Martes 03 de septiembre de 2019

Cuando la tecnología rompe las barreras de educación de las personas con discapacidad


La discapacidad física limita el desempeño de las personas, pero no tiene por qué mellar el entusiasmo por seguir aprendiendo ni los deseos de superación.

Así lo ha demostrado un grupo de niños, jóvenes y adultos con discapacidad motora del Hogar Clínica San Juan de Dios del Cusco que, además de recibir tratamiento médico, también aprende de una manera lúdica y motivadora, ya que se apoya en el uso de tecnología adaptada a su medida.

Los pacientes pueden desarrollar competencias y habilidades cognitivas, sociales, emocionales y digitales gracias al programa “Aula Digital en Hospitales y Entornos Inclusivos”, que desarrolla la Fundación Telefónica.

La iniciativa pedagógica hospitalaria tiene 17 años de funcionamiento en el nosocomio, pero recién hace 5 años se ha reforzado con herramientas digitales educativas (tablets, proyectores, impresoras, acceso a internet, entre otros) y maestros hospitalarios capacitados en su uso.

Tecnologías adaptativas

Los pacientes hospitalizados que participan de este programa sufren principalmente de parálisis cerebral, un trastorno que afecta su capacidad para moverse y mantenerse en equilibrio. Este mal ocurre cuando las áreas del cerebro que controlan el movimiento y la postura no se desarrollan correctamente o se lesionan.

Por eso, en el aula del Hogar Clínica San Juan de Dios, los alumnos acceden a tecnología adaptativa que les ayuda a superar las dificultades de motricidad.

Por ejemplo, utilizan mouses diseñados especialmente para chicos con inmovilidad en sus dedos y manos, o se sirven de ortésicos que se adhieren a la mano del paciente y les permiten adquirir mayor equilibrio en esta parte del cuerpo.

Una de las tecnologías utilizadas es un mouse adaptado con una esfera en la parte superior que, al contacto con cualquier parte de la mano, permite dirigir el cursor en la pantalla. (Foto: El Comercio)

Una de las tecnologías utilizadas es un mouse adaptado con una esfera en la parte superior que, al contacto con cualquier parte de la mano, permite dirigir el cursor en la pantalla. (Foto: El Comercio)

Ortésicos que se adhieren a las manos del paciente y les dan más equilibrio a esta parte del cuerpo. Con estos implementos, los niños pueden escribir o dibujar con mayor facilidad. (Foto: El Comercio)

Ortésicos que se adhieren a las manos del paciente y les dan más equilibrio a esta parte del cuerpo. Con estos implementos, los niños pueden escribir o dibujar con mayor facilidad. (Foto: El Comercio)

Además, los profesores cuentan con plataformas educativas creadas especialmente para personas con discapacidad, como Ebro y Villa Planet, que priorizan el contenido visual y auditivo.

Estas herramientas permiten que los temas tratados en clase –que es multigrado, es decir, que cobija a alumnos de distintas edades- puedan estar dirigidos a todos los chicos sin importar su edad, pues mientras a los más pequeños se les enseña los puntos básicos, con los mayores se profundiza más.

“Con ellas [las herramientas], a partir de un tema general podemos abarcar otros más específicos”, explica a El Comercio Silvia Yancapallo, docente en de la clínica.

“Por ejemplo, si estudiamos a los dinosaurios, también podemos hablar de sus colores y reforzar este último tema con los más pequeños”, añade.

Actualmente, el aula del centro de salud cuenta con dos docentes y 20 estudiantes, la mayoría son niños y adolescentes, aunque también asisten adultos con parálisis que se favorecen con las clases. Al año, son beneficiados un promedio de 540 pacientes.

Compositor e informático

Manuel Alpaza es un joven de la amazonía que llegó al Hogar Clínica San Juan de Dios del Cusco a los 12 años, tras sufrir una parálisis cerebral que afectó mucho su capacidad de movimiento y habla.

Hoy, con 24 años, y gracias al contacto que ha tenido con la tecnología, Manuel adquirió un gran gusto por la informática, especialidad que le gustaría seguir en la universidad. Su otro gran sueño es poder tener una radio online.

Otra de sus habilidades es la guitarra, la cual -pese a su dificultad motora- toca con esmero y pasión, incluso ayudó a componer una canción para el músico cusqueño Fidel Sambrano.

Dos casos de superación

El programa pedagógico no solo se limita a tratar con menores, algunos adultos con parálisis también se benefician de las clases. Tal es el caso de Domigo (37 años) y Edwin (43), quienes comenzaron a asistir con vergüenza al aula, justamente por su edad, pero que ahora disfrutan las horas que pasan con sus compañeros.

Ambos llegaron a la clínica desahuciados hace unos años. A Domingo, unos asaltantes lo golpearon con un tronco para arrebatarle su moto. Edwin tuvo un accidente en su trabajo, cayó al suelo desde gran altura. Los dos quedaron con parálisis; sin embargo, gracias al tratamiento médico que tuvieron, ya se encuentran mucho mejor y han descubierto nuevas vocaciones.

Con las clases, Domingo aprendió a leer y escribir, y ahora quiere redactar un libro; a Edwin, por su parte, le apasiona el dibujo, arte en el que se ha ido perfeccionando notablemente, dejando incluso sorprendidos a sus maestros.

Edwin posa junto a su maestro y algunos de sus dibujos. (Foto: El Comercio)

Edwin posa junto a su maestro y algunos de sus dibujos. (Foto: El Comercio)

“Al inicio solo hacía garabatos. Ahora, incluso, envía sus dibujos a concursos”, cuenta a este Diario Carlos Flores, profesor de la clínica.

Dibujo de Edwin. (Foto: El Comercio)

Dibujo de Edwin. (Foto: El Comercio)

Dato

El programa “Aula Digital en Hospitales y Entornos Inclusivos” se desarrolla hace más de 20 años. A la fecha, ha beneficiado a más de 77 mil niños y adolescentes internados en 14 hospitales y 7 entornos inclusivos, como asociaciones y albergues, del país. Forma parte del programa global Educación Digital, promovido por la Fundación Telefónica y la Fundación Bancaria La Caixa.

 

Publicado originalmente en El Comercio por Christian Mestanza –