuimos y sí sintonizamos con ellos, como en un ballet. Gracias por su aporte y espero mantengamos el contacto.

      • Bien dice el dicho “de tal palo tal astilla”. Sí, está presente desde años atrás el síndrome de niño apurado. Y es porque en casa también están presentes esos patrones. Padres que andan de aquí allá para poder satisfacer las necesidades básicas de la familia. No siempre va ser fácil lidiar con lo que vivimos hoy, el amor hacia los hijos ayuda enormemente, pero no es todo.

        • Sabías palabras, Lilian. Obviamente, lo comentado no es solamente el efecto de lo que pasa en los colegios, sino en las casas. Todos, en efecto, andamos apurados, corriendo, aspirando, tratando. NO es fácil y tendremos que encontrar balances y equilibrios. Nuevamente, agradezco su contribución y espero mantengamos el contacto. Un saludo.

  4. Tiene mucha razón. Le comento: tengo mi hijo de 15 años y yo he aprendido que todo tiene su momento. Entonces, dejo con toda libertad para que mi niño aprenda lo que gusta aprender; y sí, tengo buenos resultados. Él es muy hábil, me parece que desarrolla sus inteligencias múltiples. Sobre todo, es seguro de lo que hace. Mi niña de 19, a quien se le ha exigido mucho, es insegura de lo que hace, teme equivocarse. Yo también apuesto por el contenido de la lectura.

    • Hola Liliana: me alegro que su hijo tenga buenos resultados. Habría que preguntarse por qué dos chicos que se han desarrollado en el mismo entorno —¿es correcto eso, cierto?— han recibido estilos tan distintos, la una muy exigente y el otro muy flexible. Claro, uno aprende con la experiencia, es cierto. También es cierto que cada persona tiene un estilo distinto. Pero concuerdo con usted que es mejor tocar de oído, dejar libertad, apoyar fortalezas y acompañar. Muchas gracias por su aporte. No dude de seguir en contacto conmigo. Un saludo.

  5. Realmente encuentro interesante su punto de vista y estoy de acuerdo con él. Los padres de este siglo XXI no tienen idea de lo que es el respeto al espacio del niño y su edad. Les imponen todo y quieren que aprendan música,un deporte, idiomas, artes marciales y no sé cuántas cosas más que se les ocurre. Lo cierto es que el niño no tiene tiempo de respirar entre las tareas del colegio y los extracurriculares. Me gustaría que los padres de familia amaran más a sus hijos y que no trataran solamente de darles lo material para justificar el tiempo que no les dedican. Gracias por su tiempo.

    • Hola Martha: agradezco su aliento. Lo que llama la atención es que todo lo que hacen los niños viene estructurado desde el exterior. Aprender a administrar el ocio, estar con uno mismo, seguir los ritmos de internos, es también una tarea de desarrollo. Le tenemos miedo a “no hacer nada”, “no aprovechar el tiempo” y no nos damos cuenta que correr todo el tiempo no tiene mucho sentido. No dude de seguir en contacto conmigo. Un saludo.

  6. Felicitarlo, doctor, por el artículo, que no es otra cosa que la observación de la realidad. Los niños de hoy ya no son niños, son pequeños adultos gracias a sus padres. Ya no juegan a la ronda, no escuchan música infantil, ya no escuchan cuentos; ahora ellos escuchan música de adultos, bailan regue, rock, cumbia y zapatean como adultos y mejor aún. La magia de la niñez la hemos matado los adultos. Ahora saben ellos que con un beso no se traen hijos al mundo, ni mucho menos que la cigüeña las arroja al techo. Gracias por su aporte.

    • Hola Luis. Agradezco de todo corazón su aporte. Alguien, hace ya mucho tiempo, habló del fin de la niñez. En el fondo es, también, el fin de la adultez. Hay, sin duda, una homogenización del lenguaje, de la ropa y, en general, de las modas. No es solamente el final de la magia, sino una aceleración del desarrollo. Algunas cosas en ello pueden parecer positivas, pero el incremento de la presión sobre los menores viene acompañada de problemas importantes: depresión, transgresión, por ejemplo. Un saludo.

