Miércoles 09 de agosto de 2017

¿Nativos digitales o espejitos de colores?


Todos escuchamos la anécdota de la sobrina, la nieta o el hijo que desde la primera vez que agarró un iPad ya sabía cómo usarlo, o cómo “los chicos nacen con un chip incorporado” (juro que esta última oración no es inventada). Pero del mismo modo que cuando miramos un video de un gatito usando una pantalla táctil no pensamos en que estamos frente a un felino superdotado, no deberíamos inferir que los niños nacen sabiendo. Todas estas anécdotas no hacen más que reavivar el mito de los nativos digitales, una idea de la que simplemente no nos podemos deshacer.

La idea de nativos digitales fue bautizada por el escritor Marc Prensky en un artículo de 2001. En él, Prensky identificaba a sus estudiantes como “nativos”, esto es, personas que son “hablantes nativos del lenguaje digital de las computadoras, videojuegos e internet”. Agravando aún más la distinción, para Prensky todo aquel que no había nacido en este mundo digital sería para siempre un “inmigrante digital”.

La facilidad que muchos niños tienen para usar tecnología no nos sorprende, pero tampoco nos habilita a inferir de eso capacidades cognitivas superiores. No en vano la idea de nativos digitales ha sido refutada repetidas veces desde que fue propuesta. Incluso se ha señalado que posiblemente haya causado más daños que beneficios. De lo que no cabe duda alguna es de su utilidad para el márketing.

De ciertos mitos nunca logramos deshacernos del todo. Aún hoy muchos creen que en la época de Colón había personas educadas que creían en que la Tierra era plana. Y así también se repite hasta el hartazgo que los niños que crecen rodeados de tecnología digital tienen una facilidad innata para usarla. Pero simplemente no existe evidencia alguna que sustente esta afirmación.

De hecho, suponer que los niños son “nativos digitales” muchas veces posterga la urgencia del alfabetismo digital. Melina Masnatta, especialista en tecnología educativa y co-fundadora de Chicas en Tecnología, cree que debemos acompañar a los niños en su educación y su crecimiento con la tecnología:

“En vez de posicionarnos como quienes podemos desafiar a los niños a reflexionar sobre los usos y propósitos de la tecnología, despertar su deseo y motivarlos a ser productores y no meros consumidores, [la idea de los nativos digitales] busca sacarnos responsabilidades como adultos. Es una reacción frente a lo impredecible, ante lo que no se estudia si no se aprende haciendo y pensando a la vez.”

Hay un capítulo de Los Simpson en el que Homero trata de ayudar a Apu a conseguir su ciudadanía. Para lograrlo, Apu debe demostrar en un examen lo que sabe del estilo de vida estadounidense y su historia. Rápidamente se hace obvio que Apu, inmigrante, termina sabiendo mucho más que Homero, un nativo. Por el contrario, si bien Homero se maneja con comodidad en el país en el que nació, poco entiende de su funcionamiento y su historia, de la que apenas conoce un manojo de verdades a medias. De manera similar, muchos jóvenes sobreestiman su capacidad tecnológica, y quedan en desventaja. Casi en sintonía con el dictum socrático, no hay peor ignorancia que la de creer saber lo que no se sabe.

Pero como todo mito -o leyenda urbana- este también tiene aspectos que resuenan en quienes lo repiten. Masnatta le atribuye esto a la forma en que vemos cómo los niños usan la tecnología, que contrasta con el miedo que puede generar la tecnología.

“En mi experiencia en diferentes proyectos e investigaciones, los niños frente a la tecnología no es que saben más, sino que ponen en juego dinámicas como la experimentación, aprender del error, preguntarle a un compañero cómo resolvió tal problema. Es decir el trabajo de pares y colaborativo fluye y tiene sentido frente a las tecnologías.”

Aunque los nativos digitales no existen, es posible que la idea haya sobrevivido por confundir la condición de nativos con la de naturalizados. En este segundo sentido, los nativos serían aquellos que ya no distinguen la novedad de las “nuevas tecnologías”, sino que éstas resultan una parte orgánica de su vida cotidiana. De este modo los nativos digitales sencillamente serían aquellas personas que han naturalizado lo digital. Esta relación con la tecnología se expresaría entonces en las facilidades que tienen frente a sus diversos usos.

Estas facilidades percibidas son las que a veces generan perplejidad y en vez de inclinar hacia mejores acercamientos, intimidan. “Como adultos no tenemos que saber todo, tenemos que saber aprovechar estas dinámicas, cuestionarlas, reflexionar con [los niños], encontrar propósitos y sentidos. Es la mejor manera de escribir juntos una didáctica creativa con tecnología”, concluye Masnatta.

Hoy en día Prensky prefiere hablar de “sabiduría digital”, aunque esta vez su idea no tuvo tanta popularidad. El mundo digital, como algunos le llaman, puede intimidarnos y empujarnos a proponer definiciones quiméricas como nativos o inmigrantes digitales. Pero como diría Bertrand Russell, el camino hacia la sabiduría comienza con conquistar el miedo.

Valentín Muro coordina Wazzabi, una organización que promueve los valores de la ética hacker, y es investigador de la cultura del hacer

Este artículo apareció originalmente en La Nación.