Lunes 05 de agosto de 2019

¿Por qué educar en el Perú hoy?, por Santiago Cueto


La pregunta anterior puede parecer ociosa, ¿quién podría cuestionar la importancia de la educación? Sin cuestionar su importancia, pienso que es relevante discutir sus fines en los momentos actuales que vive el Perú, de conflictos políticos, sociales, corrupción y violencia. Empecemos por la normativa peruana: la Ley General de Educación (LGE, #28044), que en su artículo 2 dice: “La educación es un proceso de aprendizaje y enseñanza que se desarrolla a lo largo de toda la vida y que contribuye a la formación integral de las personas, al pleno desarrollo de sus potencialidades, a la creación de cultura, y al desarrollo de la familia y de la comunidad nacional, latinoamericana y mundial. Se desarrolla en instituciones educativas y en diferentes ámbitos de la sociedad”. La educación es concebida en este documento como un derecho, que debería estar al alcance de todas las personas.

Cabe preguntarse sin embargo cómo se puede leer e implementar la LGE, publicada el año 2003, en el momento actual. La educación es un instrumento que debería colaborar con el desarrollo de las personas y del país; por tanto, debería ayudar a superar los principales retos que enfrentamos, algunos de los cuales tienen una penosa, larga historia. Entre estos retos del Perú actual pienso que están los siguientes:

En primer lugar, está el reto del poco respeto que se tiene por las instituciones. Esto se ha manifestado de manera más clara en nuestra historia con los múltiples golpes de Estado. El más reciente, como se sabe, fue el cierre del Congreso por parte del presidente Fujimori, en 1992. El escaso respeto por las instituciones sin embargo se manifiesta de manera más cotidiana cuando los ciudadanos no respetamos normas de convivencia elementales, como por ejemplo cuando los conductores cruzan semáforos en rojo, los contribuyentes no cumplen con pagar sus impuestos, cuando botamos basura en la calle, océano, ríos y lagunas o depredamos sin balance los bosques del Perú.

En segundo lugar, está el reto de la violencia. Este reto se ha manifestado de diferentes maneras a lo largo de nuestra historia. En décadas recientes tuvimos varios grupos terroristas que quisieron imponer su visión al país. Este episodio de nuestra historia dejó una honda huella en nuestra conciencia colectiva, como se puede apreciar en los testimonios y reportes disponibles en el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM). Actualmente tenemos violencia cotidiana que se manifiesta de otras maneras, por ejemplo, a través de la delincuencia, los conflictos sociales que no logramos solucionar a través del diálogo, y la violencia contra la mujer, que ha resultados en tantas muertes; pero la violencia también se manifiesta de manera cotidiana a través del bullying, el racismo y el machismo, que resultan en violencia psicológica que afecta a tantas personas, que dejan huellas que pueden marcar a cualquier persona para toda la vida.

En tercer lugar, tenemos el reto de la corrupción. Si bien esta actualmente nos escandaliza, con razón, no se trata de un fenómeno nuevo, como se puede ver en el estudio de Alfonso Quiroz, publicado por el Instituto de Estudios Peruanos. No se trata tampoco, lamentablemente, de un fenómeno restringido a autoridades políticas y empresarios. La corrupción se manifiesta de manera cotidiana en las coimas, que a menudo son ofrecidas y aceptadas en diferentes contextos. La corrupción implica en el fondo una tremenda falta de solidaridad, pues implica que unas pocas personas se apoderen de recursos masivos que finalmente son de todos.

En cuarto lugar, tenemos el reto de la inclusión. Si bien en educación a menudo hemos usado este término para referirnos a la incorporación de estudiantes con discapacidad en aulas de educación básica regular, actualmente se concibe el término con un sentido más amplio. El concepto de inclusión se relaciona con la noción de diversidad de los seres humanos, que debería ser abrazada en educación. Así, la diversidad vinculada a discapacidad, pero también a etnicidad, cultura, orientación sexual y otras, deberían ser incorporadas en nuestras aulas y vida cotidiana. Se trata finalmente de respetar y valorar a todas las personas, algo que nos resulta todavía muy difícil a los peruanos.

En quinto lugar, tenemos el reto de la baja productividad. El Perú ha tenido varias oportunidades durante su historia para poder incrementar de manera significativa su riqueza, pero en general hemos perdido estas oportunidades por retos vinculados a las temáticas mencionadas antes. Para aumentar la productividad, durante los últimos años en educación hemos estado dando énfasis al aprendizaje de habilidades en lectura y matemática. Así, estas son las principales áreas evaluadas por el Ministerio de Educación, llegándose a otorgar incentivos económicos a las instituciones educativas con mejor rendimiento. Siendo el aprendizaje de la lectura y matemática importante, ya que facilitan el aprendizaje a lo largo de la vida, la producción de riqueza se debería vincular con el desarrollo de diferentes tipos de habilidades, vinculadas a áreas académicas por supuesto, pero también habilidades personales y sociales, artísticas, en educación física, aprendizaje de tecnologías y otras. Afortunadamente, el nuevo currículo nacional ha adoptado un enfoque amplio coherente con lo recién mencionado, que incluye 29 competencias.

Sin embargo, una lista de retos como la mencionada requiere un paraguas integrador que permita unificar esfuerzos en educación, articulados con prioridades en otros sectores y finalmente con una visión del país. En este contexto, pienso que este paraguas u objetivo nacional debería ser la consolidación de la democracia, que nos podría ayudar a superar los retos mencionados. Así, el rol de la educación debería orientarse, en el marco de la LGE mencionada al inicio del presente artículo, al desarrollo de habilidades ciudadanas de diferente tipo, que contribuyan a consolidar la democracia. Esta democracia debería trascender el modelo de democracia representativa que impera actualmente (basado en la elección de representantes periódicamente) por uno que incluya adicionalmente la participación más activa de los ciudadanos en el planteamiento de metas y procedimientos que nos involucren, y por supuesto en la solución dialogada de conflictos sociales.

Vinculado a todo lo anterior está el trabajo del Consejo Nacional de Educación, al que pertenezco, que ha planteado una consulta para la elaboración de un nuevo Proyecto Educativo Nacional (PEN), que debería reemplazar al actual (planteado hace más de una década) y debería regir hasta el 2036. El nuevo PEN debería funcionar como una política de Estado que oriente los esfuerzos desde el gobierno en sus diferentes ramas, pero también de la sociedad civil. Al respecto, se vienen organizando eventos en todas las regiones del país y también una consulta virtual. Para conocer más sobre estas consultas, participar en ellas y poder responder la encuesta, se puede visitar:  https://todossomoseducadores.pe. Como dice el lema de la consulta “todos somos educadores”. Así, cada persona, sea docente o no, valdría la pena que se pregunte: ¿Cuáles deberían ser las prioridades para la educación peruana?, ¿por qué y para qué se debería educar en el Perú de hoy? y finalmente, ¿cómo puedo contribuir personalmente a hacer del Perú una sociedad más democrática?

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Santiago Cueto es Licenciado en Psicología Educacional por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Doctor en Psicología Educacional por la Universidad de Indiana, Estados Unidos. Actualmente es Director Ejecutivo e Investigador Principal de GRADE, es miembro del Consejo Nacional de Educación y profesor de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido consultor de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En el 2018, fue condecorado por el Ministerio de Educación con las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta.