Ingresa | Regístrate |

La familia: eterno rompecabeza

Por: Roberto Lerner. 24 abril, 2010

Algunos añoran cuando recoger a los chicos del nido era sencillo para la mente. Adultos jóvenes, generalmente las mamás, digamos en sus veintes, se congregaban en las afueras de la institución preescolar. Un panorama bastante homogéneo, predecible, hasta aburrido. Ya no. Hoy día el asunto puede ser un endiablado sudoku que más vale dejar incógnito.

Todas las edades. Pueden ser los abuelos -de regreso, también, masivamente, en las salas de espera de los consultorios-, o los críos luego de una larga espera dedicada al progreso profesional, o una segunda camada concebida tras una generación, o los nuestros después de haber tenido los tuyos y los míos. Además de todos los colores y culturas en este mundo de ejecutivos trashumantes y trabajadores expatriados. 

¿A cuál de todas esas posibilidades y otras más corresponden los arreglos familiares visibles? Responder esa pregunta estimula nuestro cerebro como un buen acertijo. Bueno, la familia siempre lo es, aunque sea la nuclear. Y frente a ella las mentes en desarrollo bullen en actividad cognoscitiva. Pero claro, se trata de un rompecabezas de 1000 piezas frente a los de 5000 que nos ofrece la variopinta realidad actual.

Pero aunque ahora la cosa está más a la vista, por las tecnologías que todo lo registran, las nuevas tendencias demográficas, la flexibilidad y más tolerancia en cuanto a usos y costumbres, los meandros de la familia siempre fueron uno de los enigmas más nutritivos para las neuronas de los menores. 

Juan Carlos me dice que con respecto de su abuelo materno las cosas no estaban claras, contrariamente a lo que ocurría con el lado paterno: “En casa del Nono las paredes hablaban y contaban una historia clara con sus retratos y fotografías; en la del primero los silencios susurraban”, dice. Y claro, la madre de mi interlocutor había nacido “fuera” del matrimonio, que recién se había formalizado cuando la esposa legal de su padre falleció y feneció el esquema de la familias paralelas, una en el campo y otra en la ciudad. Juan Carlos añade: “Es algo de lo que me enteré poco a poco, lo fui descubriendo en medio de sobrinos de mi edad y ahora mi hijo es tío segundo de algunos de sus compañeros de colegio”.

Y de mi propia experiencia: rebuscando los cajones de mi abuela -¿Quién no ha sido arqueólogo de escritorios y armarios? -, que se mudó a mi casa cuando falleció mi abuelo, encontré una foto de mi padre, muy elegante él, con pinta inconfundible de novio. Pero a la altura de su brazo doblado, obviamente sosteniendo otro, una tijera había eliminado la presencia de mi madre. Cuando regresó mi abuela, le increpé con indignación la agresión contra mi progenitora. Aunque los arqueólogos de los secretos adultos trabajan clandestinamente, el hallazgo justificaba una confrontación. La Buba, como yo la llamaba, mudó de color varias veces y balbuceó algunas explicaciones poco convincentes. Luego la vi cuchichear apuradamente con mi mamá.

¿Mi mamá? Yo había visto, más de una vez, un álbum del matrimonio de mis padres y regresé a él nerviosamente. No, no había duda posible: mi padre vestía un atuendo diferente al que yo había visto en la foto mutilada. Miré a mis hermanos, ambos de pelo y ojos claros, contrariamente al castaño oscuro de mis cabellos y ojos. Una par de horas más tarde me acerqué a mi mamá, y con gravedad histriónica propia de cualquier telenovela le pregunté si podía seguir llamándola con ese título.

Sí, sí podía. Mi padre había estado -como había inferido yocasado antes, pero se había divorciado sin hijos, contrariamente a la historia que se había tejido en la cabeza. No, no me lo habían contado, porque, bueno, por ninguna razón en especial.

¿Puede alguien dudar de que la familia, que es por definición un relato encarnado, antes y ahora, sea un campo de ejercicio para la mente de narradores detectivescos y arqueológicos que caracteriza a los humanos? Ni qué decir de futuros psicólogos.


Acerca de Roberto Lerner

Soy psicólogo y aunque me preparé para pasar la vida en algún instituto de investigación, terminé siendo una suerte de potpurrí de la psicología: profesor universitario con algunos trabajos académicos, maestro de escuela recalcitrante, psicoterapeuta de niños y adolescentes, especialista en el campo de la intervención en crisis, consultor en recursos humanos, columnista semanal en dos diarios de circulación nacional, conferencista. En fin, sin duda versátil, curioso aunque no sistemático, hiperactivo, lector voraz y con una vocación marcada por la difusión de la ciencia, la popularización de datos e ideas, el establecimiento de puentes.