  7. Realmente en estos tiempos los niños, adolescentes y jóvenes no disfrutan de la etapa que viven, porque todo es mecanizado y con el tiempo exacto. Como dice el comentario de Luis, no saben lo que es jugar a la pesca, escondidas, yaquis o trompos. Realmente estamos en un siglo de apurados y sin tiempo.

    • Leny: sí, hay que recuperar juegos, rituales y tradiciones. Pero, tampoco, se trata de negar la teconología. Le agradezco su contribución y le ruego que no dude de seguir en contacto conmigo. Un saludo.

  8. Vivimos en un mundo competitivo, donde el que no estudia se queda atrás. Además, las demandas laborales son cada día más exigentes: maestrías, doctorados, especializaciones, diplomados, etc.; con los que pretendemos ganar, por asi decirlo, al semejante. Es por ello que inconscientemente hacemos eso con nuestros hijos, ” prepararlos para el futuro”, y que “si aprenden más rápido mejor”. Nos olvidamos de la esencia de ser niño, de pasar más tiempo con ellos, de jugar con ellos, leer juntos, compartir un almuerzo en familia, un paseo en familia, contarnos chistes, etc. Esas actividades son más productivas y significativas, por lo tanto generan mayor aprendizaje. No olvidemos que ellos aún son niños, dejemos que lo sean, que vivan su etapa a plenitud, que jueguen, se diviertan, como nosotros lo hacíamos en nuestros tiempos.

    • Adriana: sus reflexiones son muy apropiadas y las agradezco, como seguramente lo harán los otros visitantes a este Blog. Ahora bien, ambos aspectos —la necesidad de aprender y avanzar, adquirir habilidades y competencias; y la convergencia en actividades que enseñan y, a la vez, acercan— no son incompatibles. Hay que reconocerlos, fomentarlos, equilibrarlos y tener confianza en que los chicos “la van a hacer” en última instancia. No dude de seguir en contacto conmigo. Un saludo.

  9. Estimado Profesor: estimo mucho sus acertados artículos, considerando que en la psicología (como en todas las profesiones) hay psicólogos y psicólogos. Lo menciono porque estoy convencido que tiene mucho de arte, de experiencia y de interpretación subjetiva y algo menos de ciencia. Su comentario sobre el “niño apurado” y como el sabio consejo de los “ancianos de la tribu” ya perdió valor y nos horroriza que nuestros niños hayan perdido su niñez en aras de las pretensiones de padres autoritarios del tipo aquel conocido en el Japón como: “Madre Dragón” y que son aleccionados desde que todavía están en el claustro materno. Reciba un admirado saludo.

    • Hola. Muchas gracias por sus palabras de aliento. Uno las necesita de tanto en tanto y también le agradezco por su aporte y reflexiones, que comparto. No dude de seguir en contacto conmigo. Un saludo.

  10. Todo parte de que queremos ver a nuestros hijos y nietos al mismo nivel del resto de niños y caemos en el vacío, olvidando que cada ser es único. El mundo avanza a pasos agigantados con tanta tecnología, robotizando a la gente; y en ese camino, perdemos la esencia de lo humano.

    • Hola Ely: sí, es cierto. Claro, la competencia es sana, no se puede evitar, como tampoco la tecnología. Los padres debemos abrir espacios que permitan rescatar lo que usted, con tanta claridad, expone. No dude de seguir en contacto conmigo y le agradezco su aporte. Un saludo.

  11. Leer tu artículo y comentarios me ha ayudado a ver que lo que estamos haciendo va bien encaminado. La tarea no se acaba nunca, pero es estimulante saber que vamos andando por buen camino. Me siento afortunada. ¡Gracias Roberto!

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