Ingresa | Regístrate |

¿Imitadores o creativos?

Por: Roberto Lerner. 10 mayo, 2010

Puestos ante la alternativa, nuestra sociedad, según el canón que predomina en las últimas dos décadas en casi todo el mundo, por lo menos de dientes para fuera, la respuesta va a ser rotunda: lo segundo, los queremos creativos.

Imitar tiene mala prensa, es casi una grosería. Los imitadores están asociados con escasa creatividad, flojera, ausencia de motivación, conformismo, cuando no, como ocurre con el plagio y las transgresiones a los derechos de autor, deshonestidad.

¡Abajo los copiones!

Pero, un momento. Los negocios, los buenos negocios, consisten en generar modas, vale decir, ideas pegajosas, epidemias ideológicas y, casi en todos los casos, fidelizar masivamente a consumidores, en otras palabras, convertirlos en imitadores por el mayor tiempo posible. Clientes con un gusto permanentemente cambiante, que busquen hacer sistemáticamente las cosas de una manera diferente del resto, si son demasiados, pues, le harían la vida, literalmente, imposible a los estrategas del consumo ajeno.

Es que la inercia de los patrones conductuales existe, y no está claro de dónde los gurús de los negocios han sacado que la mente humana está, o debe estar, permanentemente saliéndose de ellos, que la alteración espontánea, por placer de experimentar, de lo que funcionó en el pasado, es el estado natural en el caso de los Sapiens Sapiens. 

Son los promotores del consumo, de productos, servicios y modelos, los que buscan que nuestras mentes se interesen por la novedad. Y la asuman por un tiempo adecuado -ni muy corto ni muy largo- como un estandar que luego va admitiendo desviaciones – mejoras, presentaciones algo distintas- hasta que se rompe en favor del próximo objeto de deseo. Pero, de no mediar una fuerza externa -una catástrofe ecológica, por ejemplo-, los organismos tienden a comportarse como en el pasado.

Nadie dice que las agencias de publicidad y los departamentos de marketing o los directorios corporativos son refugio de creativos malvados que maquinan la próxima moda, el siguiente ídolo, para un ejército de zombies, con el fin de engordar sus cuentas bancarias. Las cosas son más complejas, menos maniqueas y existen contrapesos como las identidades colectivas, las tradiciones, las regulaciones, las fuerzas centrífugas y las tendencias heterogéneas que habitan en los grupos humanos.

De hecho, la curiosidad es una motivación importante, no solamente para nuestra especie. Dejar que un monito observe lo que pasa en un cuarto adyacente promueve más aprendizaje que el alimento o el sexo, como reforzador, vale decir, premio. Pero la curiosidad no produce, por si sola, nuevas conductas o conductas más exitosas o más saludables, ni, necesariamente, es positiva. Bueno, el refrán dice que es lo que mató al gato. 

Porque, sin duda, si un exceso de conservadurismo es, frente a horizontes cambiantes, un lastre, una sobredosis de curiosidad u originalidad, en cualquier circunstancia, también puede serlo. 

Entonces, ¿hay un término medio? ¿Puede haber entre productores infinitamente creativos y consumidores, preferentemente inertes, copiones y reactivos, un balance saludable?

Conocer la naturaleza de la mente y las maneras en que nacieron, se consolidaron, fracasaron y cambiaron las conductas individuales y colectivas, puede aportar a las anteriores interrogantes. Una investigación reciente, reseñada en la revista Science (Conquering by Copying, Elizabeth Pennisi, 9 April 2010: 165-1679), da algunas pistas.

Se organizó un concurso de programas para computadoras que debían simular el desenvolvimiento de 100 individuos virtuales en un entorno desconocido, digamos, una isla, que presentaba retos de superviviencia diversos: comer, beber, encontrar refugio, evitar predadores, etc. Los programas competían de maneras complejas, en grupos, todos contra todos, pero al final, la mejor estrategia en cuanto a combinación de innovar o imitar con respecto de las conductas posibles, fue… imitar, imitar e imitar.

Sí, contra todo pronóstico.

Parece que las innovaciones son variaciones inesperadas y no planeadas en las conductas de imitación de algunos individuos. Digamos que una persona, al intentar seguir una ruta que otros siguen, se equivoca y termina en un lugar que permite mejores resultados en la alimentación. Él aprovecha la situación -suponiendo que se dé cuenta de la relación entre su equivocación y los felices resultados-, sus allegados y algunos otros avispados lo imitan y así se consolida la nueva conducta.