Comentarios (5)

  1. En toda familia hay secretos. El concepto tradicional de la familia, el que irresponsablemente siguen enseñando en el colegio ya no existe. Necesitamos asumir nuevos patrones de estructura familiar. Es indispensable por la salud psicológica de los niños.

  2. Paquita: sí, tiene razón, en toda familia hay secretos, discursos ocultos y claves misteriosas. Por eso las novelas de misterio, sobre todo la que atañen a orígenes y raíces son tan poderosas. Pero creo que cualquiera sea la estructura de la familia, tradicional o moderna, lo anterior sigue siendo cierto. No hay manera de evitarlo, es parte de la naturaleza humana. Un saludo.

  3. Molesto su atención para pedir que se implemente en los colegios la Tutoría y se trate temas como la paternidad responsable, la obediencia de hijos a padres y la responsabilidad de los segundos hacia los primeros. ¿Qué pasa con la sociedad, con los padres de familia que no cuidan a sus hijos, que no conversan con ellos, que no son sus amigos, que no están pendientes de ellos, como era antaño? Creo que es el producto de una libertad que se transformó en libertinaje. Los hijos deciden lo que se hace y los padres los apoyan porque no tienen la capacidad de corregirlos. ¡Qué pena y dolor! La juventud se va a seguir hundiendo en los vicios, las drogas, la prostitución y los padres están de adorno, no cumplen su papel. Los padres deben dialogar y en el colegio y la comunidad se debe transmitir valores. Es una pena ver que muchos extranjeros entran y salen del país y engañan y hasta matan a las chicas. Hay que tener criterios más estrictos para el ingreso de personas en nuestro territorio ya que traen desgracias. ¡A ver si en Argentina o Estados Unidos dejan entrar a los peruanos así nomás!

  4. Me motiva el tema que nos convoca a conversar y compartir: la familia. Hablamos de familias, historias y la realidad de hoy. Pienso que dentro de la variedad de historias que hoy son más “diversas”, pero no por ello menos aceptadas, hay una que cada vez la veo más frecuente y se ha quedado en mi mente como una inquietud: el rol de la madre, en especial la madre que trabaja fuera del hogar.
    Y es que, se le ha venido atribuyendo socialmente menos responsabilidad en la crianza por el hecho de tener una ocupación profesional u oficio. Es frecuente escuchar frases como: “la nana se encarga de llevarlos a sus clases de xyz”, “la nana les sirve la comida”, “su nana es increíble, hasta los hace dormir y se queda con ellos hasta que estén bien dormidos”, “imagina qué buena es la nana que se preocupa de sus tareas y de que estudie para que no jale los cursos, es buenísima”. Y es que el pensamiento sobre esta función maternal tiene un claro soporte social: “pero si ella trabaja, tiene que tener una buena nana o más de una, mejor”. No opino que NO nos ayudemos con buenas “madres” en casa, cierto es que es una bendición estar acompañados de una mujer que, honesta y cariñosamente, nos acompañe en la casa y en la crianza. Pero ellas también se convierten en parte de la familia y ese es mi punto. Hoy, las diversas formas que toman las familias, suelen estar acompañadas de terceros cercanamente involucrados en la crianza, como son las nanas. Ante esto preguntémonos: ¿les estamos dedicando tiempo de conversación para conocerlas bien y estar atentos a los mensajes como valores que ellas comparten con nuestros hijos? ¿estamos logrando adecuadamente hacer “equipo” con ellas por el bien de nuestros hijos? ¿cuánto de nuestros hijos se nutre del intercambio cada vez mayor con ellas durante tiempos prolongados de la vida, más aún en la primera infancia donde se forman las “bases” de nuestra forma de pensar, afrontar y comportarnos? No está de más la pregunta para no dejar pasar los “tiempos de calidad” que siempre les debemos a nuestros hijos, sea cual sea la composición a la que lleguen nuestras familias.

  5. Roxana: tu reflexión es certera e interesante. La diversidad de familias también incluye aquellos agentes sociales que las componen independientemente de si tienen lazos de sangre o políticos. En realidad, las familias siempre han sido diversas y los papeles de crianza han sido repartidos entre diferentes personas. La idea de una familia nuclear pura es eso, una idea, un ideal que emergió de la hogarización de la sociedad en el siglo XVII, pero siempre se vio matizada o simplemente, contravenida por otras realidades. Las nanas son, en efecto, parte de la familia y deben ser tratadas como tales, tanto en lo que se refiere al trato interpersonal (respeto al individuo, a sus condiciones de vida, a su estatus laboral), como al reconocimiento de lo que hacen. De hecho, si va a ser así, es bueno conocer a la persona, integrarla, apoyarla y reconocer que está teniendo un papel que va más allá, mucho más allá, que lo logístico. Un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

 
  • @2014 Fundacion Telefónica