Ingresa | Regístrate |

¡Es difícil ser niño!

Por: Roberto Lerner. 3 marzo, 2011

Fuente: quartertothree.com

Recuerdo una canción, verano de 1990, que llevaba ese título, creo que en lugar de niño era bebé. Un niño francés, llamado Jordy,  la cantaba, en realidad eran sus balbuceos, y era especialmente pegajosa. Por razones muy profundas, todos tendemos a idealizar nuestra infancia, que aparece en nuestros recuerdos más superficiales como un paraíso dedicado a «hacer nada», sin preocupaciones y con todo el tiempo del mundo por delante. ¡Nada qué ver!

Seamos sinceros y tratemos de regresar en el túnel del tiempo hacia esas noches en que teníamos tanto miedo, hacia esos momentos en que nos sentíamos feos, o cuando fulminábamos con nuestros pensamientos a todos los que nos rodeaban, y nos consolábamos diciéndonos, en silencio claro está, que seguramente nuestros verdaderos padres eran otros, o que si nos moríamos en ese instante ellos sufrirían las terribles torturas de la culpa por habernos tratado mal.

Decididamente, no es fácil ser bebé ni niño. ¡La relación con los adultos o con los mayores que uno es tan asimétrica! ¡Los demás concentran tanto poder y dependemos de ellos de manera tan absoluta! No solamente nos dan de comer, nos protegen contra el frío, nos llevan de un lado al otro, sino que también nos brindan, a pesar de todo, seguridad contra un mundo que parece lleno de peligros. Además no conocemos otra cosa, no tenemos alternativa. Es eso o… eso. Lo que nos toca debemos aceptarlo y lo mejor que podemos hacer es ir encontrando las formas más inteligentes de pasarla bien y ser nosotros mismos. Pero no es fácil. Por otro lado, hay tantas cosas incomprensibles: los humores de los papás, que a veces se ríen de nuestras gracias y otras se molestan por los mismos actos, las reglas de juego que hacen que no podamos realizar tantas cosas que otros sí pueden y, sobre todo, el tener que obedecer sin otro derecho que el de la pataleta, arma sin la cual no sería difícil sino imposible ser bebé o niño.

He hablado de circunstancias normales, de entornos razonables, de padres aceptables y de bebés promedio. Aun en esas circunstancias, Jordy tenía razón: es duro. Pero imaginémonos lo que ocurre cuando las situaciones son extremas por carencias materiales, por la desestructuración social, por la desarticulación familiar, por desequilibrios psicológicos. Cuando el entorno es impredecible, cuando el ejercicio del poder se expresa en castigos brutales o en humillaciones constantes, cuando siempre se demanda más, cuando la sexualidad se expresa de maneras impulsivas teniendo como objeto a los menores, cuando éstos sirven para que una pareja dirima sus conflictos o hasta arregle sus cuentas; entonces ser bebé y niño es una tortura, y el desarrollo es un ejercicio de sobrevivencia que terminará en un adulto que buscará vengarse en otro niño de lo que él sufrió una vez, muchas veces pensando que está haciendo lo contrario.

Es lo que se llama el maltrato infantil. Tendemos a creer que es un fenómeno extremo poco frecuente, y privativo de los hogares más modestos cultural y económicamente hablando. Pero si bien es cierto que hay épocas en las cuales se habla más de ese fenómeno que en otras, todos están de acuerdo en que es menos raro de lo que se piensa, y bastante democrático, por decirlo de alguna manera. Pero sí es cierto que llega a nuestros oídos cuando hace noticia y que ello ocurre más frecuentemente en medios en los cuales las cosas no se pueden ocultar fácilmente. Pero está en todos lados.

Hay situaciones extremas de maltrato que no admiten otra cosa que una intervención para cautelar la salud del niño, pero en muchos casos una intervención inteligente permite que los involucrados se den cuenta de que es difícil ser bebé y niño, de que muchos adultos, sin advertirlo, estamos haciéndoles sufrir a nuestros niños las cosas más duras quizá porque en nuestro momento nos sentimos tan impotentes.

Para terminar y como ilustración de una parte de lo anterior: Jordy fue explotado de la manera más descarada por sus padres. Luego del enorme éxito del vídeo, lo llevaron en una gira loca por el mundo y abrieron una suerte de granja de Jordy. Finalmente, el gobierno francés les prohibió cualquier actividad rentada con un bebé que la estaba pasando realmente mal.

Acerca de Roberto Lerner

Soy psicólogo y aunque me preparé para pasar la vida en algún instituto de investigación, terminé siendo una suerte de potpurrí de la psicología: profesor universitario con algunos trabajos académicos, maestro de escuela recalcitrante, psicoterapeuta de niños y adolescentes, especialista en el campo de la intervención en crisis, consultor en recursos humanos, columnista semanal en dos diarios de circulación nacional, conferencista. En fin, sin duda versátil, curioso aunque no sistemático, hiperactivo, lector voraz y con una vocación marcada por la difusión de la ciencia, la popularización de datos e ideas, el establecimiento de puentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

 
  • @2014 Fundacion Telefónica