Lo crucial, entonces, antes que la creatividad en el sentido tradicional, es que alguien se dé cuenta del vínculo entre el desvío con respecto de la norma y un resultado interesante y, sobre todo, suficientes personas que reconozcan que imitarlo vale la pena.

El asunto no es, entonces, si la imitación vale la pena, sino la decisión de cuándo imitar, qué imitar y a quién imitar. Quizá es lo que padres y maestros debiéramos enseñar.

Acerca de Roberto Lerner

Soy psicólogo y aunque me preparé para pasar la vida en algún instituto de investigación, terminé siendo una suerte de potpurrí de la psicología: profesor universitario con algunos trabajos académicos, maestro de escuela recalcitrante, psicoterapeuta de niños y adolescentes, especialista en el campo de la intervención en crisis, consultor en recursos humanos, columnista semanal en dos diarios de circulación nacional, conferencista. En fin, sin duda versátil, curioso aunque no sistemático, hiperactivo, lector voraz y con una vocación marcada por la difusión de la ciencia, la popularización de datos e ideas, el establecimiento de puentes.

Comentarios (6)

  1. Es verdad, existe mucho plagio. Por ejemplo, soy docente en la ciudad de Lima, más específicamente en Santa Anita. Veo que la directora de la escuela es una experta en plagiar. Lo hace todo rápido: copia, pega e imprime y así ya está el trabajo. Está en la Carrera Pública Magisterial y eso es un engaño al pueblo. Ah, los genios del Ministerio de Iducación (Educación), no saben nada lo que hacen estos sujetos: copiar realidades de otro país, como es el caso concreto de Chile. Somos un país que está hecho una porquería y que debería plantearse una revolución educativa botando a los viejos funcionarios del Ministerio y las UGELEs que no saben nada de nada.

  2. En realidad el texto es interesante porque nos hace pensar en qué es lo mejor para nuestros hijos, cómo conducirlos por caminos asertivos. Desde mi punto de vista, por lo general, a mis hijos, alumnos en la escuela, siempre les he dicho que debemos imitar lo bueno de cada persona, las conductas positivas. Ahora, eso no quiere decir que vamos a dejar de lado la creatividad, no, de ninguna manera porque la imitacion debe ir acompañada del toque que cada uno le debe dar, es decir: está bien, lo imito, pero ¿qué le aumento para mejorarlo? Ahí entra a tallar la creatividad que habrá de sazonar la nueva conducta.

  3. Estimado Eduardo: en realidad mi artículo no se refería al plagio, aunque éste es una realidad innegable. Los mismos chicos usan Internet recogiendo textos de otros y los pegan sin mayor trámite ni reconocer la fuente. Uno puede recoger textos ajenos, pero siempre debe poner la referencia. Un saludo.

  4. Martha: ¡imposible ponerlo mejor! Estoy completamente de acuerdo con lo que usted dice. Hacer las cosas diferentes así porque sí, no tiene sentido. Sería desconocer el valor de la experiencia pasada, por lo menos cuando se trata de problemas que no son radicalmente nuevos. Hay que enseñar a reconocer eso y también promover eso que usted llama, acertadamente, toque especial. Un saludo.

  5. Recuerdo que Donald Rushkoff anunció el advenimiento y estadía de la cultura cut & paste, en la cual la creatividad se resumiría a una especie de rompecabezas hecho de recortes y retazos para crear nuevas obras. Esto ha tenido un especial énfasis en la música, empezando con el House, y luego con el “cachivacheo” del gran Manu Chao. El fenómeno actual de Internet nos ha legado una nueva cultura del reciclaje de ideas, imágenes y conceptos, en un collage casi obligatorio debido al hecho de que ya muy poco se hace “from scratch” y más cosas vienen pre-formadas en bancos de imágenes, contenidos escritos y sound bytes. Es una época prodigiosa en la cual la creatividad se ha convertido en el paraíso de los retaceros, donde la humanidad navega en un mar heterogéneo de nihil novum sub sole y YouTube. Acabáramos.

  6. Manuel: conozco la obra de Rushkoff y su camino de la ilusión a la desilusión con el mundo virtual. Yo no veo con desprecio londe cut and paste. Prefiero ponerlo en un contexto de cultura Wiki, de colaboración permanente en tiempo real. ¿No te parece?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

 
  • @2014 Fundacion Telefónica