Educación y Discapacidad

La sordera de Hugo se hace oír

Publicado: 5 septiembre, 2017

La sordera de Hugo se hace oír

Gádor Manzano

Cuando pensamos en una persona sorda, se nos puede ocurrir las oportunidades perdidas, como el sonido de una orquesta, las películas sin audio, o la dificultad de hacer una llamada por teléfono.

Pocas veces pensamos en los retos que supone ser sordo e ir a la escuela diseñada para un mundo de oyentes. Algunos artistas han comenzado a incorporar importantes preocupaciones sociales en su obra. Un ejemplo es el caso del cortometraje Hugo de la cineasta mexicana Mariana Chenillo, que refleja los problemas para acceder a la educación de jóvenes con limitaciones auditivas.

El abandono escolar es algo grave. Se ha convertido en uno de los problemas más urgentes para la sociedad del siglo XXI, una sociedad que se construye sobre el conocimiento. Casi la mitad de los estudiantes latinoamericanos no termina la educación secundaria. En España, México o Chile, la prevalencia de los llamados ninis, los jóvenes que no estudian ni trabajan, alcanzan una quinta parte de la población joven.

Razones para el abandono escolar hay muchas: la pobreza, la desmotivación, la dificultad de acceso a la escuela en zonas rurales o la percepción de que es mejor inversión trabajar a edad temprana que estudiar.

Cuando a esto se le añade una discapacidad física o psíquica, la situación se complica aún más. Las repercusiones de tener una discapacidad sobre todo cuando se es niño van más allá del terreno educativo. Pero ¿qué ocurre con los niños jóvenes que desean seguir estudiando y no pueden hacerlo por padecer algún tipo de discapacidad física?

Esta es la realidad que muestra Chenillo en Hugo, uno de los diez cortometrajes que integran la producción cinematográfica El aula vacía, dirigida por el actor y realizador Gael García Bernal y producida por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Hugo puede ser visto de manera gratuita en Internet.

Hugo, con una cercanía que recuerda al mejor Richard Linklater en su premiada obra Boyhood (Momentos de una vida, relata los problemas a los que diariamente se enfrenta un adolescente con discapacidad auditiva para continuar su educación secundaria en México, y lo hace a lo largo de varios años en la vida del niño, haciendo de este ejercicio documental casi un experimento sociológico.

“Cuando todavía estaba estudiando en la escuela de cine, hice un documental sobre sordera y lenguaje, basado en dos pequeños de siete años que formaban parte de un programa que enseñaba el lenguaje de signos a un grupo de niños sordos que no tenían idioma suficiente para expresar sus ideas o para tener una educación. Hugo es uno de esos niños”, señala Mariana Chenillo.

Once años después, al ser invitada a formar parte de El aula vacía, la directora mexicana recordó a Hugo y se puso en contacto con él. Hugo seguía intentando estudiar y terminar la secundaria en condiciones muy difíciles. “Reflejar esta realidad”, dice Chenillo, “me pareció mucho más interesante, porque es lo contrario de la deserción escolar; son un grupo de jóvenes que sí quieren estudiar pero se enfrentan a un sistema educativo que los expulsa porque al parecer no hay un lugar para ellos”.

Los derechos de personas discapacitadas son reconocidos bajo la Convención de Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidades físicas, que entró en vigor en 2008 y que fue suscrita y ratificada por la mayoría de los países de América Latina. Sin embargo, en el ámbito educativo, los desafíos no faltan. Una investigación del BID reveló que en América Latina solamente acude a la escuela entre un 20% y un 30% de los niños y jóvenes con algún tipo de discapacidad física y que éste es uno de los grupos con un menor índice de permanencia.

Tener una discapacidad es una barrera para el acceso a la educación mayor que el género, la situación socioeconómica o la ciudad de residencia. A nivel mundial, el número de niños menores de 14 años que vive con discapacidad se calcula entre 93 millones y 150 millones.

Según Chenillo, “la primera dificultad a la que se enfrentan estos jóvenes es el idioma porque, a pesar de los esfuerzos personales y colectivos, la mayoría no tiene una buena comprensión del español, ni siquiera escrito. Además, tienen profesores que hablan de espaldas a ellos (por ejemplo, al escribir en la pizarra) en escuelas donde no hay un intérprete del lenguaje de signos. Y a pesar de ello, en circunstancias tan adversas, quieren seguir estudiando”.

La película El aula vacía, que ha cosechado numerosos galardones en festivales internacionales de cine, pone cara a la deserción escolar y analiza las causas del abandono escolar en siete países latinoamericanos

Gador Manzano es productora ejecutiva de la película El Aula Vacia y trabaja en el Banco Interamericano de Desarrollo

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Este artículo apareció originalmente en El País.

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